Marta Ortega y su marido Sergio Álvarez en una foto de archivo/ EFE CabalarMarta Ortega y su marido Sergio Álvarez en una foto de archivo/ EFE Cabalar
La heredera de Inditex, de cerca

Marta Ortega, “discreta y tenaz” comienza 2015 con la decisión de separarse

La hija del hombre más rico de España y el tercero del mundo, Amancio Ortega, que vive en A Coruña, conduce su propio coche y entre sus pocas extravagancias se encuentra invitar a sus amigos al yate de su padre, empieza el año con la decisión de separarse

Ha comenzado el 2015 con la decisión de separarse del jinete Sergio Álvarez Moya con quien tiene un hijo de diez meses, Marta Ortega, la hija del tercer hombre más rico del mundo ha vuelto a demostrar que es una mujer tenaz. Nacida en 1984, estudió en el prestigioso internado Aiglon College de Suiza. La heredera del imperio Inditex tiene hoy a su cargo, en Zara, un equipo de diseñadores y cazadores de tendencias de 44 nacionalidades, empleados con los que trabaja codo a codo como una trabajadora más, según publica la revista Vanity Fair en su último número.

La niña de los ojos de Amancio Ortega ha sido educada para no destacar. “El director de campaña se la presentó, pero Kate Moss no fue precisamente Miss Simpatía”, cuenta un testigo. Para la modelo aquella chica era una admiradora más. Para el equipo era la hija de Amancio Ortega, el jefe.

Kate Moss sería la protagonista del nuevo catálogo de Zara y Marta Ortega Pérez quería conocer a la top más famosa del mundo. Esa noche Moss durmió en la mejor suite del Hotel Arts. Marta se alojó con el resto del equipo en un hotel de categoría media: “Llegó en un vuelo regular y comió lo mismo que los demás”, continúa la fuente.

Marta Ortega acude al trabajo en su propio coche a trabajar, ajustándose al mismo horario que el resto de empleados de la compañía. De nueve a siete. “Viste de Zara, aunque lleva complementos caros. Sus firmas preferidas son Balenciaga, Valentino, Lanvin o Chloé”, cuenta un antiguo compañero.

Desde aquel encuentra con Kate Moss han pasado diez años y Marta asiste de nuevo a una sesión de fotos. Ahora tiene 31 años y sigue muy al detalle todas las tendencias y está siempre muy cerca del diseño del producto.

Una alargada sombra paterna

Su equipo es seguramente el mejor del mundo”, señala una compañera que trabaja junto a ella. Según Forbes, Amancio Ortega es el tercer hombre más rico del planeta (con un patrimonio estimado en 46.000 millones de euros, por delante del de Warren Buffet o Bernard Arnault) yella finalmente no ha tomado su relevo.

Marta Ortega no dirige la empresa, pero no se ha alejado del influjo de su padre. Su sitio está en las oficinas de Zara Woman, el orgullo de Inditex. Allí ha crecido a la sombra de Beatriz Padín, una de las profesionales más apreciadas por su progenitor. “Es amable, pero muy seria con lo que hace. Su capacidad de aprendizaje es increíble”, dice un antiguo miembro de su equipo.

 “Hay mucho dinero en este deporte. Pero somos todos iguales. Comemos juntos en el bufé y somos sobre todo compañeros”

Ortega, que ha pasado la mayor parte de su vida intentando no llamar la atención, no ha conseguido su objetivo. Su pasión por la hípica y su matrimonio con Sergio Álvarez Moya, uno de los mejores jinetes del panorama nacional, la han catapultado a la prensa del corazón.

En este ambiente, discreto pero exclusivo, Marta Ortega ha ido creando su círculo de amistades. Jesús Garmendia, José Bono Jr, Athina Onassis, Carolina Aresu… “Hay mucho dinero en este deporte. Pero somos todos iguales. Comemos juntos en el bufé y somos sobre todo compañeros”, asegura Garmendia.

A Coruña, remanso de paz

En el Parrote, la zona del casco antiguo donde residen los Ortega, la información se filtra a cuentagotas: “A Amancio le he visto sacando al perro”, nos cuenta un vecino. “A Flori [la esposa de Amancio y madre de Marta] me la he encontrado con su nieto por los Jardines de Méndez Núñez”, asegura otro.

“La zona está controlada por agentes de seguridad vestidos de paisano”, explica un tercero. Pero de ella, ni rastro. “Le he hecho fotos en la cabalgata de Reyes y no le interesan a nadie”, comenta perplejo un fotógrafo.

“La ciudad respeta mucho a Inditex y a Ortega”

En la ciudad donde Amancio es un dios, muy poca gente sabe qué aspecto tiene su hija pequeña. Y eso, a pesar de que viven todos juntos en un edificio de cuatro plantas que mira hacia la dársena del puerto.

