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EFE/CEDIDA POR Domaine Pommery
EFE/ Su Mei Tsefred Laures. CEDIDA

Champán, arte e historia, una mezcla “Gigantesque” en una bodega de París

Si las burbujas del champán tuviesen vida, seguro jugarían a esconderse entre túneles de 60 metros de profundidad, escalando paredes frías, cubiertas de tiza y humedad, hasta reventar en techos de hormigón

París (EFE).- Creativas, juguetonas y, en ocasiones -en una buena copa-, hasta gigantescas. Así son las burbujas del champán y así es la nueva exposición “Gigantesque!” que cobró vida este mes en las profundas y frías bodegas de la reconocida cava francesa Domaine Pommery.
Juegos de luces, ilusión óptica, enormes esculturas y hasta el mar han quedado atrapados entre los 18 kilómetros de túneles que entrelazan las entrañas de las centenarias bodegas. Todo un espectáculo que durará hasta el 31 de mayo de 2017 en los predios de la cava en la ciudad de Reims, al este de París.

Juegos de luces, ilusión óptica, enormes esculturas y hasta el mar han quedado atrapados entre los 18 kilómetros de túneles que entrelazan las entrañas de las centenarias bodegas. Todo un espectáculo que durará hasta el 31 de mayo de 2017 en los predios de la cava en la ciudad de Reims, al este de París

Del Domaine Pommery se conocen sus vinos blancos espumosos, sus derroches de lujo y sus decorados modernistas. Ahora también su disposición a la universalidad del arte; a la creatividad, a lo gigantesco.
Fundada en 1868 por Madamme Pommery (1819-1890), la bodega abre sus puertas al público en una compilación de obras de 21 artistas de alrededor del mundo, que recuerdan lo diminutos que somos y cuán grande puede llegar a ser la imaginación del ser humano.

el champán digno de una exposición en una bodega de parís

EFE/ Bertrand-Gadennefred Laures. CEDIDA

Una cita a la que no faltaron los chilenos Enrique Ramírez e Iván Navarro, y el español Pablo Valbuena, artistas de honor invitados a exponer sus obras al grandísimo -y no en el sentido figurado- evento.
En el sentido más profundo de la experiencia, “Gigantesque!” es una “manera de activar las neuronas” de los artistas; un llamado a la creación. Así lo describió a Efe el comisario de la exposición, Fabrice Bousteau, durante la inauguración del evento.
Lo “gigantesco” de la exhibición proviene -además de sus obras- de lo grandioso de un espacio que tiene más de un siglo de historia y se levanta majestuoso sobre sus cimientos de cascajo, entre sus muros de adobe y custodiada por una tropa de enrejados.

Lo “gigantesco” de la exhibición proviene -además de sus obras- de lo grandioso de un espacio que tiene más de un siglo de historia y se levanta majestuoso sobre sus cimientos de cascajo, entre sus muros de adobe y custodiada por una tropa de enrejados

Un sentimiento que conoce de sobra Valbuena, quien vuelve a retar a la óptica con su juego de luces y su técnica “kinematope” -transformando elementos arquitectónicos en movimiento con el uso de la luz-. Alumbrando unos 200 escalones con estilo futurístico que dan acceso a las bodegas.
“Cuando el artista se encuentra -dice Bousteau- dentro de las bodegas, está frente a un lugar absolutamente magnífico, monumental”, dice Bousteau, y a sus espaldas centellean las escaleras que dan acceso a las bodegas, alumbradas por la imaginación de Valbuena.

El champán, gigante en una bodega de París

La gigantez de la exposición se rinde a los pies del mar, traído desde Chile por Ramírez a bordo de un buque portacontenedores.
En su obra Océano, el artista chileno presenta un gran filme de un sólo plano secuencia que dura 24 días y retrata “la temporalidad exacta de un barco que transporta frutas desde el puerto de Valparaíso hasta Dunkerque, en el norte de Francia”.
“La idea es siempre mirar la tierra desde el mar”, dice el artista latinoamericano radicado en París desde hace 10 años.
Y es precisamente la inmensidad -contenida en el océano- la que resalta a primera vista en todas las demás exposiciones de “Gigantesque!”. Un paseo a ras de la invención.
El Domaine Pommery, con sus dos millones de botellas de champán -algunas de ellas de más de un siglo de añejas-, conservadas celosamente en sus bodegas, invitan al espectador a experimentar la misma sensación de enormidad a la que se fueron acostumbrando las burbujas, dentro del champán, con los años.
Así es “Gigantesque!” y así es el Domaine Pommery, a la espera de ser descubierta; a la espera de destapar la imaginación, como se destapan las champañas y se descubren las burbujas.

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