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Grandes "plumas" escribían en revistas femeninas

Revistas “femeninas”, la literatura del tacón de aguja

Desde Dorothy Parker, Truman Capote, F. Scott Fitzgerald o Silvia Plat hasta el mismo Pedro Almodóvar han escrito en las llamadas revistas femeninas.

Madrid (EFE).- Desde Dorothy Parker, Truman Capote, F. Scott Fitzgerald o Silvia Plat hasta el mismo Pedro Almodóvar -que publica parte de su diario secreto en el último número de la edición española de Vanity Fair, donde relata sus encuentros con las estrellas “más planetarias”-, todos han escrito en las llamadas revistas femeninas.

Y es que “Mademoiselle“, “Harper’s Bazar“, “Vogue“, “Vanity Fair“, “ELLE“, “Marie-Claire” o “Telva“, entre recomendaciones sobre la moda, el diseño o las nuevas tendencias, también ha dado cobijo a algunos de los mejores relatos literarios; cuentos o textos de algunos de los grandes escritores o creadores que, en muchos casos, con estas colaboraciones se ganaban o se ganan la vida.

De Avedon a Leibovitz

Intelectualidad, modernidad, moda, pintura, color, imágenes, con nombres de artistas simbólicos como Andy Warhol -que comenzó como diseñador de moda y publicidad- y de fotógrafos como Richard Avedon, Helmunt Newton, Mario Testino, Terry Richardson o Annie Leibovitz. Creadores que encontraron cobijo en estas páginas y que hacen de estas revistas en papel, y hoy on line, los productos de mayor calidad del mercado.

Incluso, el pasado año, fue la edición estadounidense de Vanity Fair, una de las revistas con más caché en el mundo del glamour, la sociedad y la cultura, en la que se mezclan entrevistas a fondo con las más bellas imágenes de la moda, la que dio un golpe con la publicación de un relato inédito de Truman Capote.

Se trata de “Yates y cosas“, un manuscrito que formaba parte de su inacabado libro “Plegarias atendidas” y en el que el cáustico escritor estadounidense atiza de forma encubierta a muchos de los personajes de la alta sociedad neoyorquina.

Portada de Vanity Fair de principios del siglo XX, facilitada por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos

Portada de Vanity Fair de principios del siglo XX, facilitada por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos

Y es que estas revistas femeninas, que alcanzaron su cenit en España en los 80 y 90, dejaron de lado los estereotipos y el objetivo de ser una mera lista de recomendaciones para instruir a la mujer desde un punto de vista patriarcal, para convertirse en un producto de altísima calidad, con una oferta de contenido muy variada.

Vogue versus Time

El sociólogo Vicente Verdú llega a decir que, si le dieran a elegir entre la revista “Time” o “Vogue“, sin duda ninguna se quedaría con la segunda. “Si ‘Time’ es una elaborada fotocopia de la actualidad, ‘Vogue’ es parte exacta de la actualidad”, escribió en un artículo para El País. “Porque, si se trata de un mundo más redondo, son las revistas femeninas quienes trabajan en componer su mejor esfera”.

De igual forma se ha expresado en muchas ocasiones el periodista Iñaki Gabilondo, para quien las revistas llamadas “femeninas” tienen una calidad superior a las llamadas de información general.

Una forma de ver o representar la sociedad que se ha extendido otras publicaciones de carácter general, programas de televisión o incluso a las portadas de las novelas actuales.

Dorothy Parker, que vivió bajo el lema de uno de sus poemas: “Bebe, baila, ríe y miente, ama toda la tumultuosa noche, porque mañana habremos de morir”, destiló su pluma irónica y mordaz por los magacines de los años 20 del siglo pasado en Nueva York, donde era la cronista fetiche.

Portada de Vanity Fair de principios de siglo XX, facilitada por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos

Portada de Vanity Fair de principios de siglo, facilitada por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos

Pero también escribió más de 300 poemas para periódicos y revistas como “Vogue” o “Vanity Fair”.  Efe Estilo espero que también sea escaparate y cobijo para algunos poemas, narraciones o dardos envenenados, travestidos o desnudos, que den en la diana de una sociedad que necesita un poquito de arte, color y frivolidad para poder respirar.

 

 

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