Manolo Blahnik en el Museo de Artes Decorativas de Madrid donde expone sus zapatos. Javier Lizón/EFEManolo Blahnik en el Museo de Artes Decorativas de Madrid donde expone sus zapatos. Javier Lizón/EFE

Manolo Blahnik, el escultor de los zapatos

Manolo Blahnik se confiesa adicto al trabajo, una pasión que le lleva a crear zapatos artesanos, desde hace 47 años, que miles de mujeres desean llevar en sus pies

Madrid,  dic (EFE).- Manolo Blahnik tiene una mirada de águila, con ojos pequeños, vivaces, atentos a todo lo que le rodea, humilde, sagaz… divertido en todo momento, una cualidad que no pierde incluso cuando crea sus “Manolos”, los zapatos que miles de mujeres quisieran calzar. “No tengo vida, trabajar me encanta”, exclama.

Manolo blahnik zapatos 2017

Sus “Manolos” imagen de marca. IT/EFE

Manolo Blahnik y sus zapatos

Blahnik (La Palma, Canarias, 1942) reconoce que a su edad tiene una “única vanidad”, salir impecable en las fotos junto a los zapatos que forman parte de la exposición “Manolo Blahnik: El arte del zapato“, que se puede contemplar hasta el día 8 de marzo en el Museo de Artes Decorativas de Madrid.

Entusiasta, vivaz, enérgico, con una verborrea incontenible que transmite un entusiasmo inagotable, a sus 75 años, confiesa en una entrevista con Efe su admiración por Estrella Morente, que le cantó a capela “Ojos verdes”.

“Me he emocionado. ¡Qué voz!, ¡Qué belleza! Me recordaba a mi madre cuando me leía los poemas de García Lorca”, confiesa impactado, tarareando.

Sus “Manolos”, el genérico por el que se conoce a sus zapatos, ya eran reconocidos antes de que Sara Jessica Parker se confesara adicta a ellos en “Sexo en Nueva York”, pero sus constantes referencias en la serie lo encumbraron a nivel planetario.

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No todos los “manolos” son “stilettos”. IT/EFE

Después de 47 años “dibujando” zapatos confiesa que continúa aprendiendo e innovando “todos los días” y piensa que, a pesar del tiempo transcurrido, puede “seguir haciendo algo nuevo”.

Tecnología en los zapatos

Recuerda que a principios de siglo comenzó a trabajar con titanio y aluminio, y ahora “unas resinas estupendas” formarán parte del material de sus creaciones.

 “Quiero hacer lo que más me gusta, investigar, hacer ensayos”, dice Blahnik

No se le escapan los últimos avances tecnológicos en el mundo del calzado una razón por la que quiere “hacer ensayos con materiales nuevos”, un objetivo que se marca a corto plazo, aunque prefiere guardar los detalles por “si copian”.

Falsificaciones, un mal que también, como a otras grandes firmas, le ha afectado, el único tema en el que su tono de voz se vuelve oscuro. “Atacan tu marca. Te roban. El otro día una señora se me acercó para decirme que llevaba uno de mis diseños y le tuve que advertir que eran una copia china”, explica.

No siente el peso de decepcionar con cada nuevo diseño, “quiero hacer lo que más me gusta, investigar, hacer ensayos, pero sin abandonar la perspectiva más comercial”. Hay que seguir vendiendo, “pero sin perder la esencia”, argumenta con la responsabilidad de mantener su empresa para continuar dando soporte a sus trabajadores.

“No tengo vida, trabajar me encanta”, comenta resignado a modo de disculpa. “¡Qué triste! -sonríe- Pero es un placer total”, añade con un acento que parece británico pero que también se desliza al francés.

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Sus “Manolos” imagen de marca. IT/EFE

¿Deformación profesional?

Reconoce que alejado de la deformación profesional, no se fija en los zapatos de los demás, “salvo que aparezca una mujer descomunal, despampanante, con una sonrisa estupenda”, entonces, sí analiza su estilo, sus pies. “Me gusta la gente que lleve los zapatos desde hace tiempo, que se note que están usados e incluso con el tacón desgalichado”.

Sin embargo, reconoce que crea pensando en “sus” mujeres. “Sí me descubro pensando: a Tina le gustaría este color a Ana este otro. Eso sí lo considero deformación profesional”.

