• Handia es una de las cintas nominadas al Goya a Mejor Dirección de Vestuario, creado por Saioa Lara. EFE/HandiaHandia es una de las cintas nominadas al Goya a Mejor Dirección de Vestuario, creado por Saioa Lara. EFE/Handia
  • Mercé Paloma opta al Goya por el vestuario de La librería. EFE
  • Paco Delgado se ha recreado en el armario de una choni para Abracadabra. EFE
  • El vestuario histórico de Oro, diseñado por Tatiana Hernández, opta a un Goya. EFE
Handia es una de las cintas nominadas al Goya a Mejor Dirección de Vestuario, creado por Saioa Lara. EFE/HandiaMercé Paloma opta al Goya por el vestuario de La librería. EFEPaco Delgado se ha recreado en el armario de una choni para Abracadabra. EFEEl vestuario histórico de Oro, diseñado por Tatiana Hernández, opta a un Goya. EFE

Armarios de cine: así es el vestuario de Goya

Mercè Paloma, Paco Delgado, Tatiana Hernández y Saioa Lara son los directores de vestuario nominados al Goya, y así ha sido su trabajo en cada película.

Madrid, ene 2018 (EFE).- La moda más importante de los Goya no está en la alfombra roja, sino en la pantalla. Así lo demuestran “Abracadabra”, “Handia”, “La librería” y “Oro”, que compiten por el premio a Mejor Dirección de Vestuario, gracias a la capacidad de sus prendas para trasladar al espectador al siglo XVI o al día a día de una “choni”.

Cuatro cintas completamente diferentes, con personajes completamente dispares y tramas que transcurren en épocas históricas muy distanciadas. Desde las gentes que pisaron por primera vez las Américas a familias de hoy, de barrio. Vestimentas que refuerzan la historia sin robar protagonismo a los personajes ni a la acción.

La librería, un viaje a la moda de los años 50

Un equilibrio muy difícil de conseguir, y de apreciar: “Es difícil hablar del trabajo que ha hecho uno mismo, pero creo que es un vestuario que se ve, que está ahí”, explica a Efe Estilo Mercè Paloma la autora del vestuario de “La librería”,  bajo las directrices de Isabel Coixet, directora de la cinta.

En 1959, Emily cambia Londres por un pueblo de la costa de Inglaterra para abrir su propia librería. Un proyecto que contará con el apoyo de algunos de sus nuevos vecinos, pero también cosechará la furia de los poderes fácticos, escandalizados por la llegada de novelas como “Lolita” o “Farenheit 451” a su apacible localidad.

Ese choque de mentalidades queda reflejado en el vestuario. Mientras Emily llega de la ciudad con un “‘look’ más moderno”, el pueblo “es muy pequeño, así que sus habitantes tienen un vestuario un poco más antiguo”, señala Paloma. Pañuelos en la cabeza, capas y capelinas recrean esa estética que hace que el pueblo viva, estilísticamente hablando, una década más atrás del aspecto de Emily.

La personalidad de la protagonista también se deja ver a través de un vestidor “visualmente sencillo”, porque la librera es “correcta, pero no se preocupa por la indumentaria”. Prendas sobrias pero “con personalidad” componen el estilo de la amante de la literatura, quien viste siempre una paleta de colores “cálida, hogareña”, que evidencia su espíritu alegre dentro de una historia que, aunque parece amable, es “dura”.

“Es difícil hablar del trabajo que ha hecho uno mismo, pero creo que es un vestuario que se ve, que está ahí”, explica Mercè Paloma

Tampoco pasa desapercibido el vestuario de Patricia Clarkson, “la mala” de la película: una mujer rica empeñada en que la librería desaparezca. “Para ella me inspiré en el ‘new look’ de Dior, que contrasta mucho con la austeridad del lugar y con Emily”, explica Paloma, quien leyó la obra original en la que se basa la película para entender mejor a los personajes.

Esa comprensión le permitió trabajar el vestuario buscando “una estética global”, pero también de manera individual para “las situaciones importantes”, como una fiesta crucial a la que Emily asiste para buscar la aprobación de su librería, con un atuendo muy pensado, recomendado por la modista del lugar, que resulta “cateto” y demoledor para su noble objetivo. Una de las escenas más difíciles de recrear.

