• ¿Eres un dandi?
  • mas infoby Sir George Hayter,painting,1839
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¿Eres un dandi?

¿Eres un dandi?

El libro “Dandis, príncipes de la elegancia” aborda los rasgos de estos elegantes y excéntricos personajes históricos.

Madrid, abr (EFE).- Aunque el término “dandi” todavía se usa hoy en día para designar al hombre de pose refinada e intelectual, el dandismo fue un movimiento que finalizó hace más de un siglo plagado de elegantes y excéntricos personajes “irrepetibles hoy en día”.

Imagen de Pedro Álvarez- Quiñones, autor de "Dandis, príncipes de la elegancia" Alfred, Count D'Orsay,by Sir George Hayter

Imagen de Pedro Álvarez- Quiñones, autor de “Dandis, príncipes de la elegancia” Alfred, Count D’Orsay,by Sir George Hayter

De origen burgués, los dandis dedicaban horas a sus arreglo personal, George Bryan Brumell –considerado el primero- solía cambiarse hasta cinco veces al día de traje, despreciaban cualquier ocupación remunerada y tenían una lengua mordaz, sarcástica y pedante, que les convertía en una peligrosa compañía.

Por estas cualidades, Pedro Álvarez-Quiñones, doctor en historia del arte y autor del ensayo “Dandis, príncipes de la elegancia”, cree poco probable, incluso “innecesario”, que personajes con esta catadura moral y estilo pudieran sobrevivir en nuestro tiempo.

“Los dandis son un personaje “incompatible” con un mundo de “supermercados, hamburgueserías y tiendas de chinos”, bromea el autor que analiza en su libro un movimiento intelectual que duró poco más de un siglo y que ha llegado a nuestros días gracias a la excentricidad de sus más afamados representantes como Charles Baudelaire y Oscar Wilde.

“¿Os imagináis a un dandi hablando al pueblo excepto para abofetearlo?”, solía decir Charles Baudelaire, uno de sus más ilustres representantes, quien creía que el “dandi” verdadero, debía aspirar “a estar sublime sin interrupción”, y a “vivir y dormir delante de un espejo”.

Arthur Atherley as an Etonian / EFE/ Imagen cedida por el autor

Arthur Atherley as an Etonian / EFE/ Imagen cedida por el autor

En otras palabras, el dandismo se lleva por dentro, no solo por vestir con elegancia y sofisticación –acompañado por algún que otro toque excéntrico- podía uno ingresar en esta clase. “Los dandis eran mucho más que hombres elegantes”, advierte el autor.

Amantes de las artes, insumisos, frívolos, caprichosos, ególatras, imprevisibles, individualistas, ociosos o dilapidarios, son solo algunos de las cualidades que definen una personalidad empeñada en oponerse “a todo”, al mundo aristocrático que llegaba a su fin y a la “naciente democracia que comenzaba” a surgir, relata el autor.

El primero de esta peculiar estirpe fue George Bryan Brummel y el último fue, a juicio de Álvarez-Quiñones, Eduardo VIII, el hombre que renunciara al trono de Inglaterra por casarse con una divorciada estadounidense, y que moriría en una época tan poco sofisticada como el “hippismo”, cuando el dandismo llevaba 40 años sepultado.

La audacia de este personaje histórico en el vestir le hizo poner de moda los pantalones remangados, los jerséis de ecléctico y colorido estampado o los pantalones sin raya, todo un “trendsetter” que, culebrón de amor incluido, no llegaba ni a la suela del zapato a otros miembros del dandismo.

El poeta y escritor Oscar Wilde, amante de los girasoles, solía salir a la calle acompañado por esta flor, hablaba a las plantas como si fuera seres inteligentes y, gran aficionado a la porcelana, solía proclamar: “Ojalá estuviera a la altura de mis jarrones”.

El aristócrata Robert de Montesquiou-Fezensac mando introducir una lágrima de un amante en uno de sus anillos, para que oscilara cuando él se movía, y solía referirse a sí mismo como “el soberano de las cosas transitorias”; Brummell en cambio limpiaba sus botas con espuma de champagne y el colombiano Jose Asunción Silva solía perfumar su estilográfica.

Aunque el ganador de un ficticio concurso de dandismo lo ganaría el extravagante Lord Byron, que quiso meter un oso en su colegio de Cambridge, bañó en plata la calavera de un monje y la usó como copa, rompió botellas contra el techo de la habitación en que su mujer daba a luz y solía dormir en una habitación rodeado de pistolas cargadas.

Entre la nómina de “dandis históricos” también se encuentra Mariano José de Larra, el médico Samuel-Jean Pozzi, el escritor Jean Lorrain, el intelectual Raymond Roussel o el alocado y polifacético Álvaro Retana Ramírez de Arellano –escritor, compositor, modisto, diseñador, figurinista y dibujante-.

Una de las curiosidades que aborda “Dandis, príncipes de la elegancia” es la posibilidad de que existieran mujeres dandi, que reunían las mismas características que los hombres y que incluso vistieron como tal, fue el caso de la poetisa Marguerite Radclyffe-Hall, la pintora Hannah Gluckstein o incluso la propia Marlene Dietrich.EFE

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