"Tree", de Ai Weiwei/ EFE Zayra Mo
La evolución del búnker de Hitler

Arte en el búnker

La colección Boros, una muestra de arte contemporáneo empaquetada en un edificio que, de por sí, merece toda una historia

Berlín (EFE).- Decenas de museos de renombre, centenares de cotizadas galerías e infinidad de salas de exposiciones. Aunque en muchas ciudades el arte entre paredes puede dejarse para un segundo viaje, en Berlín hay visitas obligadas, como el altar de Pérgamo o la increíble sala de la enigmática Nefertitiara. Ese segundo viaje espera la colección Boros, una muestra de arte contemporáneo empaquetada en un edificio que, de por sí, merece toda una historia.

El búnker de Reinhardtstrasse fue construido en 1942, cuando Hitler decidió levantar centenares de fortalezas en todas las ciudades alemanas para proteger a la población civil de los crecientes ataques aéreos aliados.

Éste en concreto estaba destinado a alojar durante los bombardeos a los pasajeros de los trenes que llegaran a la céntrica estación berlinesa de Friedrichstrasse. Protegidas por muros de hormigón armado de 1,8 metros y techos de tres metros de espesor, hasta 3.000 personas, sentadas, podían esperar dentro a que dejaran de sonar las alarmas.

Utilidad renovada

La guerra concluyó y el búnker se convirtió en prisión del ejército soviético, pero su destino todavía no estaba escrito. Pocos años después los vecinos rebautizaron la edificación como el “Bananabunker”. Era entonces el almacén en el que el régimen comunista guardaba en lugar fresco -y seguro- las frutas y verduras que recibía de la hermanada Cuba.

Tras la caída del muro, el búnker se convirtió en los noventa en una de las mecas tecno de la ciudad, con fiestas eternas y salvajes que acabaron en más de una ocasión con redadas policiales.

En 2001 lo adquirió un grupo inmobiliario y dos años después se hizo con él el matrimonio Boros.

Metros cuadrados con impactos de historia

Tras una larga reforma, que incluyó la construcción sobre la última planta de un espectacular ático par ala familia, el búnker se abrió parcialmente al público para exponer la valiosa colección Boros, sin ocultar los impactos de la metralla en sus paredes ni algunos de los restos de las duras fiestas que albergó.

 La obra 'Untitled', del artista argentino Tomás Saraceno/ EFE/Georgios Kefalas

La obra ‘Untitled’, del artista argentino Tomás Saraceno/ EFE/Georgios Kefalas

La primera exposición, entre 2008 y 2012, fue visitada por más de 120.000 personas, y alrededor de 13.000 han visto ya la segunda, siempre en pequeños grupos y en días seleccionados bajo reserva.

En 3.000 metros cuadrados y ochenta salas, la muestra recoge 130 obras de factura reciente de 22 artistas.

Muchos, de nacionalidad alemana, son todavía desconocidos para el gran públicos, pero en esta exposición se halla también el imponente “Tree 2011” del chino Ai Weiwei, un árbol de se metros reconstruido a partir de troncos; las sorprendentes telas de araña del argentino Tomás Saraceno; o varias de las inquietantes fotografías de Wolgang Tillmans.

Pintura, escultura, videoinstalaciones, dibujos, fotografías y, sobre todo, sonidos, como el reloj de Alicja Kawade, que persiguen al visitantes por las ochenta salas en las que encuentra dispuesta parte de la colección en la que Christina y Karen Boros han invertido parte de su inmensa fortuna. EFE

 

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