• "Marlene Dietrich", el libro de Hessel, es una biografía temprana de la artista. EFE/ Errata Naturae
  • Esmoquin y sombrero, dos complementos habituales en el "look" de Dietrich EFE/ Errata Naturae
Esmoquin y sombrero, dos complementos habituales en el "look" de Dietrich EFE/ Errata Naturae
Un icono, antes de serlo

Marlene Dietrich, de estudiante de música a diva del séptimo arte

Errata Naturae publica en castellano una obra de Fran Hessel que realiza un retrato temprano de la actriz alemana

Madrid,  jun (EFE).- Marlene Dietrich era una joven risueña cuando recibió en Berlín una ardua formación musical, y en esos primeros años de coqueteo con el arte y con la interpretación poco sabía la estrella de su poder magnético frente a las cámaras. Todavía no era consciente de su talento para enamorar, en la ficción, a los más guapos galanes de Hollywood, aunque por aquel entonces ya intuía que su belleza le ayudaría mucho en su impulso a la gran pantalla.

Dietrich lució el estilo "tomboy", muy moderno para aquella época. EFE/ Errata Naturae

Dietrich lució el estilo “tomboy”, muy moderno para aquella época. EFE/ Errata Naturae

“Marlene Dietrich siempre da vida a un sueño universal, como la heroína de una de sus películas, es la mujer que todos desean”, dice Franz Hessel en el libro

La retina colectiva se ha quedado con sus finas cejas, con su cigarro humeante y perenne sobre la boca, con su esmoquin y su sombrero de copa o con alguna de sus películas, pero Marlene Dietrich fue algo más, o así lo pretende demostrar una obra del escritor Franz Hessel traducida por primera vez al castellano.

Berlín feliz

“Marlene Dietrich” (Errata Naturae) nació en 1931, cuando Berlín aún era una ciudad llena de luz y posibilidades, así que el temprano retrato que realiza Hessel de la actriz se esboza con los momentos más felices de un icono en ciernes, ya conocida por su aparición en películas como “El ángel azul” (1930), su trampolín a la fama, pero aún no consagrada como diva mundial del séptimo arte.

“Marlene Dietrich siempre da vida a un sueño universal, como la heroína de una de sus películas, es la mujer que todos desean; todos, no éste o aquél, sino cada uno, el pueblo, el mundo, el tiempo”, describe Franz Hessel en esta pequeña biografía escrita cuando la artista aún reposaba en la antesala del éxito.

La capacidad de Marlene Dietrich por defender sus ideales motivó a Franz Hessel a escribir sobre ella

“La Dietrich” no nació mito, como ningún mito nace, sino que se hace, y su fama estuvo precedida de una ardua formación en música -tocaba el piano y el violín- y en interpretación, “eso es lo que recalca Hessel en su texto, la preparación de una artista a la que algunos consideraban un mero producto de la publicidad americana”, explica a Efe Irene Antón, editora de Errata Naturae.

El libro, casi un poema de amor, es un derroche de lirismo convertido en alegato, ya que Hessel defiende a Marlene Dietrich de las malas lenguas que, por aquel entonces, trataban de vilipendiar su “indudable” talento para el cine, al que llegó con un cierto bagaje gracias a sus trabajos en el teatro y en el cabaré, donde su estilo “tomboy” de pantalones, camisas y corbatas sentó cátedra.

En el momento en que Hessel escribe “Marlene Dietrich”, el nazismo aún no había asfixiado el aroma a libertad que se respiró en el Berlín de los años veinte; con la instauración del Tercer Reich, la artista y el escritor partieron al exilio; ella por ser en una oponente confesa de esa forma de Estado, y él simplemente por ser judío.

Un humeante cigarro siempre planeaba por la boca de Marlene Dietrich. EFE/ Errata Naturae

Un humeante cigarro siempre planeaba por la boca de Marlene Dietrich. EFE/ Errata Naturae

“La capacidad que tenía Marlene de luchar por aquello en lo que creía”, considera Antón, fue lo que desató la admiración de Franz Hessel, un observador nato capaz de aprehender la realidad y convertirla en un relato “mágico” y sutil, un hombre “que trataba de entender lo que veía, no de poseerlo”, justifica la editora.

Magnética y apasionada

“Si considera oportuno relatar a la gente cosas de mi vida privada dígale que ella (por su hija) es la razón de mi vida”, dijo Marlene Dietrich a Hessel

Las imágenes que aporta el pequeño libro de Hessel, quien a veces dedica a “la Dietrich” unas palabras casi de infante enamorado, aportan un dibujo doble de quién fue aquella mujer rubia, magnética y apasionada, “alguien con una inteligencia emocional importante que le hacía tener los pies en la tierra”, explica Antón.

Pero detrás de esa determinación que casi siempre demostró la actriz de “Marruecos” (1930), única película que le valió una nominación a los Óscar, o de “El expreso de Shanghai” (1932), la chica de la pajarita que no temía enseñar el liguero en alguno de sus bailes, coetánea de otra divina, Greta Garbo, tenía una debilidad con nombre propio: María Riva, su hija.

