• EFE/ DANIEL KARMANNEFE/ DANIEL KARMANN
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  • EFE/ ROSA VEIGAEFE/ ROSA VEIGA
EFE/ DANIEL KARMANNEFE/ DANIEL KARMANNEFE/ ROSA VEIGA

Té con pan

No vale servir el té en una taza, tampoco en un vaso de agua ni en uno largo: el vaso debe ser corto y estrecho, liso o con dibujos, y llenarse de líquido sólo hasta la mitad y muy caliente

Rabat (EFE).- No hay fiesta en Marruecos que se celebre sin té, ni hay huésped al que se reciba sin un vasito de esta infusión. El té es elemento infaltable en la cultura marroquí, donde se dice que lo necesario para sobrevivir es “aljubz uatai”, pan con té.

Se le llamaba en España “té moruno” o “té moro”, pero estos tiempos de corrección política nos han traído una nueva denominación, “té a la menta”, aunque para ser exactos, esas hojas verdes que se ponen en la tetera o en el vaso no son de menta, sino de hierbabuena.

Las reglas

Preparar un té es una operación simple, pues solo hay tres ingredientes: agua, azúcar y té verde en hojas (la hierbabuena es opcional), pero prepararlo bien requiere de ciertas reglas: el azúcar, preferiblemente en bloque y no granulado, debe disolverse en la tetera, con un trasvase constante de líquido de la tetera al vaso, y del vaso a la tetera, y vuelta a empezar.

El té debe hervir, pero solo lo justo, y luego reposar en su tetera antes de servirlo al vaso. Servir el té también tiene su técnica: se parece al escanciado de la sidra, pues en ambos casos el té debe “romper” contra el fondo del vaso y crear una corona de espuma, y para lograrlo la tetera se eleva entre medio metro y un metro por encima del vaso. Un té sin espuma vale un suspenso en gastronomía marroquí.

EFE/ KHALIL SHIKAKI

EFE/ KHALIL SHIKAKI

La hierbabuena es otro cantar: en la mayor parte de Marruecos se mete un buen puñado de estas hojas, que deben estar frescas y recién lavadas, dentro de la tetera para que el té tome su sabor antes de salir del fuego, pero en algunas regiones se ponen las hojas dentro del vaso donde se sirve el té, también por consideraciones estéticas.

En invierno, muchos marroquíes prefieren poner “chiba” (absenta) o hierbaluisa en lugar de la hierbabuena, y hay lugares del país, como las regiones del Sáhara, donde prefieren el té sin hierbas, muy denso, casi amargo.

El vaso: medio lleno

No vale servir el té en una taza, tampoco en un vaso de agua ni en uno largo: el vaso debe ser corto y estrecho, liso o con dibujos, y llenarse de líquido sólo hasta la mitad y muy caliente. Para muchas personas, es lícito, incluso recomendable, sorber ruidosamente el té para hacer que entre oxígeno con el líquido y no nos queme la garganta. Lo que en otro lugar sería considerado de mala educación, es casi un deber cuando se trata del té.

Los árabes toman mucho té, es cierto, y muy azucarado, pero hay una diferencia principal: el té verde (por cierto importado de China casi exclusivamente) se consume desde Marruecos hasta Libia, mientras que en Egipto y los países de Oriente Próximo prefieren el té negro, en polvo y no en hoja. Los unos toman cuscús; los otros, arroz.

Nuestro bloguero en Rabat, Javier Otazu.

Nuestro bloguero en Rabat, Javier Otazu, revisa sus anotaciones

Hay quien cree que el té acompaña la cultura marroquí casi casi desde el principio de los tiempos, pero los historiadores son tajantes: la “culpa” la tienen los ingleses, que no sabían qué hacer con sus excedentes de té de China y a mediados del siglo XIX decidieron “invadir” Marruecos con esa hoja mágica hasta convertirla en bebida nacional.

Hay un bello detalle que ilustra cómo el té está ligado al proverbial sentido de la hospitalidad árabe: cuando la tetera sale a la mesa, debe haber en la bandeja un vaso más que el número de personas presentes, porque siempre hay que pensar que alguien puede llegar en el último momento y lo mínimo será poderle ofrecer un vaso de té.EFE

 

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