Freixenet, brindis centenarioFreixenet, brindis centenario
Burbujas doradas

Freixenet, brindis centenario

Un año más, las burbujas de Freixenet cumplen con la tradición y se presentan en todo su esplendor por Navidad, pero en esta ocasión, el brindis celebra el centenario del nacimiento de la empresa

Madrid, (EFE).- Una empresa que hoy crece como la espuma y que mantiene su estrategia empresarial basada en la tradición. La historia comienza así:
Érase una vez un viticultor Francesc Sala Farré que en 1861 ideó una empresa familiar vitivinícola llamada “Casa Sala”.
Esta empresa producía y comercializaba sus vinos en mercados de  la zona, pero a diferencia de otras masías similares que elaboraban vino, ésta exportaba una buena parte de su producción a Sudamérica.
Freixenet, brindis centenario

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Casa Sala fue un negocio floreciente durante años hasta que a finales de los ochenta del XIX la plaga de la filoxera entró en el Penedès y mermó en pocos años los rendimientos de la viña hasta hacerla no rentable, provocando finalmente la muerte de la vid.
Con esta tragedia económica, su heredero, Joan Sala Tubella,  abandonó el negocio familiar y se dedicó a la administración de propiedades y a la política,  llegando a ser durante dos mandatos Alcalde de SantSadurni de Noya.
Ya en el siglo XX, una vez descubierto que el pie de viña americano era inmune a la plaga, comenzaron las replantaciones en toda Europa mediante el injerto de las variedades de vid europeas sobre pie americano.
En ese momento, la única hija de Joan Sala, Dolores, “la Pubilla de Casa Sala”, contraía matrimonio con Pedro Ferrer Bosch, de los Ferrer de toda la vida, propietarios durante dieciocho generaciones de la Freixeneda, finca agrícola desde el siglo XIII, ubicada situada en la zona de Mediona.

Apostar por la innovación

El joven matrimonio Ferrer Sala apostó por la innovación constante en enología, el comercio, la comunicación, la internacionalización, el esfuerzo y la ambición por ser el mejor.
Pedro Ferrer aportó la fuerza empresarial y Dolores Sala la sensibilidad para conseguir grandes cavas. Su primera innovación fue replantar las viñas únicamente con variedades blancas autóctonas.
De tal manera que se pudiera elaborar un vino espumoso, que fuera el estandarte del éxito de la nueva clase social europea.
Las primeras pruebas tuvieron gran éxito y rápidamente se inició la producción de mayor volumen, sólo faltaba el nombre para comercializarlo.
Pedro Ferrer, que tenía un gran genio comercial, decidió hacer una prueba en el mercado, lo que hoy sería un test real de mercado,  lanzó diferentes marcas y analizó sus  resultados y acogida.
Un abanico de marcas muy diverso. Unas con connotaciones artesanales como “Teixidor”,  otras onomatopéyicas como “Petillán“, toponímicas como “Castell de Ordal”, afrancesadas como “CuvéeReservée” y  una última relacionada con el origen familiar “Freixenet”, diminutivo de Freixeneda y sobrenombre por el que él mismo era conocido en la zona por ser el pequeño de la familia Ferrer.

De Freixeneda, Freixenet

Rápidamente se decantaron por Freixenet, el menos aconsejable en principio por su casi impronunciable fonética al ser largo y raro, pero haciendo bueno el dicho de Tagore “Lo que cuesta entrar difícilmente sale”.
Pedro Ferrer supo poner en escena su marca. Creó una red de representantes por todo el territorio español, que él mismo animaba con gran éxito.
Freixenet, brindis centenario

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Al tiempo, daba notoriedad a la firma con propaganda novedosa en los medios de la época – prensa, radio, vallas exteriores gigantes – y participaba en las ferias comerciales más importantes del momento.
En tan solo 22 años de actividad, desde que en 1914 se lanzara al mercado la primera botella con su marca, Pedro Ferrer y Dolores Sala colocaron a Freixenet en la segunda posición del ránking español.
Este emprendedor matrimonio, construyó una moderna cava en el Barrio de la Estación de SantSadurní de Noya y, sin duda, era la marca con mayor potencial de crecimiento y velocidad en ser reconocida.
Pero, la Guerra Civil española truncó la aventura y el sueño de llegar a ser los mejores. En 1936 Pedro Ferrer era fusilado por la facción anarquista y Juan, su hijo mayor, también desapareció. Freixenet queda huérfana de uno de sus fundadores y es colectivizada durante la guerra.
Al finalizar la contienda, Dolores Salas, con la ayuda de su hija Pilar, vuelve a tomar la gestión familiar casi empezando de cero.

Una marca heroica

Fue una labor ardua y heroica en un país destrozado, cerrado en sí mismo y prácticamente sin crecimiento durante los primeros años de reconstrucción, máxime para un producto que en aquellos tiempos era considerado como un artículo de lujo.
Poco después, Pilar vuelve a contraer matrimonio y la gestión empresaria queda en manos de un apoderado externo a la familia, Napoleón Serra.
A pesar de las dificultades, el ADN primigenio de Freixenet no había desaparecido y el talento enológico de Doña Dolores había garantizado su excelencia.
Freixenet, brindis centenario

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Sin embargo, la posguerra se alargaba y, a finales de los cincuenta, antes de que se produjera la industrialización del país, una crisis de extremada dureza exigió el relevo en la gestión.

El despegue

José Ferrer Sala se pone al frente de la Finca la Freixeneda y marca el despegue imparable de la marca tanto nacional como internacional.
 En la segunda mitad de los sesenta se lanzan a la conquista del mercado español creando una nueva organización comercial a base de agentes fijos que sólo venden Freixenet, organizados en delegaciones territoriales por toda España.
Con gran visión, se apoyan en una comunicación basada en la famosa “Burbuja Freixenet”. Sus campañas publicitarias tuvieron una excelente acogida y el progreso de la marca  fue meteórico.

A la conquista

Freixenet, brindis centenario

Freixenet, brindis centenario

En 1974, José Ferrer saca al mercado un nuevo Cava, Cordón Negro,  “La Botella Negra” y desarrolla la tecnología de la refrigeración del mosto para vinificarlo a temperatura controlada.
En tan sólo los 25 años de gestión, José Ferrer convirtió  Freixenet  en un número uno mundial, sin perder la esencia familiar.
Cien años después de que saliera al mercado la primera botella bajo la marca Freixenet, este nombre no sólo ampara una excelente gama de cavas sino también el grupo vitivinícola integrado por 21 bodegas en las mejores zonas vitícolas de tres continentes: Europa, América y Oceanía.

¿Y el final de la historia?

Y colorín colorado, esta cuento aún no se ha acabado, según el consejero delegado de Freixenet, Pedro Ferrer, el centenario de la firma marcará un antes y un después en una empresa que tiene planes de expansión en escenarios tan difíciles como el árabe”.
Este año, Ferrer presentó el nuevo cava “Casa Sala Gran Reserva Brut”, cava que en la botella lleva impresas las fotografías de los miembros más antiguos de la familia.
“Este cava es el agradecido reconocimiento de mi familia de una deuda histórica: un proyecto inspirado por un sentimiento de gratitud hacia aquellos que hicieron posible el nacimiento de nuestro negocio; un retorno a nuestras raíces en el sitio donde mis padres y abuelos crearon las primeras botellas de Freixenet”, concluyó. EFE
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