La fallera mayor de Valencia para 2017, Raquel Alario, a su llegada esta tarde al ayuntamiento para el acto de proclamación. EFE/Manuel Bruque.La fallera mayor de Valencia para 2017, Raquel Alario, a su llegada esta tarde al ayuntamiento para el acto de proclamación. EFE/Manuel Bruque.

Una fábrica de Valencia atesora dos siglos de tradición sedera artesanal

La seda es una de las joyas de Las Fallas, donde la fallera mayor luce trajes de seda elaborados por Garín, unos telares con dos siglos de historia.

Valencia, (EFE).- Los telares de la fábrica Garín de Moncada, fundada en 1820 y una de las más antiguas de España, siguen elaborando de forma artesanal uno de los tejidos de seda más apreciados, el espolín, que decoró palacios, vistió a altos cargos eclesiásticos y hoy es un reclamo de prestigio en las Fallas.

El tejido de seda recibe el nombre de la herramienta con la que se teje, el espolín, una pequeña lanzadera de madera con la que se realiza el proceso de elaboración, y con la singularidad además de que al mismo tiempo que se hace el tejido base se elabora el dibujo de la tela.

Para crear los trece metros de tela de un traje de la fallera se precisan hasta tres meses de trabajo, realizados en los telares jaquard, con cerca de doscientos años de antigüedad.

Además, se utiliza el mismo sistema de tarjetas de cartón perforadas para tejer patrones de dibujos en la tela, una auténtica joya en este material, que puede alcanzar un precio de hasta 1.500 euros el metro.

La seda de Valencia, dos siglos de tradición

A pesar de las distintas crisis que han afectado al sector a lo largo de la historia, la fábrica Garín ha mantenido su actividad especialmente gracias al reclamo para la vestimenta tradicional regional, fundamentalmente la valenciana.

Telares de Garín, en Moncada

Los telares de la fábrica Garín de Moncada, fundada en 1820 y una de las más antiguas de España, siguen elaborando de forma artesanal uno de los tejidos de seda más apreciados, el espolín. EFE/Eva Batalla

La gerente de la empresa, Elena Ribes, descendiente de Mariano Garín, fundador de la empresa y maestro sedero, recuerda a EFE que en la época del auge de la seda había censados en Valencia más de 3.000 telares.

Fue en estos años, a principios del siglo XIX, cuando Mariano Garín salió del Colegio de Arte Mayor de la seda convertido en maestro sedero y creó su primera empresa dedicada a esta tradición en la capital valenciana, que amplió con una sucursal en la cercana localidad de Moncada, la que hoy continúa en activo.

Los primeros trabajos de Garín fueron para la Iglesia, las denominadas telas para casullas, que mermaron la producción con el Concilio Vaticano II, que pedía austeridad, y también para tapizar con tela de seda las paredes de palacetes, y el tejido fue reconocido en exposiciones universales.

Para crear los trece metros de tela de un traje de la fallera se precisan hasta tres meses de trabajo, realizados en los telares jaquard

La fábrica conserva los patrones originales, las cartas técnicas en cartón que utilizan el sistema binario que luego se empleó en los primeros ordenadores, y once telares jaquard en los que se sigue elaborando de forma artesanal, sin ningún tipo de mecanización, las telas de seda destinadas principalmente a trajes regionales, pero también a decoración de iglesias e imágenes religiosas.

Cien años de “Valencia”, el diseño de seda insignia de Garín

Este año se conmemora además el centenario de su diseño insignia, el “Valencia”, con el que Pepita Samper desfiló en el primer certamen del concurso “señorita España”, antecedente de “Miss España”, celebrado en 1929, que marcó un precedente para convertirse desde entonces en reclamo de prestigio entre las falleras mayores.

En el año 2000, el Ayuntamiento de Valencia decidió regalar el espolín de la presentación a la fallera mayor, para que independientemente de su situación económica pudieran lucir esta tela en sus trajes, hasta entonces reservado a las familias de más poder adquisitivo, y se elaboró un dibujo específico.

Los primeros trabajos de Garín fueron para la Iglesia, las denominadas telas para casullas, que mermaron la producción con el Concilio Vaticano II

La fábrica conserva más de 7.000 piezas originales inventariadas, entre herramientas, cartonajes, patrones y maquinaria, y desde 1998 sus responsables trabajan en un proyecto expositivo que permita que “una industria que se acaba, y creemos irrepetible, no se pierda”, indica Ribes.

La actividad de la fábrica sigue siendo gestionada por la familia Garín, pero tanto el edificio como su contenido son propiedad del Ayuntamiento de Moncada. De hecho, su alcaldesa, Amparo Orts, ha confirmado a Efe que ya ultiman la rehabilitación de las cubiertas y la dotación de las oficinas, así como el expediente de la colección museográfica, “de un valor incalculable y el mejor material de la seda que se conserva”, para abrir las puertas del museo en 2018. EFE

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