• Antonio Alcalde interpreta al doctor Quiles con el atuendo masculino propio de la Belle Époque. EFE/Fotografía: Lourdes Balduque. Imagen cedida por:Antonio Alcalde interpreta al doctor Quiles con el atuendo masculino propio de la Belle Époque. EFE/Fotografía: Lourdes Balduque. Imagen cedida por: Olga Lorente
  • Colores claros para las mujeres y oscuros para los hombres, así era la moda de la Belle Époque. EFE/Instagram: @acacias38_tve
  • Colores claros para las mujeres y oscuros para los hombres, así era la moda de la Belle Époque. EFE/Instagram: @acacias38_tve
Antonio Alcalde interpreta al doctor Quiles con el atuendo masculino propio de la Belle Époque. EFE/Fotografía: Lourdes Balduque. Imagen cedida por:Colores claros para las mujeres y oscuros para los hombres, así era la moda de la Belle Époque. EFE/Instagram: @acacias38_tveColores claros para las mujeres y oscuros para los hombres, así era la moda de la Belle Époque. EFE/Instagram: @acacias38_tve

La vida (y el armario) de la Belle Époque, por Acacias 38

Sombreros XXL y la silueta en forma de S eran las claves del estilo de la Belle Époque, piezas del vestidor que contienen lecciones de historia.

Madrid, dic 2017 (EFE).- Las casas de moda dictan tendencia jugando con presente y pasado mientras otros diseñadores recuperan el estilo de antaño: son los dibujantes de vestuario, encargados de crear armarios desaparecidos, como el de Acacias 38 que refleja la España de la Belle Époque a través de la indumentaria.

El mundo se rendía a los encantos de la cultura y el romanticismo francés, y España intentaba recomponerse tras el Desastre del 98. Así eran los años de la Belle Époque, la etapa previa al estallido de la primera Guerra Mundial, cuando la sociedad se esforzaba por ser feliz, y demostrarlo.

La moda de la Belle Époque

“La gente vestía con lujo y boato, se invertía mucho en el vestuario”, explica Tania Álvarez, la diseñadora del vestuario de la serie de televisión Acacias 38, una profesional en contar historias usando la moda como materia prima.

En el caso de Acacias 38, producida por Boomerang TV y que se emite diariamente en Televisión Española desde hace casi tres años, la historia no es otra que la eterna convivencia entre ricos y pobres, o dicho en términos del año 1899 (punto de partida de la serie): entre señores y criados. Dos grupos que protagonizan la producción, y cuya frontera estaba claramente marcada por las prendas.

“La serie empezó en 1899 y ahora estamos en 1902. En esta época había mucha diferencia a la hora de vestir entre unas clases y otras”, afirma Álvarez. Una separación que se hacía evidente en la calidad y riqueza de los tejidos, la comodidad de las prendas o la cantidad de detalles.

acacias 38

Colores claros para las mujeres y oscuros para los hombres, así era la moda de la Belle Époque. EFE/Instagram: @acacias38_tve

El papel del hombre y de la mujer en la sociedad también quedaba reflejado en el ropero, afirma esta experta, que ha trabajado en otras series de época como “Amar en tiempos revueltos” o “Doctor Mateo”, y en las contemporáneas “Los Serrano” o “Con el culo al aire”.

Prendas recargadas y llenas de detalles componían el armario femenino de la Belle Époque, que desde luego no estaba pensado para trabajar, sino para lucirse. “Las mujeres eran todavía una representación del poder de su familia o su marido, eran como accesorios”, cuenta la diseñadora.

“Se podían llegar a cambiar unas 5 veces al día, lo cual es muy interesante, pero muy difícil de representar para nosotros”. Y es que respetar al 100 por cien los requisitos estéticos de una época como esta no es sencillo para una serie de emisión diaria, no sólo en términos económicos, sino también a nivel humano.