“Ese vestido está muy marcado en la novela original, y lo define como “un vestido rojo que no es rojo”, explica la diseñadora, quien además tenía que reflejar “la incomodidad” que siente Emily enfundada en esa prenda.

El vestido rojo es un ejemplo perfecto del papel que tiene el color en la película, donde Paloma se ha dejado guiar por su “intuición artística” jugando con tonos “más brillantes de lo que se acostumbra en cine”, como pasteles o rosas fuertes.

 Lo que las chonis expresan con la ropa

Los colores también juegan un papel fundamental en “Abracadabra”, dirigida por Pablo Berger y vestida por Paco Delgado, cuya grandeza reside en haber ideado un armario que capta a la perfección “qué es una choni, qué siente y cómo vive”, según explica Paco Rodríguez, jefe de peluquería.

Una hazaña que inevitablemente lleva al espectador a empatizar con Carmen, el ama de casa que encarna Maribel Berdú y que vive en sus carnes una experiencia paranormal cuando su marido, gruista y fanático del Real Madrid, queda poseído por un espíritu que le convierte en galán de la noche a la mañana, una personalidad totalmente opuesta al maltratador psicológico del día a día.

Mientras intenta comprender la transformación de su compañero, Carmen calma su estrés y la depresión por su falta de realización profesional con la compra compulsiva de ropa “low cost”. Por eso, Delgado ideó cambios de vestuario “constantes” en los que Berdú transita entre chaquetas militares rosa fucsia y chalecos vaqueros con perlas de plástico en las hombreras.

Un universo hortera con el que Berger, Berdú y Delgado han creado “un personaje como el que hay miles en el mundo”, remarca la actriz, y que ha dado al diseñador la libertad de jugar con mezclas de colores “absurdas” y construir “una estética positiva del feísmo”.

Pendientes de bisutería cuya falta de calidad es más que evidente, gargantillas de plástico y camisetas de tirantes de canalé en los peores colores de la paleta Pantone, acaban por completar el “chonismo” de Carmen, un personaje que ha convertido las sombras de ojos estridentes en “su marca”.

Por todo ello, Paco Delgado, quien optó al Óscar en 2016 por el vestuario de “La chica danesa” y en 2013 por “Los Miserables” repite nominación a los Goya, un premio que ya obtuvo en 2013 por “Blancanieves”, también dirigida por Berger, y en 2014 por “Las brujas de Zugarramurdi”. Le acompañan en las nominaciones Sylvie Imbert y Paco Rodríguez, nominados a Mejor maquillaje y peluquería.

 Oro, ficción histórica a través de la moda

También comparte nominaciones el equipo de “Oro”, de Agustín Díaz Yanes, nominado a Mejor Dirección de Vestuario por el trabajo de Tatiana Hernández, y a Mejor maquillaje y peluquería por la labor de Eli Adánez, Sergio Pérez Berbel y Pedro de Diego.

En pleno siglo XVI, una expedición de conquistadores españoles parte hacia la selva centroamericana en busca de una ciudad mítica construida en oro. La película comienza 100 días después de que la expedición partiera de Sevilla, cuando los protagonistas se han enfrentado a diversas vicisitudes que han menguado el grupo.

Por eso, el guion exigía un trabajo de ambientación “muy importante”, explica Tatiana Hernández, quien destaca que a pesar de la dureza del rodaje, “Oro ha sido como un regalo”.

“La historia comienza en la mitad de la expedición, por eso el vestuario tenía que estar muy desgastado”, señala la diseñadora. Para lograr ese aspecto deteriorado, trabajaron con telas naturales y las tiñeron a la manera antigua, consiguiendo un acabado desigual.

“El vestuario histórico siempre conlleva un esfuerzo muy grande de producción porque hay que confeccionarlo todo”, señala Hernández, que ganó un Goya en 2011 por el vestuario de Lope y reconoce que ese “bagaje” trabajando en cintas históricas le ha dado las “herramientas” necesarias para disfrutar de Oro.

En esta cinta, las características físicas y psicológicas de los personajes se suman a la evolución que han tenido durante esos 100 días, y el papel que juega cada uno en la expedición. Factores que Hernández ha reflejado en las prendas sumando su imaginación a los requisitos históricos.

“El hecho de que esta época quede tan lejos de la actual te da más libertad a la hora de crear el vestuario, porque la manera de vestir de aquel entonces es más desconocida”, explica la diseñadora, quien se ha recreado, por ejemplo, a la hora de vestir a los indígenas.