“Amancio fue comprando todos los pisos. El último que adquirió fue un local donde había una confitería”, cuenta un vecino. La casa tiene una fachada inferior de piedra y unos enormes y sobrios ventanales blancos.

Esta típica construcción coruñesa está acorralada por una carretera y no tiene jardín. Poco se sabe de lo que esconde en su interior, excepto que cuenta con una piscina climatizada. En las plantas bajas viven Amancio y Flora. En el ático Marta con su hijo y su marido.

“La ciudad respeta mucho a Inditex y a Ortega. Él siempre ha querido pasar lo más desapercibido posible”, explica una amiga de la familia.

Hay un anecdotario de Amancio Ortega que todo coruñés conoce: siempre viste camisa blanca o azul y pantalones chinos, acude a menudo al masajista del Hotel NH Atlántico, desayuna habitualmente en el Club Financiero rodeado del mismo grupo de colegas, conduce con frecuencia su propio coche hasta Inditex, donde aún acude a diario a pesar de estar jubilado.

El imperio “low cost”

De sus costumbres, todo. De la relación con su familia, muy poco. Porque Marta no es su única descendiente. Antes de enamorarse de Flora Pérez Marcote, una dependienta de Zara que había comenzado en las salas de planchado de Inditex, Amancio Ortega estuvo veinte años casado con Rosalía Mera, la mujer que le ayudó a crear su imperio.

Marta Ortega con su padre. EFE/CABALAR

Marta Ortega con su padre. EFE/CABALAR

El matrimonio tuvo dos hijos, Sandra y Marcos. Una situación familiar no siempre sencilla de la que la hija pequeña ha vivido completamente ajena.“Tuvo una infancia feliz. Nunca le faltó el cariño de sus padres y el de una familia grande.

Con los siete hermanos de su madre y sus abuelos pasa algunos domingos y muchos veranos en la aldea de Melide [en la Galicia más rural, en la provincia de A Coruña]. Aún se reúnen allí, bien en casa de algún familiar o en un restaurante.

Es una tradición que mantienen”, dice una persona de su entorno más cercano. En la educación de Marta, su abuela materna, de 86 años, ha tenido un papel muy importante: “Es una mujer con una personalidad fuerte y con las cosas muy claras. Crió ocho hijos y pasó mucho tiempo con su nieta.

Flora, la madre de Marta, tras ser dependienta se convirtió en una pieza esencial en el equipo de diseño de Zara y, como su marido, ha vivido volcada en Inditex. “La niña es físicamente igual que su madre y tiene la misma fuerza de voluntad que su padre. De todas maneras, es muy suya”, asegura un amigo de la familia que resume en cinco palabras la filosofía que Ortega ha transmitido a su hija: “Respeto, honestidad, humildad, sacrificio,sensibilidad.

Ni tímida, ni líder y muy buena amiga

Mientras sus padres se afanaban en crear el milagro Inditex, ella crecía en la tranquila zona de Zalaeta, un barrio con tantos empleados de Amancio Ortega por metro cuadrado que los vecinos lo apodaron “Zaraeta”.

Por las mañanas estudiaba en el colegio concertado de Santa María del Mar, un centro católico, de uniforme y misa semanal. “Fui su compañero desde párvulos hasta los quince años. Se relacionaba muy bien, pero siempre iba pegada a su prima.

No era nada tímida, aunque tampoco era una líder. Charlatana, pero también aplicada. Jamás la vimos como la hija de un señor muy rico. Había hijos de fortunas mucho menores, como el de un constructor gallego que llegaba al colegio en un Ferrari. A ella a veces venía a recogerla su madre y otras veces su institutriz, Brigitte. Era un personaje mítico. Una inglesa rubia con gafitas y pelo corto”, rememora un antiguo compañero.

Por las tardes, Marta practicaba judo, jugaba al baloncesto o aprendía a nadar en la piscina de la Sociedad Deportiva Hípica. Allí también comenzó su afición a los caballos. En este periodo hizo las amistades que aún conserva. “Es muy buena amiga. Siempre está ahí cuando tienes un problema. Lo pasamos muy bien juntos, paseamos por el centro de A Coruña —ahora también con su hijo—, salimos a cenar —le encanta la comida japonesa—, o vamos al cine.

Las cosas de siempre”, asegura una de sus íntimas, quien apunta como curiosidad lo mucho que le gusta a Marta leer a Paul Auster, Haruki Murakami o Irène Némirovsky. Entre las “cosas de siempre”, también se cuenta una tradición menos prosaica: todos los veranos invita a su círculo a navegar en un yate de 30 metros de eslora de su padre, el Valoria.