“La serie empezó en 1899 y ahora estamos en 1902. En esta época había mucha diferencia a la hora de vestir entre unas clases y otras”, explica Tania Álvarez

Por ejemplo, la base de todo estilismo femenino era la silueta en forma de S, que se conseguía con corsés para adelantar el pecho y afinar la cintura, “tanto” cuenta Álvarez “que las mujeres llegaban a romperse las costillas”. Unas exigencias impensables a día de hoy, y menos para las actrices, cuyas jornadas de grabación alcanzan las 12 horas.

Los personajes nacen en el armario

Sin embargo, aunque a veces haya que saltarse los requisitos estilísticos, eso no impide a los diseñadores de vestuario dar vida a los personajes y crear sus propios armarios.

El actor Juan Gareda con el atuendo masculino típico: camisa, chaleco y corbata. EFE/Fotografía: Lourdes Balduque. Imagen cedida por: Olga Lorente

Un proceso que empieza con un “desglose” del personaje para situarle en la época y el estrato social correspondiente, en función su trabajo. “A partir de ahí nos documentamos, hablamos con el actor y creamos su propio armario”.

“Al final, para nosotros es como si el personaje estuviera vivo”, explica Álvarez, quien también tiene en cuenta el carácter de cada persona para crear un vestuario acorde. “Por ejemplo, un médico, (como el doctor Quiles, que interpreta Antonio Alcalde) o alguien que trabajara en el Gobierno tenía unos códigos de vestimenta más estrictos, era gente más seria”, añade.

La paleta cromática de los armarios es clave para remarcar la personalidad y el estilo de vida de cada personaje y, de nuevo, marca la diferencia entre sexos. “Era una época muy vistosa para las mujeres, pero los hombres siempre iban más uniformados, con azules marino, verdes o granates”, señala la diseñadora.

En el vestuario de personajes como el Dr. Quiles, esos tonos se entremezclan en chalecos y corbatas enriquecidos con bordados de motivos florales, en una muestra de prestigio. Mismos decorados se repiten en las prendas de las mujeres pudientes, en colores vivos como los naranjas; el servicio, por su parte, usa prendas lisas en color gris y blanco, que denotan su falta de poder.

Acacias 38: dosis de historia encapsuladas en moda

Estudiar el contexto social y la historia del momento también es fundamental para que el vestuario se ponga al servicio del guión, y más en la compleja España de la Belle Époque.

“Después del Desastre del 98, los indianos que vinieron a España trajeron muchas modas de las colonias, como el sombrero Panamá o los trajes claros”, cuenta la diseñadora, quien se convierte momentáneamente en historiadora cada vez que se enfrenta a un nuevo vestuario.

Esa moda importada trajo consigo un gusto por lo exótico, que hizo que las colonias pasaran a ser las nuevas musas de la moda, aunque siempre a la sombra de las bodas reales, como la de Alfonso XIII y Victoria Eugenia en 1906. “Esa boda fue todo un eventazo, se seguía igual que a los ‘royals’ de ahora”, afirma Álvarez.

Pero si hubo una fuente de inspiración clave para entender esta época, fue París. En plena consolidación cultural como la ciudad de las luces y el amor, la capital francesa vivió el alumbramiento de las primeras casas de moda, que pronto fueron imitadas en el resto de Europa.

acacias 38

Tonos apagados, sombreros de copa y piezas con detalles bordados. Así vestían los hombres privilegiados en la Belle Époque. EFE/Fotografía: Lourdes Balduque. Imagen cedida por: Olga Lorente

“En España, las casas de moda se iban a París, copiaban los modelos y los traían aquí”. Hasta tal punto llegó el monopolio estilístico del país vecino que las “modistas de barrio” spañolas acostumbraron a poner delante de sus nombres el término “Madame”.

No era el caso de sastrerías como “Viuda de Séler”, el negocio que regenta en la serie Susana de Séler. Una mujer con la entereza necesaria para criar sola a su hijo en una sociedad de hombres, sin convertirse en una madre excesivamente estricta. Así lo refleja su vestuario, sobrio, acorde con su trabajo, pero con chalecos estampados y camisas de cuellos redondos, más relajados y dulces.

