Imagen cedida por Mediaset España de la serie Imagen cedida por Mediaset España de la serie "Mad Men".
Serie de Televisión

Mad Men, el final de una era

Mad Men llega a su fin, tras siete temporadas y ocho años de emisión, periodo en el que ha cosechado más 60 premios.

Don Draper, el creativo publicitario más enigmático de todas las series de televisión, se enfrenta al asalto final contra sí mismo en la que será la última parte de “Mad Men”, que en sus siete temporadas y ocho años de emisión ha cosechado más 60 premios.

El canal estadounidense AMC ha comenzado a  emitir los últimos episodios de su séptima temporada, bajo el título de “El fin de una era”, que sumergirá a los fans, una vez más, en las vidas de Don Harper, Peggy, Roger, Joan, Betty y Pete, en las de sus familias, colegas y rivales.

Si los premios son garantía de calidad, los de “Mad Men” abruman: 68 galardones en seis temporadas, entre ellos 15 Emmy, de 105 nominaciones, cuatro Globos de Oro, dos Bafta y ha sido elegida cuatro años como mejor serie dramática por la industria de la televisión estadounidense.

Pero, sobre todo, ha logrado una legión de fieles seguidores como el presidente estadounidense, Barack Obama, o los actores Jack Nicholson y Mery Streep, ansiosos por deleitarse con estos siete capítulos, en los que “todo está en el aire”, a la vez que apenados porque serán los últimos.

La vida del creativo publicitario “más enigmático, atractivo y caprichoso de la televisión sigue siendo una incógnita incluso para sí mismo. Envuelto en su propia espiral de autodestrucción, Don sabe que debe empezar a afrontar su pasado si quiere salvar su futuro”, adelanta Canal+ España, una de las cadenas que emiten la serie de AMC.

Siempre es difícil explicar porqué una serie de televisión cuenta con el favor o la indiferencia de la audiencia, aunque “Mad Men”, creada por Matthew Weiner (“The Sopranos”), se tejió con unos mimbres que apuntaban calidad: guiones profundos, dirección impecable, una ambientación sin tacha, un exquisito gusto por el detalle y el relato de una década, la de los sesenta, que da mucho de sí.

Y, sobre todo ello o además de todo ello, un protagonista que ha dejado su impronta en la historia de las series y se ha rodeado de unos secundarios que están a la altura para darle la réplica.

 DON DRAPER, CARISMA ATORMENTADO

Don Draper es un triunfador de vida perfecta de puertas hacia afuera, pero un hombre atormentado, frustrado y autodestructivo a poco que se escarbe, aunque siempre está dispuesto a levantarse y dar la batalla…. Real como la vida misma. Un hombre que vende, a través de la publicidad, la felicidad que no encuentra para sí mismo.

Siete temporadas dan mucho de sí para conocer a un personaje y a un exitoso creativo publicitario. Eslóganes es lo que le sobra: “Lo que llamas amor fue inventado por tipos como yo para vender medias”; “¿quieres respeto? Ve fuera y consíguelo por ti mismo”; “vivo como si no hubiera mañana porque no lo hay”; “somos defectuosos porque queremos demasiado”…. .

Don Draper es el hombre de las mil caras. Brillante publicista, marido adúltero, nefasto padre, jefe a veces excelente y otras odioso, todo ello rodeado de un halo de glamur “vintage”, pelo engominado, traje perfecto, cigarrillo y copa siempre en la mano, que hacen de él un personaje tan irresistible como detestable.

“Muchas veces es odioso, pero trato de humanizarlo, porque entiendo que todos podemos ser de algún modo detestables a nuestra manera”, indicaba hace un año en la presentación de la séptima temporada, Jon Hamm quien da vida Draper.

“El público conecta con Don porque entiende su sensación de insatisfacción personal y desafecto profesional”, recorre un camino “muy áspero en su vida, en su profesión y en su existencia, y eso es muy duro”, esgrime sobre la compleja personalidad de su personaje.

Hamm ha sabido meterse en los oscuros recovecos de Harper a quien ha inundado de magnetismo y eso que estuvieron a punto de no darle papel porque creían que no era “lo suficientemente sexy”.

 ¿AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS….?

Hombres que fuman y beben a todas horas, infieles, machistas, racistas. Mujeres que fuman y beben tanto o más, incluso embarazadas -eran otros tiempos-, sumisas y felices a la fuerza en su papel de amas de casa que viven por y para sus mariditos.

Aunque algunas luchan por salir de ese guion como Peggy Olson (Elisabeth Moss), uno de los personajes más complejos, que de secretaria llega a ser creativa en la agencia de publicidad y que uno de sus grandes momentos de gloria es decidirse a ir en pantalones al trabajo.

“Mad Men” es una deconstrucción de la clase alta y alta-medida de los años sesenta, donde casi todo estaba permitido, siempre que el envoltorio fuera lo suficientemente discreto o lujoso. Pero también una década de rápidos cambios, quizás demasiado por lo que algunos se resistían a asimilarlos mientras otros se zambullían en ellos.

La serie, que recrea con impecable factura el incipiente mundo publicitario de aquella década en Estados Unidos, tiene una de las claves de su éxito en que apela a un sentimiento bastante primario y contemporáneo, “las reacciones del ser humano en épocas de grandes cambios”.

Así lo cree Maria Jacquemetton, guionista y productora ejecutiva de la ficción para quien “el mundo no ha cambiado tanto como podríamos pensar, y ‘Mad Men’ refleja una vida que se parece mucho a la de ahora. Los hombres y mujeres se siguen relacionando de forma similar, con las mismas guerras que en el siglo pasado”.

