• Ana Palacios recoge en su libro Ana Palacios recoge en su libro "Art in Movement" el efecto que el baile y el arte tienen el los niños desfavorecidos de Uganda. Cedida por Ana Palacios
  • Un niño hace malabarismos con sombrerosAna Palacios recoge en su libro "Art in Movement" el efecto que el baile y el arte tienen el los niños desfavorecidos de Uganda. Cedida por Ana Palacios
  • Un chico salta en una estrecha calle del un gueto de la ciudad de KampalaEl arte y el baile ayudan a soportar las duras condiciones de los guetos de Kampala, la capital de Uganda. Cedida por Ana Palacios
  • Ana Palacios recoge en su libro "Art in Movement" el efecto que el baile y el arte tienen el los niños desfavorecidos de Uganda. En la foto, cuatro jóvenes hacen malabares con pelotas de tenis.Ana Palacios recoge en su libro "Art in Movement" como el arte, el baile, la cultura o los malabares refuerzan la autoestima de los niños desfavorecidos. Cedida por Ana Palacios
Ana Palacios recoge en su libro Ana Palacios recoge en su libro "Art in Movement" el efecto que el baile y el arte tienen el los niños desfavorecidos de Uganda. Cedida por Ana PalacEl arte y el baile ayudan a soportar las duras condiciones de los guetos de Kampala, la capital de Uganda. Cedida por Ana PalaciosAna Palacios recoge en su libro "Art in Movement"  como el arte, el baile, la cultura o los malabares refuerzan la autoestima de los niños desfavorec
Fotografía

En Uganda se baila contra la exclusión

La fotógrafa y periodista Ana Palacios retrata en “Art in Movement” (La Fábrica) la vida en los guetos de Kampala, la capital de Uganda, donde el alcoholismo, la delincuencia o la drogadicción se combaten con las armas de la cultura; y donde el “break dance”, la danza o las artes circenses alimentan el alma

Musgisha Frank vive con ocho de sus doce hermanos en el barrio de Makindye, en Kampala. Era un niño tímido y sin interés por nada en particular, hasta que el baile despertó su curiosidad por las artes, y también por la política.

Hamuza Primo tiene 15 años, seis hermanos, y vive en el gueto de Kibuli, donde la moda de esnifar queroseno como forma de evasión atrapa a decenas de jóvenes, pero la danza ha captado su atención y, para él, no hay mejor droga que soñar despierto con formar parte del ballet nacional.

Los dos saltan y bailan para cambiar su realidad, y los retrata la fotoperiodista Ana Palacios en las páginas de “Art in Movement”, un libro sobre la ONG española “In Movement”, que trabaja en la capital de Uganda combatiendo la marginalidad a través del arte, a la que también se destinarán los beneficios de los derechos de autor generados por la obra.

El baile y el arte sirven en Uganda para apartar a los niños desfavorecidos de los peligros de la delincuencia

El baile y el arte sirven en Uganda para apartar a los niños desfavorecidos de los peligros de la delincuencia. Cedida por Ana Palacios

Palacios, que ya había retratado a mujeres desahuciadas en India, a leprosos en China, albinos en Tanzania, pigmeos en Burundi y personas en riesgo de exclusión en Kenia, aterrizó en Kampala en noviembre del año pasado para convivir dos meses con los niños y los profesores de la asociación, en las aulas, los cursos y también en sus casas, en ocasiones de poco más de cinco metros cuadrados, donde las familias comparten el espacio.

En una zona donde las necesidades básicas y la sanidad, la comida o la educación no están cubiertas, poner a los niños a danzar parece algo fútil, pero tras los pasos de baile o los malabarismos hay mucho más.

No sólo de pan

“Yo al principio también pensaba eso, había documentado emergencias con otras ONG, gente que pasa hambre o que no tiene acceso a centros de salud, pero la pobreza también está en la falta de educación, no solo de pan vive el hombre“, explica Palacios, quién aprendió de los niños de Kampala la necesidad de tener un canal para expresarse por sí mismos.

El objetivo del proyecto no es convertir en artistas de alto rendimiento a los más de 300 niños y adolescentes que el centro atiende, aunque sí hay algunos han conseguido ganarse la vida con ello, que han sido “becados para irse a Francia”, y dos de ellos “están ahora mismo en Rumanía con una beca de baile”, cuenta la periodista.

Los niños también tienen un grupo circense que hace actuaciones en bodas, explica Palacios, quién añade que, aunque no esté entre los objetivos de la organización, “si las actividades generan ingresos, mejor”, sobre todo para los niños que pueden paliar su pobreza gracias a las disciplinas que les gustan.

Un chico baila break dance en el suelo, frente al público

El “break dance”, una forma de despertar la autoestima y la creatividad de los niños y adolescentes de Kampala, en Uganda. Cedida por Ana Palacios

“El arte es una herramienta para generar el cambio, en ellos mismos y en la sociedad, crea ciudadanos educados con pensamiento crítico, genera solidaridad, cohesión,desarrollo del sentido de justicia y aprenden a expresarse en público, lo que les genera autoestima“, afirma la periodista.

Además, las actividades apartan a los niños de las calles, en un contexto en el que muchas familias no tienen dinero para pagar la matrícula del colegio, y en el que el exceso de tiempo libre empuja a muchos de ellos a delinquir.

La organización no gubernamental también realiza campamentos en escuelas como Hope North, un internado para los descendientes de los niños soldados de la guerra, y trata de fomentar a la creatividad no sólo a través de la danza, sino con disciplinas artísticas como el grafiti, la pintura, la fotografía, o la escritura creativa: “Tocan todas las que pueden y llevan profesores invitados con frecuencia”, explica Palacios.

Un niño hace estiramientos sobre el césped en Uganda

El baile y el arte circense aparta a los niños desfavorecidos de los peligros de la delincuencia en Uganda. Cedida por Ana Palacios

Danzas que liberan

Aunque la danza y el “break dance” son las disciplinas más demandadas “porque no requieren más inversión que un casete”, hay quien se inclina por la artes pictóricas como Lubega Peter, conocido como “Sparrow”, que quiere pintar Uganda con grafitis, o por la fotografía como Kibuuka Mukisa Oscar, que se dedica a retratar a los bailarines.

 No tener que invertir en una cámara o en botes de pintura, y el hecho de que los movimientos del cuerpo y la música sirvan de desahogo, se suman a la ecuación para que el baile sea la actividad preferida.

Palacios, que acaba de volver de documentar las enfermedades tropicales desatendidas en Benín, a donde volverá a principios de año para documentar tema de tráfico de niños, tiene como misión “hacer visible lo invisible”. Por ello, África, que todavía pasa de puntillas por las noticias, es el foco de su proyectos.

“Si hay una matanza en Kenia o si sucede algo puntual, los medios de comunicación miran al continente”, defiende Palacios, pero cuando la noticia pasa, los ojos occidentales dejan de mirar a los problemas endémicos de la cuna de la humanidad, y dar visibilidad a estos hechos es, para la fotoperiodista, “casi una responsabilidad”.EFE

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