• Charo Iglesias en su tienda en Madrid. EFE/Clara AuñónCharo Iglesias en su tienda en Madrid. EFE/Clara Auñón
  • Los recovecos del taller de Charo Iglesias. EFE/Clara Auñón
  • Los recovecos del taller de Charo Iglesias. EFE/Clara Auñón
Charo Iglesias en su tienda en Madrid. EFE/Clara AuñónLos recovecos del taller de Charo Iglesias. EFE/Clara AuñónLos recovecos del taller de Charo Iglesias. EFE/Clara Auñón

Charo Iglesias: pasado, presente y futuro de la sombrerería española

Charo Iglesias se dedica a la sombrerería desde 1981, un oficio artesano con mucho futuro, que sobrevive a pesar de los nuevos ritmos de la moda.

Madrid, dic 2017 (EFE).- En un edificio antiguo del centro de Madrid con ascensor enrejado y escaleras estrechas se encuentra la sombrerería de Charo Iglesias. Uno de los primeros talleres de la capital, con casi 40 años de tradición, donde esta profesional de los sombreros trabaja cada día para mantener vivo su oficio.

Una discreta tienda con suelo de mosaico y muebles de madera “retro” dan la bienvenida al universo de Charo Iglesias, ubicado en el número 102 de la calle Jorge Juan, un espacio habitado por sombreros de Alta Costura y prêt-à-porter de todas las formas imaginables y cajas redondas, como las de las películas.

Pero lo mejor está en la trastienda, y es que esta casa del madrileño barrio de Goya se ha puesto al servicio de la sombrerería, transformando el despacho en un lugar donde diseñar, la cocina en un laboratorio de tinte, y el cuarto de juegos en una sala de planchado. Entrar en este taller es como adentrarse en un museo de oficios textiles donde se para el tiempo.

Viaje al taller de Charo Iglesias

“Los oficios eligen a las personas que saben llevarlos a cabo”, afirma con convicción Charo Iglesias mientras avanza por el larguísimo pasillo de su factoría, estrechado por estanterías, perchas y armarios llenos, cómo no, de sombreros.

Una romántica teoría sobre el destino y las profesiones de esta sexagenaria que, al menos en su caso, es irrefutable, porque detrás de sus comienzos como sombrerera hay mucha magia.

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Cuerdas teñidas para los sombreros de Charo Iglesias. EFE/Clara Auñón

Tras haber estudiado pedagogía, una joven Charo Iglesias de 25 años decidió dejarse llevar por el impulso e irse a París, donde descubrió su pasión por los sombreros. Más tarde volvió a España, recalando en San Sebastián para finalmente instalarse en Madrid, donde montó el taller, lugar en el que sigue creando.

“Hice mi primer sombrero en el metro de París”, relata la sombrerera, quien empezó su carrera con una pieza de ganchillo teñida de color arena, decorada con pasamanería y flores secas. “Cuando volví a San Sebastián lo llevaba puesto, y una mujer se enamoró de él”.

Ante la “fascinación” de la admiradora, Iglesias aceptó intercambiar el sombrero por puntillas y algodón de seda, pensando en usarlos en sus futuras creaciones. Ahora, su colección de materiales ha aumentado tanto que ocupa una sala del taller, e incluye piezas tan curiosas como semillas hechas a mano en Francia o delicadas plumas pintadas.

“Tiempo después me enteré de que ella tenía cáncer, y cuando murió, su madre vino a contarme que habían tenido que enterrarla con el sombrero”, cuenta la creadora, a quien todavía se le eriza el vello al recordar esta historia. Una vivencia que ella recibió como “una señal”, algo que le decía: “Tienes que ir por aquí”.

Los oficios, cosa del destino

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Un sombrero surrealista creado por Charo Iglesias. EFE/Clara Auñón

Siguió haciendo sombreros y empezó a venderlos mientras descubría poco a poco su talento. “Me di cuenta de que hacía formas casi sin querer, y me salían como churros”, cuenta, divertida, Iglesias, quien décadas más tarde y con una exitosa carrera a sus espaldas, se sigue sorprendiendo al echar la vista atrás.

