• mas info Un participante del Campeonato Sudamericano de Pole Dance en Buenos Aires. EFE Archivo/ David Fernández Un participante del Campeonato Sudamericano de Pole Dance en Buenos Aires. EFE Archivo/ David Fernández Un participante del Campeonato Sudamericano de Pole Dance en Buenos Aires. EFE Archivo/ David Fernández
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 Un participante del Campeonato Sudamericano de Pole Dance en Buenos Aires. EFE Archivo/ David Fernández Un participante del Campeonato Sudamericano de Pole Dance en Buenos Aires. EFE Archivo/ David Fernández Un participante del Campeonato Sudamericano de Pole Dance en Buenos Aires. EFE Archivo/ David Fernández

Barra libre

El “pole dance” o lo que en España llamamos la barra de striptease y el colectivo caribeño llama “el caño” no necesita equipo. Ni siquiera mochila. Un calzoncillo de buen ver y a correr

Nueva York (EFE).- Antes de venir a Nueva York, un amigo mío me dijo que tenía que apuntarme a un gimnasio porque si no, no sería nadie en esta ciudad. Después de haber desoído este consejo durante mis primeros seis meses y no tanto por sentirme “nadie” (que eso es por otras razones más económicas que anatómicas) sino porque mis cervicales pedían a gritos algún tipo de ejercicio de descongestión, empecé la búsqueda de un deporte “ad hoc”.

Un participante del Campeonato Sudamericano de Pole Dance en Buenos Aires. EFE Archivo/ David Fernández

Un participante del Campeonato Sudamericano de Pole Dance en Buenos Aires. EFE Archivo/ David Fernández

Considerando que los gimnasios me aburren soberanamente, que para mí una elíptica es una plaza de Madrid y que soy alérgico al cloro y aquí la única piscina sin este elemento químico es para la comunidad judía, empecé a buscar algo que encajara con mi perfil. Y, ya puestos, algo que tuviera cierto “swing” neoyorquino.

Pensé en escalada, porque cerca de mi casa de Broooklyn hay una pared para practicarla y pensé que sería una buena manera de encontrar gente con la que luego hacer excursiones bonitas. Pero el equipamiento era demasiado caro. Pies de gato, mosquetones… uff, qué pereza.

¡Eureka!

Por oposición, entonces, encontré mi eureka.  El auténtico despelote deportivo. El “pole dance” o, lo que en España llamamos la barra de striptease y el colectivo caribeño llama “el caño”. Nada de equipo. Ni siquiera mochila. Un calzoncillo de buen ver y a correr. Puede ser divertido y yo, con diez años de experiencia en jota aragonesa, no puedo negar mi pasión por casi cualquier baile. Vamos, que me va la marcha.

Poniéndose finos (porque lo primero que te dicen en la clase es que no has ido ahí para convertirte en stripper) el “pole dance” es un ejercicio la mar de completo que hizo furor en Nueva York hace un par de temporadas y ahora ha sido desplazado por el “crossfit”, la nueva manera de ponerte fuerte cuanto antes, que al final es de lo que se trata para mucha gente. Pero, digan lo que digan, ahí nos ponemos todos mininos en ropa interior y frente al espejo.

Bendito tú eres, entre todas las mujeres

Como era de esperar, la primera clase me confirma que soy el único hombre entre el alumnado. Teniendo en cuenta que en el recreo del colegio yo pasaba del fútbol y saltaba a la comba, no me impresiona. Ahora bien, descubro que el pelo en las piernas no es buen compañero de batalla en ese refrote contra el acero.

En cuanto a mis compañeras: a un lado, las mujeres de negocios hiperfibradas, con toneladas de adrenalina acumuladas en la oficina. Competitivas ellas. A otro, el colectivo multirracial, especialmente orondas negras del Bronx, que parecen disfrutar bastante más y al que me uno sin dudarlo.

Pero sobre todo, lo que me fascina es una profesora tan total como la que se puede ver en esta foto. Tiene un show llamado “Curvas peligrosas” y te quita de un plumazo las preocupaciones y los complejos. ¡¡A disfrutar entonces!!

Cartel promocional del show llamado "Curvas peligrosas"

Cartel promocional del show llamado “Curvas peligrosas”

 

Conforme voy a avanzando las clases y paso de ese primer nivel llamado “Pole Virgins” (el último se llamará “Pole Divas”) voy coincidiendo con exhuberantes rusas, con alguna transexual asiática… Todo muy colorido. Y comentándolo con mi alrededor, las reacciones han sido de lo más variopintas. Desde quien me dice que a un familiar suyo se lo recomendaron por razones médicas porque es el ejercicio que más rápido fortalece las abdominales (ese six-pack inédito en mí aseguran que acabará apareciendo) hasta quien dice que esa barra tiene poderes para el karma.

Sexy no, libre si

Yo, simplemente, ha decidido que si tengo que hacer un deporte, este es el que menos sensación me da de estar haciéndolo, lo que no quita para que a pesar de que salgo lleno de quemaduras, moretones y casi estigmas después de cada clase. El esfuerzo es tremebundo y, desde luego, con lo que cuesta trepar a pulso por esa barra hasta los tres metros de altura, sexy, lo que se dice sexy, no me siento. Pero sí libre. Y, oye, con la tontería algo en mí se va definiendo poco a poco.

Así que nada, este año, mi propósito para el 2014 es acabar compitiendo en este certamen. ¿No os parece maravilloso?

Continuará…

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