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(After the Luncheon)
Óleo sobre lienzo. 100,5 x 81,3 cm
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Pierre-Auguste Renoir
Después del almuerzo, 1879
(After the Luncheon)
Óleo sobre lienzo. 100,5 x 81,3 cm
Frankfurt am Main, Städel Museum Retrato de la mujer de Monet, hacia 1872-1874.
Museu Calouste Gulbenkian, LisboaPierre-Auguste Renoir
Niño con manzana o Gabrielle, Jean Renoir y
una niña, hacia 1895-1896
(Child with an Apple or Gabrielle, Jean Renoir
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Renoir, un perpetuo enamorado de la figura femenina

Renoir era una apasionado de la figura femenina, un pintor que retrataba a la mujer urbana, bella con pasión por los sombreros, que con el paso del tiempo la interpretó de una manera más conservadora

Madrid, nov (EFE).- Renoir, uno de los pintores estrella del impresionismo, desvela a través de sus cuadros su fascinación por la figura femenina, imágenes que modela de una manera u otra, según el momento, y con la que vive un “perpetuo” enamoramiento, pues para él es el “sumun”.

Renoir, enamorado de la figura femenina

Así lo expresa Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza y comisario de la exposición “Renoir. Intimidad”, que a través de 78 obras del artista francés muestra como era capaz de representar la intimidad amistosa, familiar o erótica a través de volúmenes y texturas.

Renoir mujer

Pierre-Auguste Renoir
El paseo, 1870
(The Promenade)
Óleo sobre lienzo. 81,3 x 64,8 cm
Los Ángeles, The J. Paul Getty Museum

“Si comparas los lienzos de Renoir en Grenouillere, el lugar donde iba la gente a divertirse, con los de Monet, se pueden contemplar diferencias notables”, a pesar de tratarse del mismo sitio.

Mientras a Monet le interesa la vegetación o los reflejos en el agua, Renoir se “empeña” en plasmar “la figura y la moda femenina”, en mostrar los polisones y los grandes lazos en la parte posterior de los vestidos, señala Solana.

El comisario asegura que lo primero que llama la atención en la pintura de Renoir es que no tiene la misma manera de mirar que el resto de los impresionistas.

Deambulando por las salas, la pintura de Renoir nos descubre su pasión por la moda y por la mujer, de la que intenta atrapar su esencia, y cuya representación va evolucionando, hasta que su expresión se torna “más conservadora”.

Fanático de los sombreros

En su primera etapa era un “fanático absoluto” de los sombreros, los hombres siempre aparecen con chistera y las mujeres con sombreros pequeños, inclinados hacia adelante, coquetos, además de con sombrillas de colores vivos.

REnoir Mujer

Aline Renoir amamantando a su hijo, 1915
(Aline Renoir Nursing her Baby)
Óleo sobre lienzo. 51 x 40,5 cm
Berna, Kunstmuseum Bern. Legado Georges
F. Keller, 1981

Suzanne Valadon fue modelo de Renoir durante mucho tiempo y le consideraba un “fetichista” de los sombreros femeninos, advierte Solana. “Él mismo se los compraba e incluso le encargaba su confección a alguna modista, creaciones que incluían flores o plumas y de las que él era el diseñador.

Era una etapa en la que, el comisario de la exposición asegura que “la moda, la ropa se percibe más que la fisonomía”.

“Inicialmente es un pintor muy de ciudad y, en ese momento, su ideal femenino es más artificial, sus mujeres más sofisticadas, más urbanas, muy a la moda de aquel momento” donde representa a jóvenes modistas de Montmartre que eran sus modelos y amigas.

Después, a partir de los años 80, del XIX, hay un gran cambio en su concepción de la mujer tras casarse con Aline Charigot, una de sus principales modelos, y nacer su primer hijo.

Cambia su ideal femenino

Renoir mujer

Pierre-Auguste Renoir
Retrato de la poetisa Alice VallièresMerzbach,
1913
(Portrait of the Poetess Alice VallièresMerzbach)
Óleo sobre lienzo. 92 x 73 cm
Ginebra, Association des amis du Petit Palais

“Su ideal femenino gira hacia una mujer más natural, rural y vinculada a la naturaleza, de la que ensalza sus valores como esposa y madre”, argumenta Solana quien advierte que se vuelve más “reaccionario”, porque retrata a una mujer que “no evoluciona en su papel tradicional”.

Un cambio que se contempla plenamente al observar a las mujeres maquilladas y divertidas de su primera etapa, con la mujer de belleza silvestre, sin arreglar, en consonancia con la naturaleza y que “en sus desnudos tardíos son como una prolongación del paisaje”.

Una reacción que tuvo mucho que ver con el cambio de su vida personal, con el hecho de convertirse en “un hombre de familia y trasladarse a vivir a un pueblo”.

Las mujeres de su primera etapa son “más menudas, más ligeras, más graciosas. Las tardías son de proporciones monumentales, de cuerpo titánico. El ideal de la fecundidad”, apunta Guillermo Solana.

La importancia de la tela

Sin embargo, su pasión por la moda y el vestuario femenino no se eclipsó del todo y renació cuando la poetisa Alice Vallieres le pidió que la retratara. Un encargo que declinó hasta que al verla enfundada en un maravilloso vestido de satén blanco sucumbió, después de 20 años sin plasmar sobre el lienzo una lujosa tela.

“Viendo el cuadro expuesto da la impresión que le interesa más el vestido y su tela que mujer que retrata”, cuenta el comisario.

A pesar del cambio de su percepción hacia la mujer, en Renoir se observa siempre “una enorme calidez y una actitud de sintonía y sensualidad hacia la figura femenina”, desvela el comisario, quien concluye advirtiendo de que a pesar de que comenzó siendo un “moderno, terminó con una pintura más conservadora”.EFE

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