El cocinero Karlos Arguiñano posa en la entrada de su restaurante de Zarautz (Guipúzcoa), con motivo de la presentación de su nuevo libro El cocinero Karlos Arguiñano posa en la entrada de su restaurante de Zarautz (Guipúzcoa), con motivo de la presentación de su nuevo libro "A mi manera", que reúne más de 300 recetas de los platos fundamentales y más representativos de la cocina española con el toque personal del chef guipuzcoano. EFE/Juan Herrero
Cocina en casa

Arguiñano une a todas las regiones españolas en un recetario

Desde el talo vasco hasta el salmorejo andaluz, desde el cocido de Lalín hasta los parapajotes murcianos, pasando por la crema catalana, las comidas tradicionales de cada rincón de España han encontrado su propia página en este recetario, que Arguiñano ha presentado “a la vasca”, alrededor de una mesa en su restaurante de Zarautz

El volumen, que hace ya casi el número 60 de los que ha publicado, lo ha titulado “A mi manera” para curarse en salud y librarse de antemano de las críticas de los puristas de cada localidad, los ortodoxos dispuestos a afearle su manera de abordar el plato típico del lugar, como habitualmente le pasa en televisión cada vez que se adentra en la cocina tradicional.

Cada receta, además del listado de ingredientes y la explicación detallada del proceso de elaboración, está acompañada de una fotografía y un mapa de España en el que puede situarse el plato geográficamente, una referencia que puede hallarse también en un listado por comunidades autónomas, que se ha incluido al final del libro.

Las recetas “tienen un toque muy familiar y doméstico, no son platos de hoteles de cinco estrellas ni de restaurantes, son de casa“, ha explicado el popular chef, que maduró la idea del libro tras comprobar el éxito que tenían las recetas regionales que cocina cada viernes en su programa de televisión.

Entre recetas y chistes

El cocinero guipuzcoano ha destacado lo novedoso del enfoque del libro, que ha incluido recetas de todas las regiones españolas. “En Melilla, ¿qué comen? Pues también hay platos de Melilla”, ha explicado.

Karlos Arguiñano posa con su libro junto a su propia estatua, en la entrada de su restaurante.

El cocinero Karlos Arguiñano posa en la entrada de su restaurante de Zarautz (Guipúzcoa), con motivo de la presentación de su nuevo libro “A mi manera”, que reúne más de 300 recetas de los platos fundamentales y más representativos de la cocina española con el toque personal del chef guipuzcoano. EFE/Juan Herrero

Al margen de presentar el libro, un distendido Arguiñano ha rememorado los hitos de su carrera como cocinero y como comunicador, y también como autor de recetarios, el primero de los cuales vendió, ha dicho, 1.600.000 ejemplares.

“Ese año salió también el catecismo nuevo y vendió 700.000 copias. Me sigue más gente a mí que a Jesusito”, ha bromeado el chef.

Desde entonces, han sido ya 56 los libros publicados por el cocinero de Beasain. “Lo que te da de sí haber estudiado en los benedictinos”, ha celebrado un Arguiñano que no ha parado de intercalar chistes de todos los colores entre sus reflexiones, tal y como hace en su popular programa de cocina.

Política en la cocina

Pero, de la misma manera que en televisión, el cocinero vasco pasa de la broma a la más ácida crítica, que hoy ha dedicado a los políticos europeos que “se reúnen en Bruselas” y no son capaces de adoptar ninguna solución, mientras los refugiados sirios siguen muriendo en las costas de Grecia. “Es inhumano lo que está pasando”, ha lamentado visiblemente enojado.

Y tras ponerse muy serio, ha cerrado su reflexión más áspera con una nueva broma: “Mis amigos me dicen que me van a comprar un púlpito”.

 El cocinero ha rememorado también las reuniones de aquella decena de chefs guipuzcoanos que apostaron por la innovación y crearon el sello de la nueva cocina vasca, que se juntaban todos los meses en casa de cada uno de ellos, llevaban a dos invitados por cocinero y preparaban platos que sometían a debate.

Entonces “todas las cartas eran iguales en todos los sitios”, y ellos trataron de romper con esta uniformidad sobre la base de la innovación. “Éramos competencia pero luchábamos por lo mismo”, ha recordado Arguiñano, quien ha explicado, entre risas, que ahora los cocineros vascos se llevan “como los matrimonios, la única mujer que sabe seguro dónde está su marido es la viuda”. EFE

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