En el único encuentro con Marlene Dietrich que describe Franz Hessel en el libro, un pasaje cargado de intimidad, la artista le refirió al escritor y traductor: “Si considera oportuno relatar a la gente cosas de mi vida privada, entonces, por favor, dígale que ella (por su hija) es lo más importante, es la razón de mi vida”. EFE

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Madrid,  jun (EFE).- Marlene Dietrich era una joven risueña cuando recibió en Berlín una ardua formación musical, y en esos primeros años de coqueteo con el arte y con la interpretación poco sabía la estrella de su poder magnético frente a las cámaras. Todavía no era consciente de su talento para enamorar, en la ficción, a los más guapos galanes de Hollywood, aunque por aquel entonces ya intuía que su belleza le ayudaría mucho en su impulso a la gran pantalla.

Dietrich lució el estilo "tomboy", muy moderno para aquella época. EFE/ Errata Naturae

Dietrich lució el estilo “tomboy”, muy moderno para aquella época. EFE/ Errata Naturae

“Marlene Dietrich siempre da vida a un sueño universal, como la heroína de una de sus películas, es la mujer que todos desean”, dice Franz Hessel en el libro

La retina colectiva se ha quedado con sus finas cejas, con su cigarro humeante y perenne sobre la boca, con su esmoquin y su sombrero de copa o con alguna de sus películas, pero Marlene Dietrich fue algo más, o así lo pretende demostrar una obra del escritor Franz Hessel traducida por primera vez al castellano.

Berlín feliz

“Marlene Dietrich” (Errata Naturae) nació en 1931, cuando Berlín aún era una ciudad llena de luz y posibilidades, así que el temprano retrato que realiza Hessel de la actriz se esboza con los momentos más felices de un icono en ciernes, ya conocida por su aparición en películas como “El ángel azul” (1930), su trampolín a la fama, pero aún no consagrada como diva mundial del séptimo arte.

“Marlene Dietrich siempre da vida a un sueño universal, como la heroína de una de sus películas, es la mujer que todos desean; todos, no éste o aquél, sino cada uno, el pueblo, el mundo, el tiempo”, describe Franz Hessel en esta pequeña biografía escrita cuando la artista aún reposaba en la antesala del éxito.

La capacidad de Marlene Dietrich por defender sus ideales motivó a Franz Hessel a escribir sobre ella

“La Dietrich” no nació mito, como ningún mito nace, sino que se hace, y su fama estuvo precedida de una ardua formación en música -tocaba el piano y el violín- y en interpretación, “eso es lo que recalca Hessel en su texto, la preparación de una artista a la que algunos consideraban un mero producto de la publicidad americana”, explica a Efe Irene Antón, editora de Errata Naturae.

El libro, casi un poema de amor, es un derroche de lirismo convertido en alegato, ya que Hessel defiende a Marlene Dietrich de las malas lenguas que, por aquel entonces, trataban de vilipendiar su “indudable” talento para el cine, al que llegó con un cierto bagaje gracias a sus trabajos en el teatro y en el cabaré, donde su estilo “tomboy” de pantalones, camisas y corbatas sentó cátedra.

En el momento en que Hessel escribe “Marlene Dietrich”, el nazismo aún no había asfixiado el aroma a libertad que se respiró en el Berlín de los años veinte; con la instauración del Tercer Reich, la artista y el escritor partieron al exilio; ella por ser en una oponente confesa de esa forma de Estado, y él simplemente por ser judío.

Un humeante cigarro siempre planeaba por la boca de Marlene Dietrich. EFE/ Errata Naturae

Un humeante cigarro siempre planeaba por la boca de Marlene Dietrich. EFE/ Errata Naturae

“La capacidad que tenía Marlene de luchar por aquello en lo que creía”, considera Antón, fue lo que desató la admiración de Franz Hessel, un observador nato capaz de aprehender la realidad y convertirla en un relato “mágico” y sutil, un hombre “que trataba de entender lo que veía, no de poseerlo”, justifica la editora.

Magnética y apasionada

“Si considera oportuno relatar a la gente cosas de mi vida privada dígale que ella (por su hija) es la razón de mi vida”, dijo Marlene Dietrich a Hessel

Las imágenes que aporta el pequeño libro de Hessel, quien a veces dedica a “la Dietrich” unas palabras casi de infante enamorado, aportan un dibujo doble de quién fue aquella mujer rubia, magnética y apasionada, “alguien con una inteligencia emocional importante que le hacía tener los pies en la tierra”, explica Antón.

Pero detrás de esa determinación que casi siempre demostró la actriz de “Marruecos” (1930), única película que le valió una nominación a los Óscar, o de “El expreso de Shanghai” (1932), la chica de la pajarita que no temía enseñar el liguero en alguno de sus bailes, coetánea de otra divina, Greta Garbo, tenía una debilidad con nombre propio: María Riva, su hija.

En el único encuentro con Marlene Dietrich que describe Franz Hessel en el libro, un pasaje cargado de intimidad, la artista le refirió al escritor y traductor: “Si considera oportuno relatar a la gente cosas de mi vida privada, entonces, por favor, dígale que ella (por su hija) es lo más importante, es la razón de mi vida”. EFE

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