Rompiendo estereotipos

María Oswald, una nonagenaria en la Fórmula 1

María Oswald, de 92 años, cumplió uno de sus sueños al acudir al Gran Premio de Fórmula 1 celebrado en Barcelona

María Oswald, una nonagenaria en la Fórmula 1

Barcelona (EFE).- Con 92 años, aún le quedaba un deseo por cumplir: presenciar una carrera de Fórmula 1. El corazón de María Oswald (Zúrich, 1921) es un búnker contra la melancolía, y el secreto que le mantiene el espíritu joven consiste en “no dejar nunca de soñar”, ha confesado en una entrevista a EFEstilo.

Oswald nació en el seno de una familia de clase media y por sus ojos ha desfilado la Historia: fue testigo de la II Guerra Mundial y, sin embargo, el hecho de nacer en Suiza (país neutral) le preservó de los horrores de aquel conflicto bélico.

Aún así, siempre ha sido una persona “muy sensible” con su entorno, próximo y no tan próximo: su “mayor empeño” en la vida es hacer feliz a todas las personas que le rodean, confiesa con esa sonrisa que nunca le abandona. También piensa en ella misma, sobre todo, a la hora de “ir a la moda”, y no descuida los complementos para lucir “siempre guapa”, como las joyas.

Ir a la moda

María Oswald vive “para hacer felices a los demás”

Su pasión siempre han sido los coches y, por este motivo, convenció a su nieto Roman Frischknecht para que le acompañara al Gran Premio de Fórmula 1 que tuvo lugar hace 15 días, en Barcelona: juntos acudieron con mucha “emoción” a las carreras y, una vez en Montmeló, la ilusión hizo que Oswald pareciese una niña con zapatos nuevos. Para más regocijo ganó su piloto favorito, Fernando Alonso.

Visita a Barcelona

A la nonagenaria le apasiona la adrenalina de la Fórmula 1

Su visita a España le ha dejado un buen sabor de boca; “la amabilidad” de la gente y la “fabulosa” comida han tenido buena culpa de ello. Además, la Ciudad Condal le ha fascinado por sus “preciosos” edificios y, acompañada de algún que otro “martini”, ha procurado informarse sobre la cultura y el estilo de vida españoles.

Su nieto, Roman Frischknecht, buceador comercial y embajador de la marca de relojes Oris, explica que ha heredado de ella el gusto por los deportes de riesgo: “Nos encanta la velocidad”.

A su abuela, el tenis le parece “demasiado lento”, bromea, así que cada domingo se pone frente al televisor para sentir la emoción y la adrenalina de la Fórmula 1: “No se pierde ni una carrera”.

El secreto de María Oswald es sonreír

Además, dice que el secreto de que su abuela parezca “una chiquilla” es que no para de sonreírle a la vida y afronta el día a día con una vitalidad “envidiable”. Y es que María Oswald es “prácticamente incombustible”, opina quien bien la conoce.

“A veces”, dice Oswald, también hago “cosas de mi edad”, como ganchillo y crucigramas. La moda siempre le ha interesado, como consecuencia de su trabajo como costurera en la compañía suiza de ropa interior Sawaco, donde se dedicó en su juventud a la confección de tejidos de punto.

En sus ratos libres, bailaba sambas y tangos en un salón, y esta inclinación por responder a los problemas con un buen movimiento de caderas ha sido la mejor receta para llegar a los 92, aunque, según dice, la artrosis le da “algún que otro disgusto”: “¡Será cosa de la edad!”, presupone irónica. EFE.

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