Una vida de altos vuelos

Con quince años Marta salió por primera vez de su zona de confort. Saltó de los paseos por el centro de su ciudad a las verdes praderas del Aiglon College, en Suiza. En este hermético internado, a los pies del Mont Blanc, han estudiado desde los hijos de Sofía Loren hasta miembros de la realeza británica.

Comparte con su marido el amor por la hípica. EFE/Cabalar

Comparte con su marido el amor por la hípica. EFE/Cabalar

La matrícula, entre 52.000 y 80.000 euros, incluye equipo de esquiar y forfait para toda la temporada. “Los alumnos se hospedan en ocho casas —cuatro para chicos, cuatro para chicas—, donde duermen, estudian, comparten y crecen”, nos cuenta Mark Silverstein, director de marketing del colegio.

Cada casa alberga alrededor de 50 estudiantes, entre los que se crean lazos para toda la vida. “Allí coincidió con una amiga catalana y sus días eran esfuerzo y estudio. El poco tiempo libre que tenía lo ocupaba montando a caballo”, relata un familiar.

En Aiglon cambió el gallego y el español por el inglés, el francés y el italiano: “Marta aprendió a apreciar lo que se deja atrás. Le atrajo mucho el reto de desenvolverse en un ambiente desconocido y multicultural”, continúa otra de sus íntimas. Y añade: “¿Si le costó salir de A Coruña? No, ni hablar, ella es muy de aquí, pero también muy independiente. Siempre dice que no le importaría volver a vivir en Londres, donde pasó unos años después de estudiar en Suiza.

Pero, en cualquier caso, nunca dejó de tener contacto con la ciudad”. De hecho, su novio de entonces era un coruñés, Joaquín Arias, hijo del dueño del Banco Pastor. Joaquín y Marta se conocían desde la infancia porque sus padres salían a menudo a navegar juntos. Al lado de Arias celebró su mayoría de edad en 2002, en una fiesta privada que ofreció en uno de los clubs nocturnos más cool de A Coruña, el Playa Club. “Me pidió que pinchase música internacional, porque había invitados de todo el mundo”, nos cuenta el encargado del local.

“En esa época también iban juntos a la fiesta del novato del Colegio Mayor San Pablo CEU y a las cenas de fin de curso a las que acudían los padres de los alumnos”, recuerda un amigo. Con Joaquín asistió a bodas, bautizos y funerales que tuvieron repercusión en la prensa local. Fue su debut como socialite. En Londres le costó más mantener su anonimato.

Cuando terminó su carrera en la European Business School, se puso a doblar camisas en un Zara de Oxford Street. Marta también iba a empezar desde abajo. Como su padre y su madre. Entonces se comenzó a hablar de ella como la clara sucesora de Amancio Ortega.

Todo el resto de trabajos está subordinado a esta experiencia. Es mucho trabajo físico pero es el lugar en el que se está en contacto con la moda y el cliente y de donde se sacan las conclusiones para el diseño. Me consta que a Marta le encantó esa experiencia”, explican desde el equipo que trabaja en la actualidad con ella.

Aunque vivía en el exclusivo barrio de Chelsea, acudía a fiestas de españoles que se organizaban en Great Portland Street. “Eran muy divertidas: pinchaban a Mecano y sorteaban un jamón”, comenta un testigo.

La tienda fue solo el principio, luego pasó a las oficinas londinenses y más tarde pasó una temporada en Milán. Su objetivo era ir subiendo puestos hasta llegar a niveles ejecutivos y regresar, después de su periplo internacional, con un excelente currículo a casa.

A una ciudad con un potente puerto pesquero, una importante tradición financiera y una industria textil que es un referente planetario, pero al fin y al cabo, una localidad de 250.000 habitantes con los usos y costumbres de cualquier ciudad de provincias. A Coruña versus el mundo.

Amor entre caballos

En febrero de 2012, Marta Ortega contrajo matrimonio en la capilla del pazo de su padre. Una construcción tradicional gallega situada en Anceis, muy cerca de Arteixo. “Marta no es nada extravagante. Podría haber celebrado su enlace en cualquier parte del mundo, pero lo hizo aquí, con su gente y sin ningún revuelo”, dice una amiga íntima.

A su entrada al Hotel Finisterre, en una fiesta con los invitados de su boda. EFE/ Cabala

A su entrada al Hotel Finisterre, en una fiesta con los invitados de su boda. EFE/ Cabala

Después de un noviazgo de dos años con el jinete catalán Gonzalo Testa, Marta empezó a salir con el asturiano Sergio Álvarez Moya, el mejor jockey de España y uno de los más destacados de Europa.