 “El vestuario histórico siempre conlleva un esfuerzo muy grande de producción porque hay que confeccionarlo todo”, señala Hernández

Las armas de los protagonistas y los accesorios que emplean para transportarlas también enriquecen (y complican) el vestuario de la obra, donde, por si fuera poco, el equipo de Hernández ha tenido que crear varios ejemplares iguales de cada prenda para sustituirlas durante el rodaje a causa del desgaste.

 Descubrir la Europa del siglo XIX desde el armario

Parecidas son las complicaciones históricas de “Handia”, la cinta de Aitor Arregui y Jon Garaño, que comienza en plena Guerra Carlista, cuando Martín se ve obligado a abandonar la casa familiar para luchar en el conflicto. En 1840, con el fin de la guerra, el joven vuelve a casa para descubrir que Joaquín, su hermano pequeño, es mucho más alto de lo normal.

Viendo el físico del benjamín como una oportunidad de ganar dinero, ambos hermanos emprenden un viaje que les llevará a actuar por Europa con su particular espectáculo. “Los protagonistas visten de pueblo, cada uno a su estilo, pero a medida que viajan van ampliado su armario copiando prendas de los señores que se encuentran en el camino”, explica Saioa Lara, su directora de vestuario.

Por ello, el trabajo de documentación previo a la producción del vestuario ha tenido en cuenta el momento histórico que atravesaba cada país para poder caracterizar correctamente a los personajes. Y es que Martín y Joaquín se relacionan a lo largo de su travesía con gentes tan dispares como militares, aristócratas parisinos y británicos, e incluso miembros de la realeza.

Sin embargo, la mayor dificultad no ha sido reflejar esas idas y venidas, sino lograr un vestuario realista para Joaquín, a quien Lara se refiere como “el gigante”: “Lo más complicado ha sido cuidar las proporciones de las prendas para que pareciera real y no se notaran los zancos que llevaba el actor”, señala la diseñadora, quien destaca la labor de hacer zapatos a medida y cortarlos para meter los palos del actor.

LoS abrigos que luce la estrella del espectáculo, las levitas de su hermano y las capas de su “manager” son otros elementos importantes en la historia, donde la ropa juega un papel fundamental para marcar las distintas ambiciones y metas de cada personaje.

Con esta propuesta, que mezcla recreación histórica y fantasía, Lara opta al que podría ser su primer Goya, que haría compañía al premio que recibió por el vestuario de “Arriya” en el Festival de Cine Español de Málaga, en 2011.

En pocos días, una de estas cuatro producciones será premiada con “el cabezón” por su vestuario. Armarios menos mediáticos que los que desfilan por la alfombra roja de la gala, pero que son los verdaderos protagonistas del estilo de los Goya. EFE

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Madrid, ene 2018 (EFE).- La moda más importante de los Goya no está en la alfombra roja, sino en la pantalla. Así lo demuestran “Abracadabra”, “Handia”, “La librería” y “Oro”, que compiten por el premio a Mejor Dirección de Vestuario, gracias a la capacidad de sus prendas para trasladar al espectador al siglo XVI o al día a día de una “choni”.

Cuatro cintas completamente diferentes, con personajes completamente dispares y tramas que transcurren en épocas históricas muy distanciadas. Desde las gentes que pisaron por primera vez las Américas a familias de hoy, de barrio. Vestimentas que refuerzan la historia sin robar protagonismo a los personajes ni a la acción.

La librería, un viaje a la moda de los años 50

Un equilibrio muy difícil de conseguir, y de apreciar: “Es difícil hablar del trabajo que ha hecho uno mismo, pero creo que es un vestuario que se ve, que está ahí”, explica a Efe Estilo Mercè Paloma la autora del vestuario de “La librería”,  bajo las directrices de Isabel Coixet, directora de la cinta.

En 1959, Emily cambia Londres por un pueblo de la costa de Inglaterra para abrir su propia librería. Un proyecto que contará con el apoyo de algunos de sus nuevos vecinos, pero también cosechará la furia de los poderes fácticos, escandalizados por la llegada de novelas como “Lolita” o “Farenheit 451” a su apacible localidad.

