• mas infopasamontañasEl grupo de activistas rusas El grupo de activistas rusas "Pussy Riot" ha llevado el arco iris a sus pasamontañas. EFE/Igor Mukhin
  • Miles de mujeres se han manifestado en 2017 vistiendo prendas rosas, como gorros o pasamontañas. EFE/Maxim Shipenkov
  • Diseñadores de todo el mundo llevan años intentando convertir el pasamontañas en tendencia, como Leandro Cano con esta creación de 2012. EFE/MICHAEL KAPPELER
El grupo de activistas rusas Miles de mujeres se han manifestado en 2017 vistiendo prendas rosas, como gorros o pasamontañas. EFE/Maxim ShipenkovDiseñadores de todo el mundo llevan años intentando convertir el pasamontañas en tendencia, como Leandro Cano con esta creación de 2012. EFE/MICHA

¿Quién se atreve con el balaclava?

Todos los años dejan tras de sí un amplio repertorio de tendencias. Pero si hay una que ha marcado 2017 (y promete marcar 2018) es el balaclava.

Madrid, ene 2018 (EFE).- De las calles a la pasarela, 2017 ha sido, indiscutiblemente, el año del balaclava, es decir, el pasamontañas. Una prenda que nació hace casi dos siglos en medio de una guerra, y ahora, sin perder ese sentir bélico, vuelve para proteger los rostros de activistas y manifestantes, convertida esta vez en tendencia.

Normalmente las modas nacen en la pasarela, la calle, o incluso los museos, pero rara vez son fruto de una guerra. Es el caso del pasamontañas, una tendencia que llega ahora a las tiendas por consenso de diseñadores nacionales e internacionales, pero que nació en 1854 en las trincheras de la Guerra de Crimea.

El resurgir del balaclava, la prenda más guerrera

En octubre de ese año, los aliados británicos, franceses y turcos se enfrentaron al ejército ruso en la región ucraniana de Balaklava, una zona de la península de Crimea cercana a las orillas del Mar Negro.

Pese al mal tiempo característico de Reino Unido, los combatientes ingleses no estaban acostumbrados a las bajas temperaturas de Ucrania, por lo que decidieron protegerse del frío con unas prendas que les tapaban la cabeza, el rostro y el cuello. Nació así el pasamontañas.

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Las “Pussy Riot” han convertido el pasamontañas en su firma personal. EFE/HENNING KAISER

Adoptada en un primer momento por combatientes de todo el mundo, pronto esta nueva prenda, bautizada como “balaclava” en honor a su ciudad de origen, se coló en todos armarios de invierno.

Activistas, deportistas e incluso infantes se han beneficiado desde entonces de la protección que brinda este accesorio, que en 2017 llegó a pasarelas de todo el mundo, convertido en una tendencia.

De hecho, es fácil ver pasamontañas, verdugos o “balaclavas” (como se les sigue llamando en Portugal, por ejemplo) en los telediarios, ocultando la cara de los cuerpos de seguridad del Estado, miembros de guerrillas armadas y, sobre todo, manifestantes.

El pasamontañas: de la manifestación al desfile

Y es que si la moda ha tenido especial relevancia este año, ha sido gracias al uso que han hecho de ella los movimientos sociales. Buen ejemplo de ello dan manifestaciones como la marcha de las mujeres y grupos activistas como “Pussy Riot“, un colectivo feminista que ha hecho de los pasamontañas de colores la mejor protección contra la represión que sufren en su país, Rusia.

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El pasamontañas se sube a la pasarela de Outsiderd Division. EFE/FERNANDO VILLAR

Si los diseñadores supieron captar la esencia de las reclamas feministas (y sacarles rédito en forma de camisetas con mensaje), los pasamontañas tampoco han quedado fuera de la lupa de las firmas de moda, que se han atrevido a llevar esta prenda a la pasarela.

En la semana de la moda de Madrid, en 2010, ya se empezaron a escuchar los primeros clamores de esta controvertida tendencia. Jóvenes de la pasarela Samsung EGO como Carlos Díez o Mercedes Castro se afanaron en mantener el espíritu guerrillero y rebelde propio de su edad incluyendo pasamontañas en sus colecciones.

Lo mismo hizo en 2014 la firma catalana Krizia Robustella, que en la edición de verano de la pasarela 080 Barcelona Fashion presentó “Miami Riot” (Revuelta en Miami). Colores brillantes y pistolas de agua habrían sido la clave de su desfile si no fuera por el arco iris de pasamontañas que lucieron los modelos, protagonistas absolutos, que habrían hecho las delicias de las activistas rusas.

La pasada edición de la pasarela madrileña, la firma joven Outsiders Division insistió en el potencial de este accesorio de lana negra, que presentaron en su versión más cerrada: con tres pequeños agujeros para los ojos y la boca, y decorado con flores rudimentarias en color morado. Una mezcla agridulce entre la agresividad innata de la prenda y el toque inocente de las flores.

2018 es el invierno del balaclava

Parece ser que Outsiders Division ha sido la única marca que no se ha adelantado a su tiempo, y es que en 2017 varias firmas internacionales de renombre han decidido que, esta vez sí, el pasamontañas está de moda. Y no solo como prenda de cobijo, sino como un accesorio sofisticado.

La prueba está en los desfiles recientes de Gucci y Delpozo, en los que presentaron sus propuestas para la temporada actual, otoño-invierno 2017-2018. Tanto el “punk” de la firma italiana como la delicadeza de la española coincidieron en incluir los “balaclavas” en sus propuestas, eso sí, con estilos totalmente distintos.

Delpozo hizo una fusión entre los jerséis ajustados de cuello vuelto, las capuchas y los verdugos infantiles. Un híbrido que resulta difícil de imaginar, pero con el que Josep Font logró una silueta sencilla y conceptual, muy en la línea del espíritu de la casa madrileña.

Mismo patrón tenían los jerséis con capucha que la firma norteamericana Pendleton lanzó a finales de los años 50. Una prenda que entonces resultaría tan curiosa como ahora, y que a pesar de protagonizar algunas producciones de moda, no llegó a cuajar como tendencia.

Vivienne Westwood se atrevió con los pasamontañas en 2010. EFE/Daniel Dal Zennaro

Gucci, por su parte, presentó una colección ecléctica inspirada en un jardín salvaje donde los pasamontañas de lana se vestían de colores vivos, y convivían con nuevos materiales.

Una red metálica para cubrir el rostro y la cabeza o un verdugo en hilo grueso dorado fueron algunos de los valientes elementos de la colección, que acabó por confirmar eso que diseñadores pequeños llevaban años diciendo: el pasamontañas tiene potencial para ser la nueva obsesión estilística.

A pesar de este potente respaldo, la propuesta de los “balaclavas” no ha calado todavía en la moda de pie de calle. Aunque todo es cuestión de tiempo, y puede que de aquí a unos meses (o semanas, quién sabe) las “influecers” empiecen a incluir este accesorio en su armario, como ya ha ocurrido con tendencias arriesgadas como las sandalias con calcetines o los accesorios de peluche.

La popularización de los pasamontañas, precisamente en un año plagado de movimientos sociales y protestas, es la prueba definitiva de que ahora la pasarela se inspira en la calle. Un espacio donde, de momento, solo los niños lucen esta tendencia, aunque sea por obligación. ¿Se atreverán los adultos a volver a la infancia en su día a día, o seguirán reservando el pasamontañas para la nieve? EFE

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