Él se convertiría en su marido: “Conozco a Sergio desde que era un niño. Es talento puro. Tiene mucha seguridad en sí mismo y es muy fuerte mentalmente. Controla bien la presión y es muy optimista”, dice el jinete Jesús Garmendia, buen amigo de la pareja.

Álvarez Moya, se crió, como Marta, en una ciudad pequeña y en un entorno empresarial. Su padre hizo dinero con las máquinas tragaperras y luego diversificó su negocio en el sector inmobiliario.

Como Marta, de niño frecuentaba el club hípico local y desde allí dio el salto a Holanda y Bélgica, mecas de este deporte. Sus amigos nos cuentan que Sergio es una persona carismática, con las ideas claras y madera de líder. Y además muy divertido.

A pesar de sus evidentes dotes, sobre él se cierne una duda. Muchos se preguntan si sus excelentes resultados se deben a los caballos que se puede permitir gracias a la fortuna de su esposa.

Garmendia lo desmiente. “¿Acaso los coches que conduce Fernando Alonso son suyos? No. Son de un espónsor. En la hípica es igual. En el caso de Sergio hay caballos que son de Marta [su suegro le compró un purasangre de 12 millones de euros]. Pero cuando vivía en Holanda montaba caballos de diferentes propietarios y ya era excelente”.

El lujo discreto

Garmendia y su esposa, la soprano Ainhoa Arteta, fueron una de las parejas más mediáticas que asistieron al enlace de Marta y Sergio, que si destacó por algo fue por el anonimato de sus invitados. Arteta interpretó para la novia el Ave María de Schubert pero “no había apenas celebrities. Era un círculo muy cercano y privado”, asegura Johann Wald, presentador de la MTV y pinchadiscos de los festejos. Compañeros de trabajo, de estudios y familiares. ¿Nada que ver con la boda que celebraron Brad Pitt y Angelina Jolie? Puede. ¿Austera? Tampoco.

En la fiesta celebrad el día anterior al enlace, sirvió personalmente el catering el hermano de Ferran Adrià, Albert. Veinte maquilladores (alguno de los que trabajan con Kate Moss) volaron desde Madrid hasta Galicia para ponerse a disposición de los invitados. El altar era obra del indio Anish Kapoor, uno de los escultores más influyentes del mundo, cuyas obras se han llegado a valorar en 23millones de euros. La decoración corrió a cargo del interiorista holandés Axel Vervoordt, el no va más en los círculos aristocráticos.

En una de sus pocas infidelidades a Inditex, Marta pidió que su amigo Narciso Rodríguez diseñase su vestido. Un equipo de profesionales viajó desde Nueva York para maquillar y peinar a la novia. Y los invitados bailaron al ritmo del dj Mark Ronson, productor de Amy Winehouse.

Después de los paisajes exóticos de Camboya y las espectaculares playas de Australia, donde pasaron su luna de miel, la pareja regresó a la rutina de A Coruña. Ambos retomaron sus obligaciones. La de Marta, acudir a Inditex. La de Sergio, entrenarse en Casas Novas.

Un nuevo Amancio

“Le encantan los niños. En los campeonatos siempre es la más cariñosa con ellos”

Al poco tiempo llegó su primer hijo. “Es sin duda la mejor experiencia de Marta. Desde que nació saca horas de donde no las hay y dice que la vida le ha cambiado a mejor. Que es lo único verdaderamente importante”, cuenta una amiga íntima.

La amazona Carolina Aresu, matiza: “Le encantan los niños. En los campeonatos siempre es la más cariñosa con ellos”. A pesar de todo, la empresa que fundó su padre sigue siendo una prioridad. De hecho, regresó al trabajo antes de que terminara su baja de maternidad. El niño, cómo no, se llama Amancio.

Marta Ortega compañada de su marido, Sergio Álvarez Moya, y su hijo. EFE/Cabalar

Marta Ortega compañada de su marido, Sergio Álvarez Moya, y su hijo. EFE/Cabalar

“Marta es muy tenaz, muy disciplinada y muy responsable. Ella conoce sus carencias y con el poco tiempo que tiene para entrenarse pule sus defectos”, asegura Garmendia. Dedicarse a este deporte no resulta fácil. “Esta es una vida de feriante. Se viaja mucho. Un fin de semana estás en Ginebra, otro en Helsinki, otro en Verona.

No pasas más de quince días en el mismo sitio”, explica José Bono Jr. El hecho de que Marta ya no acompañe siempre a su marido desató los rumores de separación hace meses, aunque la pareja parecía hacer la vida de siempre.

Sin embargo, estas Navidades ya no han transcurrido como todos los años.

 

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