“Me gusta la gente que lleve los zapatos desde hace tiempo, que se note que están usados e incluso con el tacón desgalichado”, comenta el artesano

Asegura que en la mujer actual aún puede “encontrar el tipo de mujer que me vuelve loco”, que le inspira, “lo que pasa es que ellas aún no se han descubierto y van horribles, descuidadas”.

Admite con tristeza que la artesanía, tan presente y fundamental en sus creaciones, está quedando relegada “porque nadie quiere aprender. Los jóvenes solo piensan en el tiempo libre del que van a disponer. No tienen paciencia. No quieren aprender. Estamos ante una nueva estructura social. Algo tiene que cambiar”, advierte.

Juventud en su justa medida

Una razón por la que argumenta que la juventud le gusta “hasta cierto punto. Esta juventud tecnológica de hoy me aburre un poco, porque todo lo quiere rápido. Son ligeros y eso me molesta bastante. Me gusta la gente joven con la que se puede hablar” en profundidad de los temas que más le interesan como el arte o la filosofía.

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Diseño homenaje a Lola Flores. IT/EFE

Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes 2012 y Premio Nacional de Diseño de Moda en el mismo año, además de premio de la Moda Británica y comandante de la orden del imperio Británico, Manolo Blahnik ha comenzado a trabajar por primera vez con una firma de artesanos menorquines con mucha historia en el mundo del calzado, Castañer. “Estamos colaborando en la fabricación de unos zapatos de hombre” con las que pretende sacar del “aburrimiento” la estética masculina.

Afincado en Londres, donde tiene su residencia, abrió su primera tienda en 1973 y hasta 2016 no llegó la segunda en la capital británica.

Suyos son los zapatos que Kristen Dunst lució en la película “María Antonieta”, de Sofía Coppola, donde el preciosismo de las telas y el diseño se pueden contemplar en la exposición. Como los que dedicó a Lola Flores, este apasionado del flamenco, que se exponen junto a una peineta de la artista.

Amigo de sus amigos, se emociona al pensar en ellos y recordar que por los pasillos del Museo de Artes Decorativas, ha diseminadas fotos y muchos recuerdos. “No están conmigo, pero los llevo en mi corazón”, dice con nostalgia, un recuerdo diario que no le abandona”, un razón por la que de manera determinante dice que “lo mejor es vivir al día en todos los sentidos”.

Asegura que nunca pensó en llegar profesionalmente dónde está, “no es algo en lo que piense”, y no ser consciente de su fama, algo que percibe cuándo de pronto alguien quiere hacerse una fotografía con él. “Soy bastante modesto en ese sentido. Nunca me lo llego a creer”.

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Sus “Manolos” imagen de marca. IT/EFE

Artista aplicado

Este creador, que en su infancia jugaba confeccionando zapatos para lagartijas, y al que su contacto con la editora de Vogue América, Diana Vreeland, le cambió la vida al indicarle hacia dónde dirigir sus pasos dentro del mundo del diseño, supo desde el principio que los “zapatos ayudan a transformar a una mujer”, su fuente de inspiración.

Con el tiempo ha sabido confeccionar seis lecciones, como las denomina, sobre las que ha sustentado su empresa, de las que también sabe cómo hacer un chiste como es el caso de la de comprobar siempre “el resultado de lo que haces”, y comenta divertido lo terrible que resultó para las modelos calzar sus primeros zapatos.

Su primera máxima en esta lista es: Ve siempre arreglado en cualquier circunstancia; la segunda, recuerda probar antes lo que haces; Diviértete, no tomes las cosas en serio; Sé curioso; Continúa, Continúa, hasta que se caigas, hay que aprender siempre de los errores; y por último, sé fiel a tu estilo. ¡A mi me han funcionado!

Manolo Blahnik se define como un “artista aplicado” pero, a pesar de ello, duda sobre si en el futuro el destino de sus zapatos debería de ser un museo.

“Me parece injusto que, simplemente, por hacer unos zapatos diferentes tengan espacio en un museo”.

Sin embargo, cuando los observa tras una vitrina en las exposiciones y comprueba cómo una nueva generación ve detrás de los bordados y la pedrería “algo diferente, intelectual, un arte, me hace pensar, ¿por qué no?”, concluye Blahnik, el escultor de la materia, para el que su legado tiene ya continuidad en su sobrina Cristina. EFE

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