Pon un Jeff Koons en tu armario

Pon un Jeff Koons en tu armario

El Pompidou dedica una retrospectiva a Jeff Koons, pero aún así, el más mediático de los artistas contemporáneos, no renuncia a lo escaparates.

París, dic (EFE).- Jeff Koons, el de los perros de plástico gigantes, era un artista frustrado que a principios de los ochenta trabajaba como corredor de Bolsa en Wall Street. En 1991 se casó con Cicciolina, la excentricidad con tetas, y aplicó al arte contemporáneo lo que había estudiado en el Instituto de Arte de Chicago y en el Colegio de Arte de Maryland: los conceptos del consumismo y el marketing que aprendido vendiendo bonos y acciones. Con un marcado sello kitsch logró que se le considerase un gurú. De paso, se hizo multimillonario.

Camiseta Eccehomo "Kill Your Idols" /cedida

Camiseta Eccehomo “Kill Your Idols” /cedida

Koons no quería ser solo un artista, quería ser asquerosamente rico y pasarlo en grande. Y lo consiguió. Ahora que presume de 35 años de carrera y el centro Pompidou le dedica una retrospectiva (el mismo museo que en su día no compró su obra joven porque no detectó su potencial), Koons no renuncia a los escaparates comerciales.

En junio inauguró una exposición en una boutique de H&M en Nueva York y el gigante sueco del prêt-à-porter sacó a la venta una edición limitada de bolsos de cuero con uno de sus perritos que parecen globos. Ahora, la antena de esa marca de ropa urbana ha relanzado la cartera de Jeff Koons con un evento en su tienda de los Campos Elíseos de París. El bolso se puede comprar por 39,99 euros. Una ganga para un objeto bendecido por un creativo que vende sus voluminososos originales por decenas de millones de dólares.

A mí, y esto es una apreciación muy personal, me parece que existe una relación insoslayable entre Jeff Koons y Cecilia Giménez Zueco, la señora que desfiguró un fresco en una iglesia de Borja (Zaragoza).

Cecilia, la del Ecce Homo, era una anciana anónima de un pueblo remoto que intervino en una obra menor de un artista mediocre y la sublimó. Escribieron sobre ella todos los periódicos, salió en todas las televisiones y se propagó por las redes sociales. Su tierna historia la conocieron decenas o cientos de millones de personas de todo el planeta. Cecilia no quería ser solo una artista, quería mejorar algo que estaba estropeado.

Al igual que Koons en su día, Cecilia supo sintetizar en una obra el reflejo fiel del mundo en el que vive. Un mundo de excesos absurdos con tufillo noventero que se tambalea rogando un cambio profundo.

Cecilia -de la que no se sospecha que se esté construyendo una megamansión en el Upper East Side de Manhattan, como Jeff Koons- también dio el salto al mundo de la moda y el prêt-à-porter. En casa tengo una camiseta verde con su Ecce Homo impreso en amarillo que compréen internet. Encima pone: Kill your idols. Me costó 20 euros, gastos de envío incluido. Quizá signifique que la anciana está a medio camino del éxito de Jeff Koons, que vende su bolso por 39,99 euros. FIN.

El corresponsal de Efe Estilo en París, Javier Albisu/EFE

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