Máster de Periodismo de Agencia

Madrid (EFE).- Con Cayetana de Alba se va el símbolo de cómo entender la vida, la nobleza, el señorío y, al mismo tiempo, cómo relacionarse con el ciudadano de a pie sin perder la compostura, esgrimiendo tan solo una máxima: “vive y deja vivir”.

Genio y figura de una manera de existir, intentando acompasar el deber a sus convicciones, sin hacer daño a nadie, y persiguiendo exprimir cada segundo.

Una mujer adelantada a su tiempo, que en una entrevista a Efe, con motivo de la publicación de su libro “Lo que la vida me ha enseñado” (Editorial Espasa), en abril de 2013, reconocía que había querido vivir su vida “sin molestar ni fastidiar a nadie”, aunque aseguraba, pese a lo que muchos pudieran pensar, que también se había puesto “límites”.

Cayetana de Alba. Foto de archivo/EFE

 

 

Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, hija única de Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó y María del Rosario de Silva, ostentaba casi cincuenta títulos nobiliarios, veinte de ellos con Grandeza de España.

Tras el fallecimiento de su madre, su padre fue su referente, el bastión al que agarrarse en los momentos difíciles y al que rebelarse cuando quería imponer sus deseos y su libertad.

Cuando él fallece, Cayetana Fitz-James Stuart, ahijada de Alfonso XIII, se convierte en la XVIII duquesa de Alba. Mantener y conservar el patrimonio de la Casa de Alba le supuso años de mucho trabajo y esfuerzo.

Cayetana de Alba. Fotografía de archivo/EFE

Fotografía de archivo/EFE

Una tarea a la en la que puso todo su empeño su segundo esposo, Jesús Aguirre y a la que se sumaron sus hijos, en especial el heredero del título y primogénito, Carlos, duque de Huéscar.

Cayetana de Alba, única

Un patrimonio valorado en 3.000 millones de euros, según la revista Forbes, y en el que se incluyen palacios, castillos,cortijos, olivares, terrenos agrícolas, valores bursátiles, obras de arte y joyas, además de títulos nobiliarios, algunos de ellos donado a sus hijos, tres meses antes de su deseado enlace con Alfonso Díez.

A pesar de que Díez, antes de contraer matrimonio, firmó unas capitulaciones en la que renunciaba a cualquier título, derecho u honores que le pudiera corresponder fruto de su matrimonio, condiciones que no satisficieron a los hijos de la duquesa.

Cayetana de Alba junto a Gina Lollobrigida Fotografía de archivo/ EFE

A la Duquesa de Alba le encantaba el cine y mantuvo una estrecha relación con algunos actores. En la imagen junto a Claudia Cardinale.

Para evitar temores y disputas familiares, sin temblarle el pulso, Cayetana de Alba tomo la determinación de donar a sus hijos gran parte de su patrimonio en vida.

Y se acuerda que la Fundación Casa de Alba pase al primogénito y heredero, Carlos Fitz-James Stuart, que tendrá la obligación y responsabilidad de preservar el legado histórico.

Ese extraordinario patrimonio atesorado por los Alba se remonta al siglo XV, cuando comenzaron a formar parte de la historia de España gracias a las buenas relaciones y los servicios prestados de los duques de Alba a la corona española.

Por la Casa de Alba y por España

“Mi madre ha sido la principal impulsora de todas las iniciativas encaminadas a conservar el patrimonio, bien secundada por mi padre mientras vivió, y después por su segundo marido, Jesús Aguirre”, dijo en una entrevista a EFE Carlos Fitz-James Stuart, hoy XIX duque de Alba.

Entres sus tesoros, se encuentra el Palacio de Liria, residencia madrileña de la duquesa, que alberga más de 30.000 libros en una biblioteca en la que se encuentra la famosa “Biblia de Alba”, de 1433, primera traducida al castellano, así como documentos autógrafos de Cristóbal Colón, cartas de los Reyes Católicos o los testamentos de Fernando el Católico y Felipe II.

Monárquica y defensora a ultranza de la Corona, feliz con la llegada al trono de Felipe VI, y amiga de don Juan Carlos y doña Sofía, “con los que mantengo una excelente relación”, según explicó a EFE durante una entrevista, en la que también aseguraba que “la monarquía es fundamental para la continuidad de España como nación”.

Cayetana de Alba y su esposo, Alfonso Díez/ EFE

La duquesa de Alba y su esposo, Alfonso Díez/ EFE A.Alvarez

Nunca ocultó que el amor era muy importante, y se confesaba “mejor esposa que madre”, sus responsabilidades la obligaron a viajar cuando sus hijos eran pequeños

Su enlace con Luis Martínez de Irujo fue un acontecimiento social para la época y sus seis hijos la continuación de una estirpe histórica.

Tras el fallecimiento de su esposo, contrajo matrimonio con el ex jesuita Jesús Aguirre, una boda que removió los cimientos de la alta sociedad de la época, sus posados fotográficos y atrevidas declaraciones marcaron una nueva etapa en su vida.

Con un enérgico “el que la sigue la consigue” hizo alusión al feliz día de su enlace con su tercer esposo, el duque consorte, Alfonso Díez, una boda por la que tuvo que volver a luchar y que la enfrentó a sus hijos. Un rotundo “mereció la pena”, daba cuenta de su gozo por el éxito.

A su aire, eso sí aristocrático

“Siempre he conseguido todo lo que me he propuesto, a base de luchar y pelear por ello”, decía. Alguna de sus mayores tristezas han tenido que ver con los separaciones de sus hijos. Católica, firme defensora del matrimonio no estaba a favor del divorcio.

Cayetana de Alba jugó en su infancia con la reina Isabel II de Inglaterra y mantuvo más de una conversación con Churchill, Onassis o los Kennedy. Invitó a actrices como Sofía Loren, Claudia Cardinale o Audrey Hepburn a comer en el Palacio de Liria.

Vivió y creció con intensidad como si no hubiera un mañana, disfrutando siempre de la vida. Se definía a sí misma como luchadora en su empeño por conseguir todo lo que había querido.EFE

 

 

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