Cocina a paso lento

Cocina a paso lento

La olla de cocción lenta revoluciona la cocina. Exquisitos estofados y carnes, como recién sacadas del horno de leña con apenas esfuerzo.

Madrid, jun (EFE).- En un periodo histórico en el que las prisas se han apoderado de la mayor parte de la población mundial, el slow cooking, un movimiento que apuesta por cocinar los alimentos a baja temperatura y durante largos periodos de tiempo, gana, contra todo pronóstico, adeptos.

La piedra angular de este movimiento es la olla de cocción lenta, también conocida como “slow cooker”. ¿Quién no ha suplicado al cielo una herramienta culinaria mágica que requiera pocas tablas, mínima supervisión y convierta platos de segunda en manjares de estrella Michelín?

Esta podría ser la definición de este artilugio, que permite al mayor patán en la cocina, alumbrar legumbres exquisitas y transforma carnes de segunda en primera, y hasta sofisticados bizcochos.

La olla mágica

Lo extraordinario del aparato es que no requiere carbón, ni una persona atada a la cocina. Es una sencilla olla eléctrica, en el que se introducen los alimentos, se programan (tiene dos posiciones, baja y alta) durante largos periodos de tiempo (4, 6, 8 y hasta 20 horas); por si fuera poco, gasta más o menos lo que una bombilla.

Costillas en salsa Barbacoa hechas en Crock Pot/Imagen Marta Miranda/Crocktpotting,es/EFE

Costillas en salsa Barbacoa hechas en Crock Pot/Imagen Marta Miranda/Crocktpotting,es/EFE

“La slowcooker te permite disfrutar de esa cocina de calidad de antaño, pero con las ventajas de la vida moderna. No tienes que utilizar carbón, ni estar pendiente de una cocina. Puedes programarla y que cocine mientras tu trabajas o duermes”.

Quien lo cuenta con la poca objetividad de una adicta es Marta Miranda, una apasionada de la cocina que la descubrió hace dos años. Más o menos, el tiempo de vida de crockpotting.es, un blog que se ha convertido en la biblia española de los incondicionales de este milagroso artefacto.

En él recoge recetas tan tradicionales como el estofado de lentejas (16 horas de cocción), propuestas más exóticas como la sopa de kimchi (3 horas) o una receta de costillas de cerdo asadas (24 horas), que darían envidia a la mejor de las barbacoas.

Mucha historia

El origen de este aparato se remonta a la década de los setenta, cuando su inventor, Irving Naxon, tomando como fuente de inspiración el guiso que su familia preparaba en horno de leña durante toda el periodo de “Sabbat”, que se prolonga desde el atardecer del viernes, a las primeras estrellas de la noche del sábado.

Lentejas estofadas hechas durante 16 horas en una olla de cocción lenta/Imagen: Marta Miranda/crockpotting.es/EFE

Lentejas estofadas hechas durante 16 horas en una olla de cocción lenta/Imagen: Marta Miranda/crockpotting.es/EFE

En España es “poco conocida”, reconoce Miranda, probablemente porque su marca más famosa -Crock Pot- no tiene distribuidor, pero en el mundo anglosajón cualquier transeúnte, por muy patoso en la cocina que sea, la reconocería con toda probabilidad.

Su método de cocina entronca con la cocina más tradicional, la que utilizaba como fuente de calor la leña o el carbón, y mantenía los guisos al calor muchas horas.

Esta manera de cocinar desapareció de los hogares con la llegada de las prisas y la falta de tiempo de la vida moderna, pero hace varias décadas, fue recuperada por cocineros de estrella Michelín, con algunas sofisticaciones, como la incorporación de bolsas herméticas, gracias a maquinas con precisión de un cohete espacial.

En el templo de los hermanos Roca, uno de sus platos estrellas, el jarrete con múrgula, se guisa durante tres días a 70 grados, un proceso que transforma esta dura carne, en un material suave que se deshace al primer mordisco.

Enganchados a una olla

“Las carnes menos nobles son las que funcionan mejor. Unas carrilleras, una paleta de cerdo o unas costillas son carnes que necesitan trabajo, pero con la olla de cocción lenta mejoran enormemente y prácticamente no hay que atenderlas”, detalla Miranda, que reconoce cierto factor de enganche en el uso de su “slowcooker”.

Ella, como muchos de los “crockpotizados” y seguidores de este artilugio en España, la utilizan a diario, y recientemente ha encontrado su utilidad para hacer postres, como Tarta Tatín, tarta de queso, flan de huevo o ricas mermeladas que tardan ocho horas en ver la luz.

“Normalmente se le pilla el truco bastante pronto, el único problema es que hay pocas referencias de libros en castellano y muchas veces no se sabe cómo usar”, argumenta esta bloguera.

A quien quiera adentrarse en este mundo, que cosecha cada vez más adeptos y muy probablemente se convertirá en una tendencia consolidada, le sugiere poner a cada receta “mucho cariño” y un poco de ayuda de foros como “Crockpotizados“, que congrega en la red a los muchos aficionados en la materia.

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