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En julio

El mercado de Fuencarral cierra en julio de 2015

Algunas de las tiendas ubicadas en el mítico mercado de Fuencarral se trasladarán a otro local de la zona centro

Madrid,  nov (EFE).- El mítico mercado de Fuencarral no cambió a la sociedad madrileña de finales de los 90, pero supo reflejar sus ansias de libertad y vanguardia a través de la moda. En julio, este emblema del comercio alternativo de la capital echará el cierre, aunque muchas de sus tiendas “se trasladarán a otro espacio”.

“Me he enterado del cierre por la prensa”, asegura la gerente de una tienda

María Jesús Sánchez, de J. Cánovas, una tienda de ropa “pin up” gótica que lleva en el mercado desde 2000, asegura que muchas de las tiendas del mercado, que abrió sus puertas en 1998, se encuentran “negociando” para mudarse a otro local de la zona centro.

“Lo que más me duele es haberme enterado del inminente cierre por la prensa”, asegura Sánchez, quien luce un aspecto acorde con la estética de su comercio, pionero en vender collares de pinchos.

mercado de fuencarral

María Jesús Sánchez, de J. Cánovas. EFE/ Isabel Peláez

El mercado de Fuencarral canalizó los nuevos ritmos estéticos que demandaba la juventud madrileña; ropa militar y “underground”, prendas de segunda mano o marcas alemanas y británicas hicieron su incursión en este mercado colindante a los barrios de Chueca y Malasaña, hoy cuna del modernismo “fashion” de la capital.

Algunos medios de comunicación han barajado la posibilidad de que grandes cadenas -en concreto citan a H&M y Uniqlo- hayan comprado el mercado de Fuencarral para asentarse en una calle donde la actividad comercial es frenética, y un peaje obligatorio para guiris y amantes de la moda que encuentran en ella a las principales marcas.

Incertidumbre sobre el mercado de Fuencarral

El gerente de la instalación, Ramón Matoses, desmiente que estas firmas hayan adquirido el local. “Un fondo de inversión ha comprado el espacio, pero aún no está decidido en qué se reconvertirá”, advierte en una entrevista con Efe Estilo.

El mercado reflejó los cambios culturales y estéticos de la sociedad de finales de los 90

Cuando uno atraviesa la puerta del mercado de Fuencarral, comparado hace años con el londinense Camden Town, todavía le envuelve un ambiente mágico y sonoro, con ese repiqueteo tan característico de escaleras de metal que conducen al visitante por caminos insospechados donde relojes, joyas, gafas de sol, camisas o sudaderas tienen un sello especial, un “algo” que los diferencia.

Eso fue precisamente lo que buscó el mercado en sus inicios: la diferenciación, poner al servicio de una sociedad revolucionaria, abierta y receptiva cauces estéticos alternativos, que dieran respuesta a ese ansia de juventud y vanguardia que encontró en la moda y la indumentaria uno de sus más fieles cauces de expresión.

“Odio los centros comerciales”

El cartel que anunciaba la apertura del espacio, en 1998, ya era toda una declaración de intenciones: “Odio los centros comerciales”, decía el chico del anuncio, un joven con tatuajes y “piercings“.

“Ahora, ese chico somos todos”, dice Ramón Matoses, quien achaca el cierre del mercado, “simplemente”, a “la finalización de un ciclo”.

“Si no es aquí, será en otra parte, pero seguiremos existiendo”, dice un comerciante

El espacio “estará vivo” hasta julio, matiza Matoses, así que seguirá acogiendo actividades culturales relacionadas con el cine, el arte o la música (quién puede olvidar las famosas “raves” del mercado, cuando se bailaba más allá de lo que el cuerpo aguantaba).

El discurso estético del mercado “se ha expandido” al resto de la calle Fuencarral y a otras zonas de compras de la capital, valora Ramón Matoses, y eso ha provocado, en parte, el decaimiento de un lugar que sigue siendo distinto y mágico, pero menos que antes.

Sin embargo, entre sus rincones aún se descubren objetos inusuales en las tiendas más convencionales, como las máscaras antigas o los collares de esposas. Porque el mercado de Fuencarral ha sido de todo menos convencional, de todo menos “normal”.

Su cierre significa el fin de un espacio, pero no de un espíritu, de una moda y de un estilo de vida. “Si no es aquí, será en otra parte, pero seguiremos existiendo”, dice otro comerciante. EFE.

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Las escaleras de metal del mercado son su banda sonora. EFE/ Isabel Peláez

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