El cronista de Efe Estilo reflexiona sobre la frivolidad y la genialidad de la moda

“Bastante es que soy modelo”

No hay tanta gente guapa como gente que ha sabido encontrar su propia hermosura. La moda no es belleza. Es sacarse el mejor partido.

Nueva York (EFE).- La moda ha arrastrado históricamente cierto desprestigio, una condición de hermana fea (paradójicamente) entre otras artes más nobles, que la han querido hacer palidecer ante su supuesta falta de sustrato intelectual.

Expresiones como “coser y cantar” (cuando ninguna ni coser ni cantar son disciplinas especialmente fáciles) o declaraciones como la de Linda Evangelista asegurando que no se levanta de la cama por menos de 10.000 dólares han ayudado a acrecentar la leyenda de la moda como el arte de la oquedad, de gente viviendo de un halo etéreo de imagen y belleza, cualidades que vienen dadas por los misterios de la creación.

Y la dicotomía entre la frivolidad y genialidad se acentúa en un acercamiento al engranaje de una pasarela internacional como la que estos días tiene lugar en Nueva York.

Un clímax de 1o minutos

Lo primero que uno ve es que tras ese clímax de diez minutos en los que los diseñadores se juegan a una sola carta meses de trabajo, se esconde un trabajo meticuloso y multidisciplinar, con iluminación, música, emociones abstractas y performance, fruto de una coordinación milimétrica.

Luego están las modelos (y los modelos, aunque menos). Ya no es la época de Evangelista, de Claudia Schiffer, Naomi Campbell y Cindy Crawford. El star system del modelo murió y estos días, aunque hay estrellas que viven como tales, pero estos días se puede ver a las modelos, y que se ofenda quien quiera, trabajando duro.

Ambiente en la Semana de la Moda de Nueva York.EFE/Mateo Sancho

Ambiente en la Semana de la Moda de Nueva York.EFE/Mateo Sancho

No son mineras, claro está, pero las jornadas son largas, como las esperas de pie, como frenéticos son los cambios de vestuario y obligatoria la transmisión de la imagen exacta en el momento exacto. Su trabajo requiere estoicismo a veces, pero también ductilidad y emoción. En resumidas cuentas, ante una mirada empática, es fácil darse cuenta de que no es tan fácil.

El Lincoln Center, lugar de cazatalentos

De igual manera, solo hay que irse diez metros más allá para ver en las inmediaciones del Lincoln Center a jóvenes que buscan desesperadamente llamar la atención de algún cazatalentos, como aquella Natalia Vodianova que pasó de vender fruta en un mercado ruso a ser una de las modelos más cotizadas de las pasarelas internacionales.

Otra de las acusaciones clásicas que se vierten sobre el universo “fashion” es la de su carácter excluyente. Al ser arrinconada en el cajón de la banalidad, la moda sacó pecho y decidió crear sus propios códigos, su lengua franca (casi siempre el francés) y se protegió con la endogamia.

Pero, por otro lado, pocos mundos resultan tan calurosos con lo “freak”, con lo diferente y lo estrambótico. En contra del refranero popular, la mona, si se viste de seda, puede dejar de ser la mona que nunca quiso ser. Y en las carpas de la Semana de la Moda se pueden observar las salvedades de la tiranía de la belleza, pues la belleza es un valor que se construye. Nadie mejor que el mundo de la moda sabe lo caduco de ese concepto que se presupone injusto por naturaleza.

No hay tanta gente guapa como gente que ha sabido encontrar su propia hermosura. Que han sabido dar la vuelta a su fealdad para convertirla en feísmo

No hay tanta gente guapa como gente que ha sabido encontrar su propia hermosura. Que han sabido dar la vuelta a su fealdad para convertirla en feísmo. Que han vestido su miopía con unas monturas descabelladas. Que resaltan su mirada en medio de unos rasgos imposibles. La moda no es belleza. Es sacarse el mejor partido. Y eso hace que todos, con buen gusto, con actitud y con personalidad, puedan ser algo en este mundo que, sí, también resulta voraz y despectivo para quienes pensaron que la vida era otra cosa y nunca se preocuparon por las apariencias.

Esas apariencias que, como siempre, engañan, más aún en la moda que las maneja con virtuosismo porque son su especialidad. Y este mundo, como tantos otros, no escapa a la complejidad, a la paradoja. Los “fashion” ríen y lloran. Como decía María Barranco en una de las escenas más divertidas de “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, “bastante es que soy modelo”.

 

 

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