Ese choque de mentalidades queda reflejado en el vestuario. Mientras Emily llega de la ciudad con un “‘look’ más moderno”, el pueblo “es muy pequeño, así que sus habitantes tienen un vestuario un poco más antiguo”, señala Paloma. Pañuelos en la cabeza, capas y capelinas recrean esa estética que hace que el pueblo viva, estilísticamente hablando, una década más atrás del aspecto de Emily.

La personalidad de la protagonista también se deja ver a través de un vestidor “visualmente sencillo”, porque la librera es “correcta, pero no se preocupa por la indumentaria”. Prendas sobrias pero “con personalidad” componen el estilo de la amante de la literatura, quien viste siempre una paleta de colores “cálida, hogareña”, que evidencia su espíritu alegre dentro de una historia que, aunque parece amable, es “dura”.

“Es difícil hablar del trabajo que ha hecho uno mismo, pero creo que es un vestuario que se ve, que está ahí”, explica Mercè Paloma

Tampoco pasa desapercibido el vestuario de Patricia Clarkson, “la mala” de la película: una mujer rica empeñada en que la librería desaparezca. “Para ella me inspiré en el ‘new look’ de Dior, que contrasta mucho con la austeridad del lugar y con Emily”, explica Paloma, quien leyó la obra original en la que se basa la película para entender mejor a los personajes.

Esa comprensión le permitió trabajar el vestuario buscando “una estética global”, pero también de manera individual para “las situaciones importantes”, como una fiesta crucial a la que Emily asiste para buscar la aprobación de su librería, con un atuendo muy pensado, recomendado por la modista del lugar, que resulta “cateto” y demoledor para su noble objetivo. Una de las escenas más difíciles de recrear.

“Ese vestido está muy marcado en la novela original, y lo define como “un vestido rojo que no es rojo”, explica la diseñadora, quien además tenía que reflejar “la incomodidad” que siente Emily enfundada en esa prenda.

El vestido rojo es un ejemplo perfecto del papel que tiene el color en la película, donde Paloma se ha dejado guiar por su “intuición artística” jugando con tonos “más brillantes de lo que se acostumbra en cine”, como pasteles o rosas fuertes.

 Lo que las chonis expresan con la ropa

Los colores también juegan un papel fundamental en “Abracadabra”, dirigida por Pablo Berger y vestida por Paco Delgado, cuya grandeza reside en haber ideado un armario que capta a la perfección “qué es una choni, qué siente y cómo vive”, según explica Paco Rodríguez, jefe de peluquería.

Una hazaña que inevitablemente lleva al espectador a empatizar con Carmen, el ama de casa que encarna Maribel Berdú y que vive en sus carnes una experiencia paranormal cuando su marido, gruista y fanático del Real Madrid, queda poseído por un espíritu que le convierte en galán de la noche a la mañana, una personalidad totalmente opuesta al maltratador psicológico del día a día.

Mientras intenta comprender la transformación de su compañero, Carmen calma su estrés y la depresión por su falta de realización profesional con la compra compulsiva de ropa “low cost”. Por eso, Delgado ideó cambios de vestuario “constantes” en los que Berdú transita entre chaquetas militares rosa fucsia y chalecos vaqueros con perlas de plástico en las hombreras.

Un universo hortera con el que Berger, Berdú y Delgado han creado “un personaje como el que hay miles en el mundo”, remarca la actriz, y que ha dado al diseñador la libertad de jugar con mezclas de colores “absurdas” y construir “una estética positiva del feísmo”.

Pendientes de bisutería cuya falta de calidad es más que evidente, gargantillas de plástico y camisetas de tirantes de canalé en los peores colores de la paleta Pantone, acaban por completar el “chonismo” de Carmen, un personaje que ha convertido las sombras de ojos estridentes en “su marca”.

Por todo ello, Paco Delgado, quien optó al Óscar en 2016 por el vestuario de “La chica danesa” y en 2013 por “Los Miserables” repite nominación a los Goya, un premio que ya obtuvo en 2013 por “Blancanieves”, también dirigida por Berger, y en 2014 por “Las brujas de Zugarramurdi”. Le acompañan en las nominaciones Sylvie Imbert y Paco Rodríguez, nominados a Mejor maquillaje y peluquería.

 Oro, ficción histórica a través de la moda

También comparte nominaciones el equipo de “Oro”, de Agustín Díaz Yanes, nominado a Mejor Dirección de Vestuario por el trabajo de Tatiana Hernández, y a Mejor maquillaje y peluquería por la labor de Eli Adánez, Sergio Pérez Berbel y Pedro de Diego.