Ahora solo queda esperar el final que los guionistas han proyectado para esta serie de culto, cruzando los dedos para que esté a la altura, sin perder de vista una de las frases de Don Draper: “es tu vida. Nadie sabe cuánto va a durar, pero sabes que no va a acabar bien”.

 

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Don Draper, el creativo publicitario más enigmático de todas las series de televisión, se enfrenta al asalto final contra sí mismo en la que será la última parte de “Mad Men”, que en sus siete temporadas y ocho años de emisión ha cosechado más 60 premios.

El canal estadounidense AMC ha comenzado a  emitir los últimos episodios de su séptima temporada, bajo el título de “El fin de una era”, que sumergirá a los fans, una vez más, en las vidas de Don Harper, Peggy, Roger, Joan, Betty y Pete, en las de sus familias, colegas y rivales.

Si los premios son garantía de calidad, los de “Mad Men” abruman: 68 galardones en seis temporadas, entre ellos 15 Emmy, de 105 nominaciones, cuatro Globos de Oro, dos Bafta y ha sido elegida cuatro años como mejor serie dramática por la industria de la televisión estadounidense.

Pero, sobre todo, ha logrado una legión de fieles seguidores como el presidente estadounidense, Barack Obama, o los actores Jack Nicholson y Mery Streep, ansiosos por deleitarse con estos siete capítulos, en los que “todo está en el aire”, a la vez que apenados porque serán los últimos.

La vida del creativo publicitario “más enigmático, atractivo y caprichoso de la televisión sigue siendo una incógnita incluso para sí mismo. Envuelto en su propia espiral de autodestrucción, Don sabe que debe empezar a afrontar su pasado si quiere salvar su futuro”, adelanta Canal+ España, una de las cadenas que emiten la serie de AMC.

Siempre es difícil explicar porqué una serie de televisión cuenta con el favor o la indiferencia de la audiencia, aunque “Mad Men”, creada por Matthew Weiner (“The Sopranos”), se tejió con unos mimbres que apuntaban calidad: guiones profundos, dirección impecable, una ambientación sin tacha, un exquisito gusto por el detalle y el relato de una década, la de los sesenta, que da mucho de sí.

Y, sobre todo ello o además de todo ello, un protagonista que ha dejado su impronta en la historia de las series y se ha rodeado de unos secundarios que están a la altura para darle la réplica.

 DON DRAPER, CARISMA ATORMENTADO

Don Draper es un triunfador de vida perfecta de puertas hacia afuera, pero un hombre atormentado, frustrado y autodestructivo a poco que se escarbe, aunque siempre está dispuesto a levantarse y dar la batalla…. Real como la vida misma. Un hombre que vende, a través de la publicidad, la felicidad que no encuentra para sí mismo.

Siete temporadas dan mucho de sí para conocer a un personaje y a un exitoso creativo publicitario. Eslóganes es lo que le sobra: “Lo que llamas amor fue inventado por tipos como yo para vender medias”; “¿quieres respeto? Ve fuera y consíguelo por ti mismo”; “vivo como si no hubiera mañana porque no lo hay”; “somos defectuosos porque queremos demasiado”…. .

Don Draper es el hombre de las mil caras. Brillante publicista, marido adúltero, nefasto padre, jefe a veces excelente y otras odioso, todo ello rodeado de un halo de glamur “vintage”, pelo engominado, traje perfecto, cigarrillo y copa siempre en la mano, que hacen de él un personaje tan irresistible como detestable.

“Muchas veces es odioso, pero trato de humanizarlo, porque entiendo que todos podemos ser de algún modo detestables a nuestra manera”, indicaba hace un año en la presentación de la séptima temporada, Jon Hamm quien da vida Draper.

“El público conecta con Don porque entiende su sensación de insatisfacción personal y desafecto profesional”, recorre un camino “muy áspero en su vida, en su profesión y en su existencia, y eso es muy duro”, esgrime sobre la compleja personalidad de su personaje.

Hamm ha sabido meterse en los oscuros recovecos de Harper a quien ha inundado de magnetismo y eso que estuvieron a punto de no darle papel porque creían que no era “lo suficientemente sexy”.

 ¿AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS….?

Hombres que fuman y beben a todas horas, infieles, machistas, racistas. Mujeres que fuman y beben tanto o más, incluso embarazadas -eran otros tiempos-, sumisas y felices a la fuerza en su papel de amas de casa que viven por y para sus mariditos.

Aunque algunas luchan por salir de ese guion como Peggy Olson (Elisabeth Moss), uno de los personajes más complejos, que de secretaria llega a ser creativa en la agencia de publicidad y que uno de sus grandes momentos de gloria es decidirse a ir en pantalones al trabajo.

“Mad Men” es una deconstrucción de la clase alta y alta-medida de los años sesenta, donde casi todo estaba permitido, siempre que el envoltorio fuera lo suficientemente discreto o lujoso. Pero también una década de rápidos cambios, quizás demasiado por lo que algunos se resistían a asimilarlos mientras otros se zambullían en ellos.

La serie, que recrea con impecable factura el incipiente mundo publicitario de aquella década en Estados Unidos, tiene una de las claves de su éxito en que apela a un sentimiento bastante primario y contemporáneo, “las reacciones del ser humano en épocas de grandes cambios”.

Así lo cree Maria Jacquemetton, guionista y productora ejecutiva de la ficción para quien “el mundo no ha cambiado tanto como podríamos pensar, y ‘Mad Men’ refleja una vida que se parece mucho a la de ahora. Los hombres y mujeres se siguen relacionando de forma similar, con las mismas guerras que en el siglo pasado”.

Ahora solo queda esperar el final que los guionistas han proyectado para esta serie de culto, cruzando los dedos para que esté a la altura, sin perder de vista una de las frases de Don Draper: “es tu vida. Nadie sabe cuánto va a durar, pero sabes que no va a acabar bien”.

 

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