En el extremo opuesto se sitúa Úrsula, la institutriz de Cayetana. Una mujer llena de secretos y deseos de venganza, que ha hecho de los cuellos cerrados, motivos regios y colores oscuros su insignia.

“Después del Desastre del 98, los indianos que vinieron a España trajeron muchas modas de las colonias, como el sombrero Panamá o los trajes claros”, cuenta la diseñadora

Así, un vistazo a la moda española en la Belle Époque permite entender su sociedad: volcada en mantener las apariencias, dividida entre pudientes y trabajadores, y fiel creyente de que el poder empieza en un buen armario. EFE

Tagged with: , ,
Posted in Cine&tv

Lo más en EFE Estilo
  • Visto
  • Nube de tags

Madrid, dic 2017 (EFE).- Las casas de moda dictan tendencia jugando con presente y pasado mientras otros diseñadores recuperan el estilo de antaño: son los dibujantes de vestuario, encargados de crear armarios desaparecidos, como el de Acacias 38 que refleja la España de la Belle Époque a través de la indumentaria.

El mundo se rendía a los encantos de la cultura y el romanticismo francés, y España intentaba recomponerse tras el Desastre del 98. Así eran los años de la Belle Époque, la etapa previa al estallido de la primera Guerra Mundial, cuando la sociedad se esforzaba por ser feliz, y demostrarlo.

La moda de la Belle Époque

“La gente vestía con lujo y boato, se invertía mucho en el vestuario”, explica Tania Álvarez, la diseñadora del vestuario de la serie de televisión Acacias 38, una profesional en contar historias usando la moda como materia prima.

En el caso de Acacias 38, producida por Boomerang TV y que se emite diariamente en Televisión Española desde hace casi tres años, la historia no es otra que la eterna convivencia entre ricos y pobres, o dicho en términos del año 1899 (punto de partida de la serie): entre señores y criados. Dos grupos que protagonizan la producción, y cuya frontera estaba claramente marcada por las prendas.

“La serie empezó en 1899 y ahora estamos en 1902. En esta época había mucha diferencia a la hora de vestir entre unas clases y otras”, afirma Álvarez. Una separación que se hacía evidente en la calidad y riqueza de los tejidos, la comodidad de las prendas o la cantidad de detalles.

acacias 38

Colores claros para las mujeres y oscuros para los hombres, así era la moda de la Belle Époque. EFE/Instagram: @acacias38_tve

El papel del hombre y de la mujer en la sociedad también quedaba reflejado en el ropero, afirma esta experta, que ha trabajado en otras series de época como “Amar en tiempos revueltos” o “Doctor Mateo”, y en las contemporáneas “Los Serrano” o “Con el culo al aire”.

Prendas recargadas y llenas de detalles componían el armario femenino de la Belle Époque, que desde luego no estaba pensado para trabajar, sino para lucirse. “Las mujeres eran todavía una representación del poder de su familia o su marido, eran como accesorios”, cuenta la diseñadora.

“Se podían llegar a cambiar unas 5 veces al día, lo cual es muy interesante, pero muy difícil de representar para nosotros”. Y es que respetar al 100 por cien los requisitos estéticos de una época como esta no es sencillo para una serie de emisión diaria, no sólo en términos económicos, sino también a nivel humano.

“La serie empezó en 1899 y ahora estamos en 1902. En esta época había mucha diferencia a la hora de vestir entre unas clases y otras”, explica Tania Álvarez

Por ejemplo, la base de todo estilismo femenino era la silueta en forma de S, que se conseguía con corsés para adelantar el pecho y afinar la cintura, “tanto” cuenta Álvarez “que las mujeres llegaban a romperse las costillas”. Unas exigencias impensables a día de hoy, y menos para las actrices, cuyas jornadas de grabación alcanzan las 12 horas.

Los personajes nacen en el armario

Sin embargo, aunque a veces haya que saltarse los requisitos estilísticos, eso no impide a los diseñadores de vestuario dar vida a los personajes y crear sus propios armarios.

