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De la torrija al hornazo

Muchos pueblos de la provincia de Salamanca despiden la Semana Santa con la tradición de salir al campo para saborear el contundente hornazo, una empanada típica salmantina elaborada a base de embutido de cerdo que se ha convertido en uno de los embajadores turísticos de esta tierra

Ciudad Rodrigo (Salamanca).- Este ritual se repite cada año en los pueblos de la comarca de Ciudad Rodrigo, en la zona de la Sierra de Francia y en los municipios del Parque Natural Arribes, que estos días han recibido a miles de visitantes que acuden a sus lugares de origen para disfrutar de las vacaciones de Semana Santa.

En algunos casos, las gentes de estos pueblos compran la masa en las panaderías y elaboran el hornazo en su propia casa, ya que es uno de los rituales más arraigados del mundo rural salmantino.

Una vez amasado y con el embutido casero de la matanza en su interior -lomo, salchichón, chorizo o jamón- la masa se baña con yema de huevo para que salga bien horneado.

Debido a que muchas de las personas que comen el hornazo ya no viven en su pueblo de origen, la mayor parte de las panaderías habilitan salas con masa, aceite y huevo, para que todo el que quiera acuda a elaborar el suyo, como ocurre en Fuenteguinaldo, Fuentes de Oñoro, El Bodón y Lumbrales, entre otros municipios.

 Redondos, cuadrados, dulces y salados

“Son muchas las personas que encargan el hornazo para comerlo el Domingo de Resurrección, pero también hay mucha gente que se los lleva, tras la vacaciones a su lugar de residencia”, explica Jaime García, que regenta la panadería de Serradilla del Arroyo, que estos días supera el millar de hornazos.

Los hornazos son, sobre todo, redondos, aunque hay numerosas formas de presentarlos, ya que algunos los prefieren cuadrados e, incluso, en algunos pueblos de la provincia prefieren el hornazo con sabor dulce, tras bañar la masa con azúcar.

detalle de un hornazo cortado a la mitad con embutido ibérico dentro

EFE/Carlos García

Pero, sobre todo, cada hornazo tiene su propio toque personal, ya que la mayoría opta por ponerle sus iniciales o por añadirle decoraciones minimalistas, tales como una flor o, incluso, un huevo cocido en la parte superior.

La tradición también ha sabido cruzar la frontera portuguesa, ya que son muchos vecinos de los pueblos portugueses de La Raya salmantina los que se suman a la fiesta de acudir al campo para merendar el hornazo.

Es el caso de gentes de los pueblos de Vilar Formoso, Almeida o Vale da Mula, que comparten mantel con los españoles.

De fiesta en fiesta

El hornazo es, además, la empanada que utilizan los salmantinos para degustarla cualquier día de fiesta y hermandad, como por ejemplo, el Día del Ramo, que es cuando los mozos acuden al balcón de la novia casadera, o el Día del Pendón, que se celebra en La Alberca para recordar la victoria de las mujeres de esta villa sobre las tropas lusas.

Y mientras algunas zonas de la provincia salmantina degustan este Domingo de Resurrección la empanada típica charra, otros pueblos, sobre todo la capital y su alfoz, esperarán hasta el tradicional Lunes de Aguas, el próximo 13 de abril, para invadir las dehesas de Salamanca y compartir de nuevo el hornazo. EFE

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