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Barbara Hutton con un collar de jade en 1933/EFE/ Imagen cedida por Thames and Hudson

Joyas trágicas, las más caras

Valor, diseño e historia -si implica a algún famoso y es trágica, mejor-, son las características que debe reunir una pieza para batir récords en subasta.

Madrid, abr (EFE).- Las joyas son desde la antigüedad símbolo de poder, regalo para un ser querido y valioso ornamento, pero también uno de los objetos más caros en subasta. Valor, diseño e historia -si implica a algún famoso y es trágica, mejor-, son las características que debe reunir una pieza para batir récords.

“Solo los necios confunden el valor con el precio”, solía decir Chanel. Y es que las subastas prueban, que el valor de una joya no solo está relacionado con el tamaño, la talla y el color de sus piedras preciosas, ni tampoco con la pureza de los metales preciosos. Influye, y al parecer mucho, la fama, el renombre y el destino de sus anteriores propietarios.

El récord “Hutton-Madivani”

Así ha sucedido con el collar “Hutton-Madivani“, una singular pieza que perteneció a la rica heredera Barbara Hutton que acaba de alcanzar a nada desdeñable cifra de 27,44 millones de dólares (19,8 millones de euros) en una subasta en Hong Kong en la casa Sotheby’s.

La pieza es un collar de 27 piedras pulidas en forma de perla y de jade -a millón por esfera- de la dinastía china Qing, con una extraordinario color y tono, que la firma Cartier elaboró en 1933 con un cierre de rubíes y diamantes.

Collar Hutton-Mdivani/ Imagen proporcionado por Sotheby's

Collar Hutton-Mdivani/ Imagen proporcionado por Sotheby’s

Los coleccionistas con alto presupuesto -como el millonario chino que se ha alzado con la pieza-, suelen sentirse atraídos por este tipo de piezas raras y valiosas, que curiosamente también están acompañadas de una gran campaña publicitaria organizada por las casas de subasta.

Desde hace semanas, la casa de subastas ha proclamado en medios la importancia del collar, que, a pesar de su nombre, perteneció fugazmente a la heredera estadounidense.

Según el Stefano Papi y Alezandra Rhodes, autores del libro “20th century Jewelry & the icons of style“, Barbara tenía un gran gusto para las joyas, en especial las de jade. El collar subastado fue un regalo de su padre con motivo de su boda con Alexis Mdivani, un aristócrata georgiano. Tras un breve matrimonio de dos años, el collar al parecer pasó a formar parte de la familia del aristócrata.

La prueba es que en 1988 formó parte de una subasta en Ginebra, donde se decía que perteneció a la princesa Nina Mdivani -hermana del fugaz marido de Barbara-.

En aquella época, un comerciante de joyas japonés residente en Londres pagó 2 millones de dólares por la pieza, una cifra ridícula en comparación con la alcanzada recientemente.

¿Quién ha estado dispuesto a desembolsar un precio desorbitado por un collar que perteneció tres años a la trágica millonaria? Su propietario inicial, la firma Cartier, que en los últimos años se ha dedicado a recomprar parte de sus piezas más icónicas para alimentar las exposiciones que organiza.

El caso de la Perla Peregrina

Otro de los casos paradigmáticos de esta burbuja de joyas pertenecientes a celebridades es “La perla Peregrina“, que fue subastada en 2011 por Christie’s, previa gira por Europa.

Varias reinas de España y una "reina" de Hollywood, Elizabeth Taylor, poseyeron "La Peregrina", la perla más famosa del mundo.EFE/Gustavo Cuevas

Varias reinas de España y una “reina” de Hollywood, Elizabeth Taylor, poseyeron “La Peregrina”, la perla más famosa del mundo.EFE/Gustavo Cuevas

El tour organizado por la casa de subastas incluyó paradas en Madrid y París, dos de las ciudades en las que la magnifica perla residió desde que, en 1570 y tras aparecer en aguas de Golfo de Panamá, fuera adquirida por Felipe II en la Casa de las Indias de Sevilla por 9.000 ducados.

Tras pasar por el escote de varias reinas españolas como Margarita de Austria, Isabel de Borbón o María Luisa de Orleans; el rey José I Bonaparte se la llevó a la corte de Napoleón, aunque luego transitaría por las manos de varios aristócratas ingleses.

En 1967 apareció en una subasta y fue comparada por Richard Burton para su entonces mujer y amante de las joyas, la actriz Elizabeth Taylor, por 37.000 dólares. Visto con perspectiva, aquella cifra fue ridícula en comparación con los 11.8 millones de dólares que alcanzó en la subasta de 2011, aunque su precio de salida era entre 1,4 y 2,2 millones de dólares.

¿La trágica colección de maridos y vida de Liz Taylor tendría algo que ver con este súbito récord? Difícil averiguar.

Divas y joyas, una trágica historia de amor

La moda de las subastas temáticas ha tenido en la última década muchas mujeres protagonistas, como también han sido muchas las mujeres célebres que, a su vez, han sido grandes coleccionistas de joyas.

En 2004, una subasta sacó a la luz una muestra de la colección de María Callas. Las joyas subastadas formaban parte de los obsequios que su marido, el italiano Giovanni Battista Meneghini, le regalaba tras cada uno de sus éxitos.

María Callas

María Callas fue una gran cantante y también una gran coleccionista de joyas. En la imagen, junto a Aristóteles Onassis en una fiesta en Londres en 1959. EFE/MG

Ese es el caso del collar de esmeraldas y diamantes que su marido le regaló por su éxito en la Scalla con “La Traviata”, según asegura Stefano Papi y Alezandra Rhodes, autores del libro “20th century Jewelry & the icons of style”.

Entre todas las piezas se obtuvo 1,9 millones de dólares, una cifra sensiblemente inferior a la de sus compañeras, aunque la vida amorosa de Callas fue una de las más trágicas de su tiempo, toque griego incluido.

Tampoco tuvo mucho éxito la subasta que -tras su muerte-, organizó Sotheby’s con la colección de Wallis Simpson, Duquesa de Windsor, un personaje que suscitaba cierta animadversión, aunque su gusto y colección de piezas era inigualable por su calidad y diseño, según los expertos.

La mayor parte de sus joyas se subastaron en Suiza en 1987 -un año después de su muerte- y todo lo recaudado, 31 millones de dólares, fue donado a la investigación contra el cáncer del Instituto Pasteur, en agradecimiento a Francia, el país que le acogió a ella y a su marido Eduardo VIII en los últimos años de su vida.

Pero la burbuja de los precios y las joyas parece que aceptó finalmente a este controvertido personaje histórico años después. En 2010, cuando uno de sus conocidos brazaletes con forma de pantera alcanzó otra cifra récord, al ser subastada por 5.413.250 euros, aunque se había estimado que su precio rondaba los 1,19 y 1,79 millones de euros. Nunca es tarde si la especulación es buena. EFE

 

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