• Compartir secretos de belleza, anécdotas y viejas historias alrededor del té es habitual en las reuniones entre saharauis. EFE/ AapspCompartir secretos de belleza, anécdotas y viejas historias alrededor del té es habitual en las reuniones entre saharauis. EFE/ Aapsp
  • ropa saharaLas saharauis son mujeres muy comprometidas con la realidad política de su país. EFE/ Aapsp
  • ropa saharaOccidentales y saharauis mantienen un vínculo tácito que les une como mujeres más allá de la cuestión cultural. EFE/ Aapsp
  • La conversación en torno al té es el único divertimento en una tierra donde no crece prácticamente nada. EFE/ Aapsp
Compartir secretos de belleza, anécdotas y viejas historias alrededor del té es habitual en las reuniones entre saharauis. EFE/ AapspLas saharauis son mujeres muy comprometidas con la realidad política de su país. EFE/ AapspOccidentales y saharauis mantienen un vínculo tácito que les une como mujeres más allá de la cuestión cultural. EFE/ AapspLa conversación en torno al té es el único divertimento en una tierra donde no crece prácticamente nada. EFE/ Aapsp
La vida entre arena

Ropa del Sáhara, el estilo del desierto

Las saharauis marcan estilo en el desiertose con “melhfas” o telas de colores e imitando algunas modas occidentales, aunque son fieles a sus tradiciones

Madrid,  (EFE).- Las mujeres saharauis llevan el estilo al desierto en los campamentos de Tinduf (Argelia) son guerreras que sobreviven en un desierto hostil que les reseca la piel y el alma. En un destierro político que comenzó en 1975, las saharauis visten pantalón vaquero, administran la economía doméstica e imitan las modas occidentales.

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Dos chicas saharauis posan muy sonrientes. EFE/ Aapsp

El árido terreno de la “Hamada”, como se conoce a este desierto pedregoso, perfecciona una estampa decadente de casas de adobe, “jaimas” y horizonte infinito, donde las cabras comen cartón mojado y los niños corren descalzos persiguiendo ilusiones ópticas.

El marrón lo domina todo, hasta que aparecen las mujeres con sus “melhfas” rojas, amarillas y azules para colorear este bucólico lienzo que vibra cada vez que una musulmana saharaui emite un “zaghareet” o grito de alegría. Entonces, la soledad del desierto atenúa su imponente presencia, las nubes se dispersan raudas y el pueblo sonríe.

Las mujeres saharauis llevan el estilo al desierto y colorean los paisajes con sus vestidos

La paleta saturada de sus vestidos, que resultan del entrelazado de esa tela llamada “melhfa”, vivifica una tierra estéril que se ha convertido en un refugio obligado durante casi 40 años, desde que Marruecos ocupara el Sáhara Occidental en 1975. Desde entonces, las saharauis tomaron conciencia de su situación política y todavía hoy “luchan por cambiarla”, explica Salima, una saharaui de 20 años.

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Las bellas mujeres saharauis restan soledad al desierto. EFE/ Aapsp

Salima vive en España desde los 14 años, pero no olvida quién es ni de dónde procede, y rememora las costumbres de sus compatriotas “con mucho orgullo”, confirma en una entrevista con Efe Estilo.

Las saharauis usan pantalones vaqueros debajo de las “melhfas” y anhelan comodidades modernas que nunca han tenido y que conocen por los testimonios de las europeas que les visitan, pero a la vez blindan tradiciones propias como el antiguo ritual de la “henna“.

La “henna” es un ritual muy antiguo entre las saharauis, y uno de los símbolos de belleza más importantes de este pueblo musulmán

La “henna” es “uno de los símbolos de belleza más importantes y antiguos de la mujer saharaui”, afirma Salima: “Solo las mujeres casadas pueden lucir los tatuajes de ‘henna’ (tinte natural rojizo) en pies y manos”, donde se dibujan complejos laberintos geométricos o florales que son puro exotismo.

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Tatuajes de henna con formas geométricas y florales. EFE

El ritual de la “henna” se convierte en una fiesta donde la cuestión estética es una excusa para que hijas, madres y abuelas se pongan al tanto de los últimos cotilleos y compartan viejas y nuevas historias que se inscriben así en la memoria familiar con una caligrafía más exacta que si se redactasen. Es la supervivencia de una Historia, la suya,  que se transmite entre generaciones.

Las saharauis se encargan de administrar la economía doméstica y son bastante independientes respecto a otras culturas musulmanas, pero necesitan el visto bueno de los hombres en cualquier medida que modifique sustancialmente su vida, “como un casamiento”.

La mujer elige a su marido, “pero el padre debe dar su consentimiento”, explica un miembro de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui, Mariano Peláez, quien “interrogó” a varias mujeres durante su último viaje a los campamentos, hace escasas semanas.

La ropa del Sahara, felicidad inmaterial del desierto

Varias jóvenes le mostraron abiertamente su mundo, cómo se cuidan, cuáles son sus preocupaciones y qué obstáculos deben superar cada día para adquirir compresas o productos para el cuidado de su piel y de su pelo: “Son extremadamente coquetas”, afirma Peláez.

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Las “melhfas” son las telas que las saharauis entrelazan para formar un vestido. EFE/ Aapsp

Las occidentales que viajan a los campamentos surten a las saharauis de cremas, complementos, ropa y lencería pero, a cambio, reciben un premio mucho mayor, ya que aprenden “el sentido de la felicidad inmaterial“. Entre ellas se produce una complicidad tácita que les une como mujeres más allá de la cuestión cultural.

Las mujeres del desierto protegen su piel del sol y su ideal es tener la piel blanca. Además, no se cortan el pelo jamás.

Los secretos de belleza vinculan a unas y otras. Las saharauis sorprenden a las europeas con su ideal de tener la piel clara y con ciertas costumbres como “no cortarse el pelo jamás”, afirma Salima.

Las viajeras que llegan a los campamentos relatan a las nativas un universo femenino que poco tiene que ver con su forma de vida, y aunque las bocas se abren cuando una occidental testifica la presencia de centros comerciales, piscinas y discotecas en la vida moderna las saharauis saben que toda esa existencia vacua no puede sustituir el placer de la familia reunida en torno al ritual del té.

Y entre incontables tazas de té, “algunas amargas como la vida, otras dulces como el amor o suaves como la muerte”, reza un refrán árabe, el tiempo se dilata cada vez más en una tierra de paso donde la belleza de estas mujeres produce en el viajero el espejismo de un oasis en pleno desierto.   Todo el que visita alguna vez el Sáhara queda embrujado para siempre. EFE.

 

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