• Millonarias y joyas, atracción fatal
  • mas infoMaría Callas fue una gran cantante y también una gran coleccionista de joyas. En la imagen, junto a Aristóteles Onassis en una fiesta en Londres en 1959. EFE/MGMaría CallasMaría Callas fue una gran cantante y también una gran coleccionista de joyas. En la imagen, junto a Aristóteles Onassis en una fiesta en Londres en 1959. EFE/MG
Millonarias y joyas, atracción fatalMaría Callas fue una gran cantante y también una gran coleccionista de joyas. En la imagen, junto a Aristóteles Onassis en una fiesta en Londres en

Millonarias y joyas, atracción fatal

María Callas, Wallis Simpson o Bárbara Hutton, son un ejemplo de la amplia nómina de coleccionistas de joyas que ha alumbrado el siglo XX.

Madrid, abr (EFE).- Muchas mujeres han quedado prendadas del brillo de una joya, aunque solo aquellas con una acaudalada cuenta bancaria han tenido la oportunidad de transformar esa atracción fatal, en colecciones que poco o nada tienen que envidiar, en historia y diseño, a las mejores pinacotecas del mundo.
El derrocamiento de varias monarquías a principios del siglo XX y el nacimiento de una nueva escena social tras las dos guerras mundiales, convirtió al siglo XX en el sustrato perfecto para que una serie de adineradas mujeres y apasionadas por las joyas dieran rienda suelta a su afición.

 

Foto de María Callas posando con varias de las joyas que solía llevar durante sus actuaciones.EFE/MG

Foto de María Callas posando con varias de las joyas que solía llevar durante sus actuaciones.EFE/MG

“Objeto de belleza y deseo, una joya es fiel reflejo de la personalidad, estilo de vida y gusto de su dueño”, aseguran Stefano Papi y Alexandra Rhodes, autores de el libro “20th Century Jewelry & The Icons of Style” (Thames and Hudson), una edición que retrata y analiza la personalidad y colecciones de mujeres como María Callas, Wallis Simpson, Sita Devi de Baroda o Bárbara Hutton.

Una de las cuestiones más curiosas que desvela esta edición es la dinámica de venta, reutilización e intercambio de piezas entre las coleccionistas y los joyeros. Y es que las joyas son un bien demasiado valioso como para que su estilo pase de moda y permanezcan olvidadas en el joyero.
Entre los casos más llamativos se encuentra el magnífico collar de esmeraldas y diamantes que lució Wallis Simpson elaborado por Harry Winston a partir de dos tobilleras que pertenecieron a Sita Deva Baroda. Cuando ambas propietarias coincidieron en un baile en París, la primera dueña le contó a la segunda como esas esmeraldas solían adornar sus tobillos, un detalle que no gustó nada a la altiva duquesa De Windsor.

Wallis Simpson, fotografía de Cecil Beaton, con parte de sus joyas/ Imagen cedida por Sotheby's/EFE

Wallis Simpson, fotografía de Cecil Beaton, con parte de sus joyas/ Imagen cedida por Sotheby’s/EFE

El gusto aristocrático de una plebeya

Difícil de describir, la colección de Wallis Simpson combina piezas de formato gradilocuente escogidas por un hombre que nunca pudo ser rey (Eduardo VII) combinado con alguna de las piezas más innovadoras del S.XX. Estadounidense y para más inri divorciada, Simpson fue la mujer por la que el duque de Windsor rechazó el trono, y además, una de las más selectas aficionadas a las joyas.

Ambos sentían predilección por la imaginación y creatividad de los hermanos Cartier. De hecho, durante su secreto “affaire”, se regalaron mutuamente numerosas joyas de esta firma con inscripciones como “too tight” (muy fuerte).

Una vez casados, adquirieron maravillosas piezas, entre las que destacan un collar de amatistas y turquesas moradas realizado por Cartier, que marcó estilo en la época, o un doble collar de perlas de Van Cleef and Arpels realizado a partir de otras piezas antiguas, entre ellas un collar de la Reina María de Inglaterra.

Barbara Hutton con un collar de jade en 1933/EFE/ Imagen cedida por Thames and Hudson

Barbara Hutton con un collar de jade en 1933/EFE/ Imagen cedida por Thames and Hudson

Joyas de “Pobre niña rica”

Bárbara Hutton, nieta del fundador de Woolworth, fue también una de las más famosas coleccionistas y probablemente la más particular. Siete matrimonios, el suicidio de una madre a la que apenas conocía y que le dejó una fortuna de 50 millones de dólares (1933) y su muerte en la pobreza, han dado como resultado un personaje que ha trascendido el tiempo.Aunque falleció con apenas 3.000 dólares en su cuenta corriente, adicta a los barbitúricos y al alcohol, logró mantener hasta el final gran parte de las joyas que coleccionó y que en muchas ocasiones regalaba a gente desconocida.

Tenía un gusto “clásico y sofisticado” por las joyas y entre sus piezas más famosas se encuentran un magnífico collar de perlas que perteneció a María Antonieta -formada por 53 esferas-, el diamante Pasha en formato anillo, o una tiara de esmeraldas que en su día pertenecieron a la colección de María Pavlovna.

La soprano de las joyas

Callas atesoró a lo largo de su vida un gran número de éxitos sobre el escenario y también en su joyero. Por cada una de las interpretaciones magistrales en lo más alto de su trayectoria su marido, el rico Giovanni Battista Meneghini, solía regalarle una pieza de joyería.
Su repertorio puede ser analizado a través de su rico y brillante joyero: un collar y pulsera de diamantes y rubíes en rojo y blanco corresponde al éxito de “Medea”, mientras que un anillo (con una gema de 37.56 quilates) y el collar de esmeraldas y diamantes se debe al éxito en la Scala de Milán con “La Traviata”.
Tras su fallecimiento, la mayor parte de las joyas de “La Divina“, como solían llamarla dentro y fuera del escenario, fueron subastadas por Sotheby’s, consiguiendo un récord.

Subasta de joyas pertenecientes a María Callas/EPA/KARL MATHIS

Subasta de joyas pertenecientes a María Callas/EPA/KARL MATHIS

Sita Devi de Baroda, la “Wallis Simpson de la India”

Casada en segundas nupcias con el Maharaja of Baroda, fue conocida como la “Wallis Simpson de la India”. Su basta colección de joyas en realidad pertenecía a su marido el Marajá de Baroda, quien tenía especial predilección por los collares de perlas y las piedras preciosas de gran formato.
Su pieza más famosa fue el “Collar de Perlas de Baroda”, con ocho vueltas, aunque también levantó mucha expectación la grandilocuente alfombra Baroda, un mosaico datado del siglo XIX y formada por cerca de un millón de perlas de Basra, rubíes, diamantes, zafiros y esmeraldas.

Collar de Wallis Simpson realizado por Van Cleef & Arpels, el collar del interior fue un regalo de la Reina María a Eduardo VIII./EFE/Imagen cedida por Thames and Hudson

Collar de Wallis Simpson realizado por Van Cleef & Arpels, el collar del interior fue un regalo de la Reina María a Eduardo VIII./EFE/Imagen cedida por Thames and Hudson

Con la llegada de la independencia a su país, el nuevo gobierno indio quiso desligarse de la antigua clase aristócrata y les obligó a devolver parte de los tesoros que habían obtenido durante su reinado. Distanciados por el paso del tiempo la pareja se divorció, y tras la muerte del ambos las joyas que les hicieron famosos aparecen y desaparecen del mercado de subastas.

Estas cuatro coleccionistas no han sido las únicas, Daisy Fellowes, la condesa Mona Bismark o Merle Oberon, completan la nómina de las más ávidas coleccionistas de joyas del siglo XX, cuyo gusto quizá no ha sido suficientemente valorado al ser las joyas objetos ornamentales tradicionalmente asociado a la frivolidad, y pocas veces con el diseño y la historia. EFE

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