En pleno siglo XVI, una expedición de conquistadores españoles parte hacia la selva centroamericana en busca de una ciudad mítica construida en oro. La película comienza 100 días después de que la expedición partiera de Sevilla, cuando los protagonistas se han enfrentado a diversas vicisitudes que han menguado el grupo.

Por eso, el guion exigía un trabajo de ambientación “muy importante”, explica Tatiana Hernández, quien destaca que a pesar de la dureza del rodaje, “Oro ha sido como un regalo”.

“La historia comienza en la mitad de la expedición, por eso el vestuario tenía que estar muy desgastado”, señala la diseñadora. Para lograr ese aspecto deteriorado, trabajaron con telas naturales y las tiñeron a la manera antigua, consiguiendo un acabado desigual.

“El vestuario histórico siempre conlleva un esfuerzo muy grande de producción porque hay que confeccionarlo todo”, señala Hernández, que ganó un Goya en 2011 por el vestuario de Lope y reconoce que ese “bagaje” trabajando en cintas históricas le ha dado las “herramientas” necesarias para disfrutar de Oro.

En esta cinta, las características físicas y psicológicas de los personajes se suman a la evolución que han tenido durante esos 100 días, y el papel que juega cada uno en la expedición. Factores que Hernández ha reflejado en las prendas sumando su imaginación a los requisitos históricos.

“El hecho de que esta época quede tan lejos de la actual te da más libertad a la hora de crear el vestuario, porque la manera de vestir de aquel entonces es más desconocida”, explica la diseñadora, quien se ha recreado, por ejemplo, a la hora de vestir a los indígenas.

 “El vestuario histórico siempre conlleva un esfuerzo muy grande de producción porque hay que confeccionarlo todo”, señala Hernández

Las armas de los protagonistas y los accesorios que emplean para transportarlas también enriquecen (y complican) el vestuario de la obra, donde, por si fuera poco, el equipo de Hernández ha tenido que crear varios ejemplares iguales de cada prenda para sustituirlas durante el rodaje a causa del desgaste.

 Descubrir la Europa del siglo XIX desde el armario

Parecidas son las complicaciones históricas de “Handia”, la cinta de Aitor Arregui y Jon Garaño, que comienza en plena Guerra Carlista, cuando Martín se ve obligado a abandonar la casa familiar para luchar en el conflicto. En 1840, con el fin de la guerra, el joven vuelve a casa para descubrir que Joaquín, su hermano pequeño, es mucho más alto de lo normal.

Viendo el físico del benjamín como una oportunidad de ganar dinero, ambos hermanos emprenden un viaje que les llevará a actuar por Europa con su particular espectáculo. “Los protagonistas visten de pueblo, cada uno a su estilo, pero a medida que viajan van ampliado su armario copiando prendas de los señores que se encuentran en el camino”, explica Saioa Lara, su directora de vestuario.

Por ello, el trabajo de documentación previo a la producción del vestuario ha tenido en cuenta el momento histórico que atravesaba cada país para poder caracterizar correctamente a los personajes. Y es que Martín y Joaquín se relacionan a lo largo de su travesía con gentes tan dispares como militares, aristócratas parisinos y británicos, e incluso miembros de la realeza.

Sin embargo, la mayor dificultad no ha sido reflejar esas idas y venidas, sino lograr un vestuario realista para Joaquín, a quien Lara se refiere como “el gigante”: “Lo más complicado ha sido cuidar las proporciones de las prendas para que pareciera real y no se notaran los zancos que llevaba el actor”, señala la diseñadora, quien destaca la labor de hacer zapatos a medida y cortarlos para meter los palos del actor.

LoS abrigos que luce la estrella del espectáculo, las levitas de su hermano y las capas de su “manager” son otros elementos importantes en la historia, donde la ropa juega un papel fundamental para marcar las distintas ambiciones y metas de cada personaje.

Con esta propuesta, que mezcla recreación histórica y fantasía, Lara opta al que podría ser su primer Goya, que haría compañía al premio que recibió por el vestuario de “Arriya” en el Festival de Cine Español de Málaga, en 2011.

En pocos días, una de estas cuatro producciones será premiada con “el cabezón” por su vestuario. Armarios menos mediáticos que los que desfilan por la alfombra roja de la gala, pero que son los verdaderos protagonistas del estilo de los Goya. EFE

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