El actor Juan Gareda con el atuendo masculino típico: camisa, chaleco y corbata. EFE/Fotografía: Lourdes Balduque. Imagen cedida por: Olga Lorente

Un proceso que empieza con un “desglose” del personaje para situarle en la época y el estrato social correspondiente, en función su trabajo. “A partir de ahí nos documentamos, hablamos con el actor y creamos su propio armario”.

“Al final, para nosotros es como si el personaje estuviera vivo”, explica Álvarez, quien también tiene en cuenta el carácter de cada persona para crear un vestuario acorde. “Por ejemplo, un médico, (como el doctor Quiles, que interpreta Antonio Alcalde) o alguien que trabajara en el Gobierno tenía unos códigos de vestimenta más estrictos, era gente más seria”, añade.

La paleta cromática de los armarios es clave para remarcar la personalidad y el estilo de vida de cada personaje y, de nuevo, marca la diferencia entre sexos. “Era una época muy vistosa para las mujeres, pero los hombres siempre iban más uniformados, con azules marino, verdes o granates”, señala la diseñadora.

En el vestuario de personajes como el Dr. Quiles, esos tonos se entremezclan en chalecos y corbatas enriquecidos con bordados de motivos florales, en una muestra de prestigio. Mismos decorados se repiten en las prendas de las mujeres pudientes, en colores vivos como los naranjas; el servicio, por su parte, usa prendas lisas en color gris y blanco, que denotan su falta de poder.

Acacias 38: dosis de historia encapsuladas en moda

Estudiar el contexto social y la historia del momento también es fundamental para que el vestuario se ponga al servicio del guión, y más en la compleja España de la Belle Époque.

“Después del Desastre del 98, los indianos que vinieron a España trajeron muchas modas de las colonias, como el sombrero Panamá o los trajes claros”, cuenta la diseñadora, quien se convierte momentáneamente en historiadora cada vez que se enfrenta a un nuevo vestuario.

Esa moda importada trajo consigo un gusto por lo exótico, que hizo que las colonias pasaran a ser las nuevas musas de la moda, aunque siempre a la sombra de las bodas reales, como la de Alfonso XIII y Victoria Eugenia en 1906. “Esa boda fue todo un eventazo, se seguía igual que a los ‘royals’ de ahora”, afirma Álvarez.

Pero si hubo una fuente de inspiración clave para entender esta época, fue París. En plena consolidación cultural como la ciudad de las luces y el amor, la capital francesa vivió el alumbramiento de las primeras casas de moda, que pronto fueron imitadas en el resto de Europa.

acacias 38

Tonos apagados, sombreros de copa y piezas con detalles bordados. Así vestían los hombres privilegiados en la Belle Époque. EFE/Fotografía: Lourdes Balduque. Imagen cedida por: Olga Lorente

“En España, las casas de moda se iban a París, copiaban los modelos y los traían aquí”. Hasta tal punto llegó el monopolio estilístico del país vecino que las “modistas de barrio” spañolas acostumbraron a poner delante de sus nombres el término “Madame”.

No era el caso de sastrerías como “Viuda de Séler”, el negocio que regenta en la serie Susana de Séler. Una mujer con la entereza necesaria para criar sola a su hijo en una sociedad de hombres, sin convertirse en una madre excesivamente estricta. Así lo refleja su vestuario, sobrio, acorde con su trabajo, pero con chalecos estampados y camisas de cuellos redondos, más relajados y dulces.

En el extremo opuesto se sitúa Úrsula, la institutriz de Cayetana. Una mujer llena de secretos y deseos de venganza, que ha hecho de los cuellos cerrados, motivos regios y colores oscuros su insignia.

“Después del Desastre del 98, los indianos que vinieron a España trajeron muchas modas de las colonias, como el sombrero Panamá o los trajes claros”, cuenta la diseñadora

Así, un vistazo a la moda española en la Belle Époque permite entender su sociedad: volcada en mantener las apariencias, dividida entre pudientes y trabajadores, y fiel creyente de que el poder empieza en un buen armario. EFE

Efe Estilo en Twitter
Uso de cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies