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Michael Fassbender, un templario muy guapo

Michael Fassbender es uno de los mejores actores de su generación, además del más guapo

Madrid, dic (EFE).- En apenas ocho años se ha convertido en el mejor actor de su generación. Ahora Michael Fassbender se la juega como productor de “Assassin’s Creed”, adaptación al cine del famoso videojuego que aborda el eterno conflicto entre poder, ejercido por los templarios, y libre albedrío, que defienden los ‘assassins’.

Michael Fassbender, guapo

“Una de las tramas se desarrolla durante la Inquisición en España y se plantea la cuestión de si era simplemente una persecución religiosa o había algo político detrás”, explicó hoy el actor a Efe.

Fassbender guapo

El actor germano-irlandés, Michael Fassbender (i), y la actriz sueca Alicia Vikander (d) a su llegada al estreno de “La luz entre los océanos” (“The Light Between Oceans”) durante la 73ª edición del Festival de Venecia, en Italia hoy, 1 de septiembre de 2016. Ambos son pareja. EFE/ETTORE FERRARI

“Hoy siguen existiendo disputas religiosas, pero el corazón de todos los conflictos siempre es económico”, añadió.

Eso sí, si hoy los ‘assassins’ tuvieran que luchar contra algo, el actor que ha sido Magneto, Steve Jobs o Macbeth lo tiene claro: “Lucharían contra la gente que explota y manipula a los demás, contra el racismo y la xenofobia, defenderían los derechos humanos”.

Acompañado por Marion Cotillard y el director Justin Kurzel (“Macbeth”) ha presentado en Madrid un filme que, más allá de la espectacularidad y la acción, invita a reflexionar sobre las relaciones de poder y los conflictos.
Aunque el año pasado ya produjo el ‘western’ “Slow West”, “Assassin’s Creed” supone su salto a la primera división, con un presupuesto que ha rondado los 200 millones de dólares y el soporte añadido de popularidad de uno de los videojuegos más vendidos de los últimos años.

Ajeno a la “maldición” de que las grandes sagas de videojuegos no han aportado hasta ahora títulos memorables al cine, el intérprete de origen alemán y norirlandés, dos veces nominado al Óscar, se dejó seducir por la idea de la trama sobre la memoria genética que permite viajar a los recuerdos de los antepasados.

“Mi vida es muy simple, paso tiempo con mi familia y mis amigos y con ellos no utilizo ningún poder de seducción”, dice el actor

En la ficción, el actor interpreta a Callum Lynch, un reo condenado a muerte que, gracias a una revolucionaria tecnología que desbloquea los recuerdos del ADN, vive las aventuras de su ancestro español Aguilar de Nerja, miembro de una misteriosa sociedad secreta, los ‘assassins’, que se enfrenta a los templarios.

“Los templarios son miembros destacados de la sociedad, ricos poderosos que creen en la ciencia, pero también creen que algunos humanos valen más que otros y que algunos merecen ser esclavos; eso puede ser una visión extrema del mundo de hoy, o quizá no”, sugiere.

Algo más explícito, Justin Kurzel, sostiene que el mundo no ha cambiado tanto y que “a través del capitalismo y del consumismo seguimos siendo esclavos en cierta medida, con pocas opciones para la elección individual”.

Kurzel, que adaptó a Shakespeare en “Macbeth”, filme que reunió por primera vez a Fassbender y Cotillard, tiene una voluntad autoral y reflexiva que aflora también en “Assassin’s Creed”, junto a su potente sugestión visual.

Aunque esencialmente se trata de una película masculina, Marion Cotillard defendió hoy en Madrid la fuerza de los papeles femeninos, tanto el suyo, la científica que maneja el programa de regresión temporal, el Animus, como el de Ariane Labed, que es “la mentora” de Aguilar de Nerja.

“Son papeles interesantes, con una fuerte emotividad detrás, alejadas de clichés”, aseguró, mientras Fassbender le echaba un capote: “A menudo vemos en el cine que los papeles femeninos sirven para facilitar los masculinos, pero este no es el caso, aquí cada uno tiene sus objetivos diferentes”.
Preguntados por la etapa histórica a la que les gustaría viajar si dispusieran de una máquina como Animus, Fassbender opta por “tiempos bíblicos”, mientras que a Cotillard le interesa cualquier época en la que despuntara el humanismo y la filosofía.
“Me gustaría asistir a las primeras discusiones filosóficas, en Stonehenge, o viajar al Siglo de las Luces. En general me gustaría entrar en esos círculos filosóficos masculinos y averiguar dónde estaban las mujeres entonces”, ha señalado.

Hablando de poderes, Fassbender eludió las preguntas sobre su evidente poder de seducción que lo sitúa en lo más alto de las listas de los actores más deseados.

“Yo no lo veo, creo que son proyecciones de los demás. Mi vida es muy simple, paso tiempo con mi familia y mis amigos y con ellos no utilizo ningún poder de seducción”, afirma. “Solo cuando quiero conseguir algo”, precisa, y expande su arrebatadora sonrisa. EFE

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Madrid, dic (EFE).- En apenas ocho años se ha convertido en el mejor actor de su generación. Ahora Michael Fassbender se la juega como productor de “Assassin’s Creed”, adaptación al cine del famoso videojuego que aborda el eterno conflicto entre poder, ejercido por los templarios, y libre albedrío, que defienden los ‘assassins’.

Michael Fassbender, guapo

“Una de las tramas se desarrolla durante la Inquisición en España y se plantea la cuestión de si era simplemente una persecución religiosa o había algo político detrás”, explicó hoy el actor a Efe.

Fassbender guapo

El actor germano-irlandés, Michael Fassbender (i), y la actriz sueca Alicia Vikander (d) a su llegada al estreno de “La luz entre los océanos” (“The Light Between Oceans”) durante la 73ª edición del Festival de Venecia, en Italia hoy, 1 de septiembre de 2016. Ambos son pareja. EFE/ETTORE FERRARI

“Hoy siguen existiendo disputas religiosas, pero el corazón de todos los conflictos siempre es económico”, añadió.

Eso sí, si hoy los ‘assassins’ tuvieran que luchar contra algo, el actor que ha sido Magneto, Steve Jobs o Macbeth lo tiene claro: “Lucharían contra la gente que explota y manipula a los demás, contra el racismo y la xenofobia, defenderían los derechos humanos”.

Acompañado por Marion Cotillard y el director Justin Kurzel (“Macbeth”) ha presentado en Madrid un filme que, más allá de la espectacularidad y la acción, invita a reflexionar sobre las relaciones de poder y los conflictos.
Aunque el año pasado ya produjo el ‘western’ “Slow West”, “Assassin’s Creed” supone su salto a la primera división, con un presupuesto que ha rondado los 200 millones de dólares y el soporte añadido de popularidad de uno de los videojuegos más vendidos de los últimos años.

Ajeno a la “maldición” de que las grandes sagas de videojuegos no han aportado hasta ahora títulos memorables al cine, el intérprete de origen alemán y norirlandés, dos veces nominado al Óscar, se dejó seducir por la idea de la trama sobre la memoria genética que permite viajar a los recuerdos de los antepasados.

“Mi vida es muy simple, paso tiempo con mi familia y mis amigos y con ellos no utilizo ningún poder de seducción”, dice el actor

En la ficción, el actor interpreta a Callum Lynch, un reo condenado a muerte que, gracias a una revolucionaria tecnología que desbloquea los recuerdos del ADN, vive las aventuras de su ancestro español Aguilar de Nerja, miembro de una misteriosa sociedad secreta, los ‘assassins’, que se enfrenta a los templarios.

“Los templarios son miembros destacados de la sociedad, ricos poderosos que creen en la ciencia, pero también creen que algunos humanos valen más que otros y que algunos merecen ser esclavos; eso puede ser una visión extrema del mundo de hoy, o quizá no”, sugiere.

Algo más explícito, Justin Kurzel, sostiene que el mundo no ha cambiado tanto y que “a través del capitalismo y del consumismo seguimos siendo esclavos en cierta medida, con pocas opciones para la elección individual”.

Kurzel, que adaptó a Shakespeare en “Macbeth”, filme que reunió por primera vez a Fassbender y Cotillard, tiene una voluntad autoral y reflexiva que aflora también en “Assassin’s Creed”, junto a su potente sugestión visual.

Aunque esencialmente se trata de una película masculina, Marion Cotillard defendió hoy en Madrid la fuerza de los papeles femeninos, tanto el suyo, la científica que maneja el programa de regresión temporal, el Animus, como el de Ariane Labed, que es “la mentora” de Aguilar de Nerja.

“Son papeles interesantes, con una fuerte emotividad detrás, alejadas de clichés”, aseguró, mientras Fassbender le echaba un capote: “A menudo vemos en el cine que los papeles femeninos sirven para facilitar los masculinos, pero este no es el caso, aquí cada uno tiene sus objetivos diferentes”.
Preguntados por la etapa histórica a la que les gustaría viajar si dispusieran de una máquina como Animus, Fassbender opta por “tiempos bíblicos”, mientras que a Cotillard le interesa cualquier época en la que despuntara el humanismo y la filosofía.
“Me gustaría asistir a las primeras discusiones filosóficas, en Stonehenge, o viajar al Siglo de las Luces. En general me gustaría entrar en esos círculos filosóficos masculinos y averiguar dónde estaban las mujeres entonces”, ha señalado.

Hablando de poderes, Fassbender eludió las preguntas sobre su evidente poder de seducción que lo sitúa en lo más alto de las listas de los actores más deseados.

“Yo no lo veo, creo que son proyecciones de los demás. Mi vida es muy simple, paso tiempo con mi familia y mis amigos y con ellos no utilizo ningún poder de seducción”, afirma. “Solo cuando quiero conseguir algo”, precisa, y expande su arrebatadora sonrisa. EFE

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