Fotografía facilitada por Lazonafilms / Kowalski Films, productora de la película Fotografía facilitada por Lazonafilms / Kowalski Films, productora de la película "Ocho apellidos vascos"
Es la película española más vista de la historia

Abertzandal, el estilo que llegó del humor

El azar, el amor o ambas cosas llevan a “Rafa” (Dani Rovira) a las antípodas de su aspecto cuando llega a “las vascongadas” y se convierte en “Clemente”

Madrid (EFE).- El gel que domina cabellos indómitos o repeina pijos de cortijo preside, junto con el jersey por los hombros, el “look” señorito andaluz en “Ocho apellidos vascos”, el filme español más taquillero de la historia, que viste de chándal al arquetipo kale borroka. Un estilo, el abertzandal, que llega del humor.

Ya lo buscaba Pablo Carbonell en una Feria de Abril: el stand de la gomina, ese ungüento que te hace parecer dueño de cabezas de ganado, dejando los rizos sobre la nuca en verso libre. Eso, y el jersey sobre los hombros, anudado a la altura del pectoral que pensábamos que estaba erradicado. No, el Sur lo viste y algunos lugares del Noroeste, también. Doy fe.

Fotografía facilitada por Lazonafilms / Kowalski Films, productora de la película "Ocho apellidos vascos", de los actores Dani Rovira, Clara Lago y Carmen Machi

Fotografía facilitada por Lazonafilms / Kowalski Films, productora de la película “Ocho apellidos vascos”, de los actores Dani Rovira, Clara Lago y Carmen Machi

Verde botella sobre polo lo lleva “Rafa”, coronando esa también asidua versión elegante de la camiseta con cuello, típica de los bien planchados, que en esta película viene con guiño: un mini toro dibujado en la pechera izquierda, que juega a competir en la misma liga que el reno de Abercrombie&Fitch o el jinete de Polo Ralph Lauren. Un bordado pensado para la ocasión, como ha explicado a Efe Estilo, la responsable de vestuario de la película, Lala Huete, quien explica que la caracterización de cualquier filme parte “siempre del guión”; además de saber “qué actores van a llevar la ropa que imaginas y representará mejor a esos personajes”.

“Fue bastante fácil, por ejemplo, para Dani Rovira, los polos de “Lois” con el torito y los pantalones de “El Ganso”, todo muy pegado al cuerpo y colores claros y vivos, encajaban muy bien para el personaje tipico andaluz de Rafa”

Dadas las características de la película “de bajo presupuesto, cómo todas en estos tiempos”, comenta una de las figurinistas más importantes del cine español, que ganó un BAFTA en 2007 por el vestuario de ‘El laberinto del fauno’, se recurrió a “marcas conocidas” para que les cedieran las prendas que necesitaban “para los distintos tipos” de personajes.

 Fotografía facilitada por Lazonafilms / Kowalski Films,

Fotografía facilitada por Lazonafilms / Kowalski Films,

“Fue bastante fácil, por ejemplo, para Dani Rovira, los polos de “Lois” con el torito y los pantalones de “El Ganso”, todo muy pegado al cuerpo (como la gomina en el pelo) y colores claros y vivos,encajaban muy bien para el personaje tipico andaluz de Rafa”, explica la responsable de vestuario de muchas películas de Woody Allen.

Lo curioso es que a Dani Rovira, quien considera que normalmente “el vestuario ayuda muchísimo a desarrollar el personaje”, durante este rodaje, le pasaba casi lo contrario y es que “con la indumentaria de sevillano no me sentía nada cómodo” -dice con garbo- porque no se asemeja “nada” a su estilo.

Pantalones chinos en burdeos y zapatos naúticos en azul marino completan el look del que todavía no sabía que sería “Clemente” (Dani Rovira) recién llegado a “las vascongadas”, en su primer acto, inconsciente, de kale borroka, pero el azar, el amor o ambas cosas, le llevan a las antípodas de su aspecto.

“Esto yo no me lo pongo yo ni para recoger aceituna”, le espeta Fran a Amaia en un vano intento de no traicionarse a sí mismo

Desde la perforación del lóbulo de la oreja a quemarropa que le hace Amaia (Clara Lago), a horcajadas sobre la cama, a un “total look” abertzale que le planta la coprotagonista y que pasa por camisetas de manga sisa, vello fuera, pantalones tipo chándal, cazadoras con capucha, garantía de incógnito en manifestaciones y pañuelo “palestino” (Kufiyya) al cuello.

“Esto yo no me lo pongo yo ni para recoger aceituna”, le espeta Fran a Amaia en un vano intento de no traicionarse a sí mismo.

Pero, genio y figura, el enamorado asume su papel de novio con gracejo vasco, invenciones de euskera y estilo abertzandal, como él mismo bautiza, orgulloso de lo bien que cuela a los ojos de su futuro suegro, Koldo (Karra Elejalde) y de los golpes-saludo-amistad que soporta con estoicismo cada vez que goza de su compañía, o de la admiración que produce entre los esteriotipadísimos vecinos que viven por y para la autodeterminación del País Vasco.