Así fue como, entre los trucos del destino y su propia intuición, se lanzó a compaginar su carrera pedagógica con el oficio de la sombrerería, que le ha permitido trabajar en ámbitos tan dispares como el teatro, las editoriales de prensa, o la Alta Costura, junto a diseñadores que han hecho historia.

El fallecido Manuel Piña, Elio Berhanyer, Nicolás Vaudelet o Roberto Torretta son algunos de los diseñadores de moda que Iglesias guarda con cariño, y con quienes comparte recuerdos como su participación en varias bodas reales, en las que trabajó con Lorenzo Caprile elaborando estilismos para la infanta Elena.

“Los oficios eligen a las personas que saben llevarlos a cabo”, afirma Charo Iglesias

De entre todos ellos, recuerda especialmente sus 14 años al lado de Pedro del Hierro, a quien considera “uno de los últimos modistos completos”. “Me forzaba a hacer cosas muy potentes que a mí no se me habrían ocurrido, por eso aprendí tanto con él”, recuerda con agradecimiento.

Una potencia creativa que caló hondo en Iglesias, quien a día de hoy domina la creación de tocados clásicos y piezas oníricas, como un sombrero hecho con tazones de sopa que se exhibe hasta el 28 dew enero en el Museo del Traje CIPE de Madrid, para la muestra “Sombrealismo. Sombreros en clave surrealista“.

Artesanía sombrerera

“Todos los sombreros parten de lo mismo”, explica Iglesias, “es una forma ovalada, y a partir de ahí puedes hacer lo que quieras”. Esa base la dan las hormas, piezas de madera de todas las tallas y hechuras, desde un fedora hasta un sombrero de copa, que se emplean para moldear el fieltro.

Desde el suelo hasta el techo de una de las habitaciones del taller, estanterías metálicas guardan hormas recolectadas a lo largo de los años, clasificadas por su tallaje y forma. Una decoración de lo más atípica, que refleja la artesanía pura de la sombrerería y de todos los oficios unidos a ella.

Hormeros, plumistas, floristas, tintoreros o diseñadores son algunos de los artesanos que trabajan de manera conjunta para dar vida a sombreros como los de Iglesias, quien se afana cada día por mantener vivos estos oficios y ampliar el conocimiento sobre ellos.

“No quiero que se extinga el oficio, porque yo he vivido muy bien de él”, explica Iglesias, quien, además, imparte cursos sobre reparación de sombreros, elaboración de plumas y flores de tela, o incluso introducción a la sombrerería de Alta Costura.

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Charo Iglesias en su tienda en Madrid. EFE/Clara Auñón

Fuera del taller, también lleva a cabo esa labor de preservación, con acciones que realiza a través de la Asociación de Sombrereros, que fundó en 2007 y presidió hasta 2015.

“No quiero que se extinga el oficio, porque yo he vivido muy bien de él”, explica Iglesias

Desde la asociación, Iglesias organiza colaboraciones con museos como el madrileño Museo del Traje CIPE, al que piensa donar el archivo acumulado en sus 36 años de trabajo: fotografías de prensa, bocetos, y demás materiales, organizados como una ventana abierta a la vida de los sombrereros.

“El sombrero no tiene el significado que tuvo en su día, pero lo tendrá”, afirma con rotundidad Iglesias, quien ya ha empezado a pasar el testigo a su hija, Henar Iglesias, nacida el mismo año que el taller y su actual directora.

Especializada en el Arte Plumario, Henar Iglesias ha vivido siempre entre sombreros y piezas de artesanía, lo que desembocó, inevitablemente, en esa pasión por el oficio que comparte con su madre. Un amor que hace de las mujeres Iglesias las mejores guardianas de la sombrerería. EFE

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