• Colas a las entrada de la tienda de H&M de la Gran Vía madrileña para hacerse con la colección de Balmain.Colas a las entrada de la tienda de H&M de la Gran Vía madrileña para hacerse con la colección de Balmain.
  • mas infoLos primeros clientes han entrado en la tienda de H&M de la Gran Vía a las diez, para hacerse con la colección cápsula de BalmainLos primeros clientes han entrado en la tienda de H&M de la Gran Vía a las diez, para hacerse con la colección cápsula de BalmainLos primeros clientes han entrado en la tienda de H&M de la Gran Vía a las diez, para hacerse con la colección cápsula de Balmain. EFE/Sergio Barrenechea
  • Jóvenes curiosean entre las prendas de Balmain. EFE/Sergio Barrenechea
  • El sector de hombre de la colección de Balmain para H&M. EFE/Sergio Barrenechea
Colas a las entrada de la tienda de H&M de la Gran Vía madrileña para hacerse con la colección de Balmain.Los primeros clientes han entrado en la tienda de H&M de la Gran Vía a las diez, para hacerse con la colección cápsula de Balmain. EFE/Sergio BJóvenes curiosean entre las prendas de Balmain. EFE/Sergio BarrenecheaEl sector de hombre de la colección de Balmain para H&M. EFE/Sergio Barrenechea

Dos noches a la intemperie por un Balmain

Más de 400 personas esperaban esta mañana frente a la tienda de H&M de la Gran Vía madrileña, antes de la apertura, para hacerse con un prenda de la colección cápsula diseñada por Balmain para la cadena sueca, que ha creado una cola sin precedentes, cuyas primeras posiciones se ocuparon ya el martes

A las diez de la mañana, las puertas de la céntrica tienda se abrían para recibir a los veinte primeros clientes que, identificados con unas pulseras rojas, entraban entre aplausos de los empleados para comprar las prendas diseñadas por Olivier Rousteing, de la firma francesa Balmain, para H&M.

Es la cola más larga que hemos tenido nunca, en otras colaboraciones esperaban desde el día anterior, pero no con tanta antelación”, ha contado a EFE Mónica Rodríguez, una de las responsables de comunicación de la firma que lleva haciendo colecciones cápsula anuales desde 2004, con Karl Lagerfeld, al que han seguido firmas como Marni, Versace o Roberto Cavalli.

Colas a las entrada de la tienda de H&M de la Gran Vía madrileña para hacerse con la colección de Balmain.

Colas a las entrada de la tienda de H&M de la Gran Vía madrileña para hacerse con la colección de Balmain.

Mientras el primer grupo de clientes compraba, entre carreras y algún tropezón, cerca de 400 personas, según las estimaciones del cuerpo de seguridad de la tienda, seguían esperando en la cola que serpenteaba por las calles aledañas, formada mayoritariamente por gente joven.

Lucas y Patricia, los primeros de la cola, llegaron a las siete y media de la tarde del martes.

“Hemos hecho turnos con los amigos, se quedaban aquí dos personas, para ir a casa a comer y ducharnos, pero las noches las hemos pasado aquí” cuenta Lucas, quién añade que ya han hecho cola en otras ocasiones, como para comprar la colección cápsula diseñada por Alexander Wang para la misma cadena, pero que nunca había visto tanta expectación.

Ventas limitadas

Las prendas de Balmain, que se venden en tiendas seleccionadas -dos en Madrid, dos en Barcelona, una en Bilbao y otra en Palma de Mallorca- han atraído gente de otras comunidades autónomas, como Laura que, venida desde Valencia, también llevaba dos días a la cola para conseguir prendas firmadas por “un diseñador que, de otra forma, no podría pagar”.

Lucas y Patricia, los primeros en la cola.EFE/Lara Barreiro

Lucas y Patricia, los primeros en la cola.EFE/Lara Barreiro

El sistema de compra funciona por turnos y establece grupos de veinte clientes, que tiene diez minutos para comprar, con el límite de una unidad por cada modelo de prenda.

“Tenemos un ‘stock’ para reponer algo entre turno y turno, para que el tercer o cuarto turno no se quede ya sin nada”, explica Rodríguez, quién añade que la colección masculina no sigue este sistema, pero que hacer la cola es necesario igualmente.

Colas en Internet

Las camisetas, la pieza más económica de la colección, se podían adquirir por menos de 30 euros, pero una de las prendas estrella, un vestido de terciopelo y “strass” con una águila bordada, alcanzaba los 449 euros: “Es verdaderamente un trabajo de artesanía, está cosido a mano, esperamos que se venda muy bien”.

El colapso también ha llegado a la página web de la compañía, que ha puesto a los clientes virtuales “en cola” y ha agotado la mayoría de los modelos en menos de una hora.EFE

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