“Cuando iba de abertzale me resultaba más complicado hablar con ese acento vasco, pero con la indumentaria me sentía súper cómodo”, explica Rovira, quién reconoce: “yo, realmente, vistiendo soy bastante abertzale, con mi chándal y mi ropa cómoda”.

La vestimenta, una clave visual

Este rey del monólogo, que ha triunfado en su primera incursión en el cine, cree que en la película de Emilio Martínez-Lázaro, la vestimenta es una “clave visual” para el público porque considera que “ayuda más a la imagen que se forma el espectador que al trabajo actoral”.

Para Huete, fue “fácil hacer el contrario, el de vasco abertzale con prendas muy holgadas y en tonos oscuros”.

Unas caracterizaciones inspiradas “en la realidad” en las que no tuvieron que confeccionar “nada”. Hasta el pomposo vestido de novia de Amaia (Clara Lago) estaba decidido “desde el primer momento” ya que la responsable de vestuario tenía claro que tenía que ser de Lorenzo Caprile, quien “no dudó” en prestarlo.

 El placer de vestir actores

No podían faltar las txapelas, combinadas con pantalones cortos, jersey al hombro y camisas abiertas presididas por cadenas de oro con imágenes religiosas de la Virgen de la Macarena tintineando para redoblar la risa y maridar el estereotipo vasco y andaluz, que vestían los amigos del novio.

Personajes, todos, “muy bien definidos en el guión”, según explica Huete, quien precisa que lo “único” complicado fue “tener que abrigar por debajo de prendas de verano a los actores, ya que se rodaron secuencias en días con mucho calor y con esa misma ropa en días con mucho frío”.

Y añade: “Fue un verdadero disfrute hacer este vestuario, sobre todo por los actores tan maravillosos con los que no paramos de reir”.

“Sota, caballo, rey”

Dani Rovira reconoce que en su día a día no le da “mucha importancia” a la vestimenta y que busca que prime “la comodidad” así que suele vestir escuetamente “un vaquero, una camiseta y unos tenis” en invierno, para cambiarlos por “unos pantalones cortos y unas chanclas” en verano. “Soy bastante sota, caballo, rey”, sentencia.

El cómico, que confiesa que “la inconsciencia” le ha servido “mucho” a la hora de rodar, hace memoria y se traslada a 1999 cuando se le pregunta por su prenda fetiche.

Y cómo no podía ser de otra manera, el andaluz cuenta que es “una camiseta, gris, de algodón, perfecta”, que cogió prestada a un amigo y que en el trajín de una mudanza se la quedó.

Quince años de idilio con una prenda que “salió muy buena”, que solo luce “en ocasiones especiales” y que opina que le queda “muy bien”. “Fíjate tú”, dice con esa donosura innata, “el día que tire esa camiseta será un día duro para mi”. EFE

 

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Madrid (EFE).- El gel que domina cabellos indómitos o repeina pijos de cortijo preside, junto con el jersey por los hombros, el “look” señorito andaluz en “Ocho apellidos vascos”, el filme español más taquillero de la historia, que viste de chándal al arquetipo kale borroka. Un estilo, el abertzandal, que llega del humor.

Ya lo buscaba Pablo Carbonell en una Feria de Abril: el stand de la gomina, ese ungüento que te hace parecer dueño de cabezas de ganado, dejando los rizos sobre la nuca en verso libre. Eso, y el jersey sobre los hombros, anudado a la altura del pectoral que pensábamos que estaba erradicado. No, el Sur lo viste y algunos lugares del Noroeste, también. Doy fe.

Fotografía facilitada por Lazonafilms / Kowalski Films, productora de la película "Ocho apellidos vascos", de los actores Dani Rovira, Clara Lago y Carmen Machi

Fotografía facilitada por Lazonafilms / Kowalski Films, productora de la película “Ocho apellidos vascos”, de los actores Dani Rovira, Clara Lago y Carmen Machi

Verde botella sobre polo lo lleva “Rafa”, coronando esa también asidua versión elegante de la camiseta con cuello, típica de los bien planchados, que en esta película viene con guiño: un mini toro dibujado en la pechera izquierda, que juega a competir en la misma liga que el reno de Abercrombie&Fitch o el jinete de Polo Ralph Lauren. Un bordado pensado para la ocasión, como ha explicado a Efe Estilo, la responsable de vestuario de la película, Lala Huete, quien explica que la caracterización de cualquier filme parte “siempre del guión”; además de saber “qué actores van a llevar la ropa que imaginas y representará mejor a esos personajes”.

“Fue bastante fácil, por ejemplo, para Dani Rovira, los polos de “Lois” con el torito y los pantalones de “El Ganso”, todo muy pegado al cuerpo y colores claros y vivos, encajaban muy bien para el personaje tipico andaluz de Rafa”

Dadas las características de la película “de bajo presupuesto, cómo todas en estos tiempos”, comenta una de las figurinistas más importantes del cine español, que ganó un BAFTA en 2007 por el vestuario de ‘El laberinto del fauno’, se recurrió a “marcas conocidas” para que les cedieran las prendas que necesitaban “para los distintos tipos” de personajes.

