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Pezoneras, el último grito en lencería minimalista

Pequeño, divertido y funcional, el pezón quiere hacer carrera como modelo y ya no le basta compartir armario con el resto del abultado busto femenino. El extremo bronceado donde termina el seno exige un acceso democrático a su propia ropa de cama, y el Salón de la Lencería de París parece haber escuchado sus plegarías

París, 2 feb (EFE).- Unas 15.000 personas han podido sondear en el reciente Salón de la Lencería de París las últimas tendencias en moda íntima femenina, como el declive del tanga, el resurgir de los “bodies”, la predilección por las prendas cómodas y el nuevo “boom” del pijama.

Pero el invitado estrella de la edición de 2016 de la que presume de ser la feria de bragas y sujetadores más importante del mundo ha sido un accesorio minimalista que hasta hace muy poco se reservaban -casi en exclusiva- las divas del strip-tease y las mamás en periodo de lactancia: las pezoneras.

Las pezoneras, el último grito en el Salón de la Lencería de París

EFE/Cedida por la marca Fräulein Kink,

Ese complemento para coronar y embellecer los senos consiste, generalmente, en dos pequeñas pegatinas que se colocan sobre la aureola del pezón, y que profundizan en el creciente interés por la moda en diminuto, como ya hicieran las joyas para las uñas, para los pies o los tobillos.

Para un strip-tease casero

Se inspiran en el arte del strip-tease, en el burlesque y en el éxito de la saga literario-cinematográfica “50 sombras de Grey”, que tantos códigos ha prestado últimamente a los universos de la ropa íntima femenina y del erotismo.

Parece que el origen de las pezoneras, también llamadas “pasties” o “nippies”, se remonta a los “locos” años treinta, cuando en algunos pueblos de Francia arrestaban por exhibicionismo a las alegres bailarinas que mostraban sus pechos completamente desnudos.

Las pezoneras, el mayor éxito del Salón de la lencería de París

EFE/Cedida por la marca Fräulein Kink,

De ahí la invención de una argucia que, técnicamente, oculta el extremo del seno ante las miradas inquisidoras, pero sin restar sensualidad al arte de desvestirse. Y como no hay nada más viejo que las novedades, si hace un siglo había quien se ofendía al ver un pecho desnudo y respingón, las costumbres no han cambiado en las redes sociales de Internet: la campaña #FreeTheNipple persigue que Facebook o Instagram no censuren las imágenes con pezones femeninos explícitos.

El caso es que el pezón, también en formato digital, goza de un momento de inusitada popularidad y se ha abierto camino hasta conseguir su propio vestuario con las pezoneras (o cubrepezones), que en el siglo XXI han saltado de la clandestinidad de los sex-shops y al anticlímax de las tiendas de ropa para mamá hasta las elegantes alfombras rojas, para que los fotógrafos no puedan desvelar todos los secretos de transparencias que lucen las “celebrities”.

Caja con pezoneras, lo último en moda de ropa interior

EFE/Cedida por la firma Bijoux Indiscrets

Y se ha ido abriendo camino, hasta alcanzar su momento de mayor gloria en las colecciones de firmas como Maison Close, donde prima el erotismo de gama alta, o Fräulein Kink, donde el atrevimiento se mezcla con la travesura.

La casa Diamor, por su parte, cultiva el clasicismo y Bijoux Indiscrets juega con los materiales y añade plumas alrededor de los pezones, mientras que la letona Flash You and Me combina la comodidad del algodón con la transgresora inspiración en los arneses y otros artefactos relacionados con la cultura del “bondage” y, de nuevo, con las “50 sombras de Grey”.

Caja con pezoneras, lo último en moda de ropa interior

EFE/Cedida por la firma Fräulein Kink,

Propuestas animadas en un sector, el de la lencería, que saca pecho a pesar de la crisis económica y que presume de haber progresado en Francia un 1,7 % en el último año.

“El mercado de la lencería se ha comportado mejor que el de la moda. En períodos de crisis, a menudo no apetece mostrar que se tiene poder adquisitivo y, como no se ve, es un mercado en el que siguen invirtiendo las mujeres”, que gastan 188 euros de media al año en prendas íntimas, según las cuentas de la directora del Salón de la Lencería de París, Taya de Reyniès. EFE

 

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