Entre pan y pan

Entre pan y pan

El bocadillo, lleno de posibilidades, se lanza a la conquista de los estómagos más exquisitos.

Madrid, abr (EFE).- Muchas veces denostado y en ocasiones maltratado por el sector de la hostelería, el bocadillo resurge con fuerza en un momento gastronómico marcado por la especialización y la necesidad de comidas ligeras para vidas aceleradas.

Aunque es bastante complicado encontrar un bocata decente en la mayoría de bares y su nombre ha desaparecido de los restaurantes de postín -salvo en versiones deconstruidas-, España tiene una vasta cultura de bocadillos que degustan gente de todas las clases sociales a lo largo de su vida.

El bocata de jamón

Consciente de este escenario, Juan Tena, un exabogado amante del buen jamón decidió montar Bocadillo de Jamón y Champán, un establecimiento que trata de “poner en valor” la bocadillería española y su receta más emblemática, el bocata de jamón ibérico.

Solo utiliza ibérico de bellota -se puede elegir entre cuatro denominaciones de origen-, que acompaña con mollete venido desde Cádiz o pan de cristal y, aunque también dispone de vinos, sugiere como compañero de viaje una copa de buen champán francés.

Bocadillo de Jamón y Champán/Imagen cedida por Bocadillo de Jamón y Champán/EFEQBocadillo de Jamón y Champán/Imagen cedida por Bocadillo de Jamón y Champán/EFE

Bocadillo de Jamón y Champán/Imagen cedida por Bocadillo de Jamón y Champán/EFE

La idea de combinarlo con este espumoso se la dio uno de sus proveedores de jamón, que le aseguró que solo tomaba este preciado embutido con champán, porque “marida mejor, limpia la boca de sabores y no satura”.

Con esta original fórmula ha vendido 20.000 bocatas en un año y está a punto de abrir un segundo local, aunque está convencido de que sus exquisitos bocadillos de jamón conquistarán paladares extranjeros, aunque por ahora están a punto de abrir su segundo local.

Bocata de… ¿albóndigas?

Esta pregunta “¿albondigas?” acompañado de un gesto de extrañeza, era la primera reacción de quienes conocían el proyecto de May Nocon y Nina Lashchenova, españolas de origen filipino y uzbeko, respectivamente, que decidieron abrir Bolero Meat Balls, un pequeño y original bar cuya especialidad son las albóndigas.

Imagen de Bolero Meat Balls/Bolero Meat Balls/EFE

Imagen de Bolero Meat Balls/Bolero Meat Balls/EFE

“La idea fue de Nina, ella viajaba cada dos semanas a Rusia, y allí veía albóndigas por todas partes, además es un plato que siempre ha estado presente en nuestra gastronomía, y en casa yo cocinaba con mucha frecuencia albóndigas – explica Nocon-. Nos dimos cuenta de que no había ningún sitio especializado en el sector y nos lanzamos”.

En su local se pueden degustar albóndigas de ternera, cerdo, pollo y una opción vegana, acompañadas todas ellas por salsas caseras, la oriental (hecha de cacahuete y leche de coco), de tomate y de champiñones. Cada fin de semana preparan una especialidad de albóndigas diferente.

No querían que el pan restara protagonismo a las albóndigas, así que diseñaron su propia receta, “una especie de brioche, inspirado en un panecillo típico que se desayuna en Filipinas”, que además es vegano, para los estómagos más respetuosos con los animales.

“Al principio pensamos que vendría solo gente joven, pero nos hemos equivocado. Tenemos desde señores mayores a gente más joven” señala May. Un éxito, el de las albóndigas, que parece no tener fin y ya buscan su segundo local.

Bocadillos sin límites

Estos dos ejemplos no son los únicos. En Madrid y Barcelona no dejan de surgir restaurantes con alma de bocadillo, Crumb, en la capital, elaboran su propio pan cada día y en Magasand, hace años que convirtieron el bocadillo en uno de los ejes de su propuesta. En la ciudad condal, SandwiChez, ofrece bocadillos calientes o frios co seis tipos de pan distintos.

Como curiosidad, Rocambolesc, la heladería de Jordi roca, el pequeño de los hermanos Roca, que ofrece entre sus propuestas, un dulce bocadillo de helado. Con sabores tan sugerentes como la manzana asada, el helado de Rocambolesc se incorpora dentro de un brioche, se le añaden toppings y se sella en una especie plancha caliente que da a luz un bocata de helado con texturas que combinan el frío y el calor. Y es que el bocadillo, no tiene límites.

Rocambolesc/Olga Planas/EFE

Rocambolesc/Olga Planas/EFE

 

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