 Fotografía facilitada por Lazonafilms / Kowalski Films,

Fotografía facilitada por Lazonafilms / Kowalski Films,

“Fue bastante fácil, por ejemplo, para Dani Rovira, los polos de “Lois” con el torito y los pantalones de “El Ganso”, todo muy pegado al cuerpo (como la gomina en el pelo) y colores claros y vivos,encajaban muy bien para el personaje tipico andaluz de Rafa”, explica la responsable de vestuario de muchas películas de Woody Allen.

Lo curioso es que a Dani Rovira, quien considera que normalmente “el vestuario ayuda muchísimo a desarrollar el personaje”, durante este rodaje, le pasaba casi lo contrario y es que “con la indumentaria de sevillano no me sentía nada cómodo” -dice con garbo- porque no se asemeja “nada” a su estilo.

Pantalones chinos en burdeos y zapatos naúticos en azul marino completan el look del que todavía no sabía que sería “Clemente” (Dani Rovira) recién llegado a “las vascongadas”, en su primer acto, inconsciente, de kale borroka, pero el azar, el amor o ambas cosas, le llevan a las antípodas de su aspecto.

“Esto yo no me lo pongo yo ni para recoger aceituna”, le espeta Fran a Amaia en un vano intento de no traicionarse a sí mismo

Desde la perforación del lóbulo de la oreja a quemarropa que le hace Amaia (Clara Lago), a horcajadas sobre la cama, a un “total look” abertzale que le planta la coprotagonista y que pasa por camisetas de manga sisa, vello fuera, pantalones tipo chándal, cazadoras con capucha, garantía de incógnito en manifestaciones y pañuelo “palestino” (Kufiyya) al cuello.

“Esto yo no me lo pongo yo ni para recoger aceituna”, le espeta Fran a Amaia en un vano intento de no traicionarse a sí mismo.

Pero, genio y figura, el enamorado asume su papel de novio con gracejo vasco, invenciones de euskera y estilo abertzandal, como él mismo bautiza, orgulloso de lo bien que cuela a los ojos de su futuro suegro, Koldo (Karra Elejalde) y de los golpes-saludo-amistad que soporta con estoicismo cada vez que goza de su compañía, o de la admiración que produce entre los esteriotipadísimos vecinos que viven por y para la autodeterminación del País Vasco.

“Cuando iba de abertzale me resultaba más complicado hablar con ese acento vasco, pero con la indumentaria me sentía súper cómodo”, explica Rovira, quién reconoce: “yo, realmente, vistiendo soy bastante abertzale, con mi chándal y mi ropa cómoda”.

La vestimenta, una clave visual

Este rey del monólogo, que ha triunfado en su primera incursión en el cine, cree que en la película de Emilio Martínez-Lázaro, la vestimenta es una “clave visual” para el público porque considera que “ayuda más a la imagen que se forma el espectador que al trabajo actoral”.

Para Huete, fue “fácil hacer el contrario, el de vasco abertzale con prendas muy holgadas y en tonos oscuros”.

Unas caracterizaciones inspiradas “en la realidad” en las que no tuvieron que confeccionar “nada”. Hasta el pomposo vestido de novia de Amaia (Clara Lago) estaba decidido “desde el primer momento” ya que la responsable de vestuario tenía claro que tenía que ser de Lorenzo Caprile, quien “no dudó” en prestarlo.

 El placer de vestir actores

No podían faltar las txapelas, combinadas con pantalones cortos, jersey al hombro y camisas abiertas presididas por cadenas de oro con imágenes religiosas de la Virgen de la Macarena tintineando para redoblar la risa y maridar el estereotipo vasco y andaluz, que vestían los amigos del novio.

Personajes, todos, “muy bien definidos en el guión”, según explica Huete, quien precisa que lo “único” complicado fue “tener que abrigar por debajo de prendas de verano a los actores, ya que se rodaron secuencias en días con mucho calor y con esa misma ropa en días con mucho frío”.

Y añade: “Fue un verdadero disfrute hacer este vestuario, sobre todo por los actores tan maravillosos con los que no paramos de reir”.

“Sota, caballo, rey”

Dani Rovira reconoce que en su día a día no le da “mucha importancia” a la vestimenta y que busca que prime “la comodidad” así que suele vestir escuetamente “un vaquero, una camiseta y unos tenis” en invierno, para cambiarlos por “unos pantalones cortos y unas chanclas” en verano. “Soy bastante sota, caballo, rey”, sentencia.

El cómico, que confiesa que “la inconsciencia” le ha servido “mucho” a la hora de rodar, hace memoria y se traslada a 1999 cuando se le pregunta por su prenda fetiche.

Y cómo no podía ser de otra manera, el andaluz cuenta que es “una camiseta, gris, de algodón, perfecta”, que cogió prestada a un amigo y que en el trajín de una mudanza se la quedó.

Quince años de idilio con una prenda que “salió muy buena”, que solo luce “en ocasiones especiales” y que opina que le queda “muy bien”. “Fíjate tú”, dice con esa donosura innata, “el día que tire esa camiseta será un día duro para mi”. EFE

 

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