• La musa de Dior en 1959, Kouka Denis, posa con las típicas muñecas rusas. EFE/DiorLa musa de Dior en 1959, Kouka Denis, posa con las típicas muñecas rusas. EFE/Dior
  • Kouka y otra modelo de la época, delante de San Basilio. EFE/Dior
  • Desfile de 1959. EFE/Dior
La musa de Dior en 1959, Kouka Denis, posa con las típicas muñecas rusas. EFE/DiorKouka y otra modelo de la época, delante de San Basilio. EFE/DiorDesfile de 1959. EFE/Dior
La alta costura francesa conquista Rusia

Dior en la Plaza Roja, el ayer y el hoy

La Maison Dior ofreció el primer desfile en Rusia en el año 1959 y volvió en 2013, diferente pero con la misma elegancia

Madrid,  (EFE).- Cuando Christian Dior desplegó la exquisitez de su aguja por los escasos y austeros armarios femeninos posteriores a la Segunda Guerra Mundial poco sospechaba que la Plaza Roja de Moscú se rendiría, en 1959, a los encantos del estilo renovador del “New Look“, del que fue precursor.

La musa de Dior Kouka Denis en una instantánea de 1959. EFE/Dior

La musa de Dior Kouka Denis en una instantánea de 1959. EFE/Dior

Ese “nuevo estilo”, popularizado por Dior en 1947, se inspiraba en una mujer más femenina y coqueta, de elegancia clásica y comedida; esa nueva moda de hombreras redondeadas, faldas amplias y camisas ceñidas se personificó, a las puertas de los años 60, en la musa de Dior Kouka Denis, una mujer frágil, de cintura de avispa y sonrisa inocente que protagonizó el desfile “Ailes des Soviets“.

Lujo y exclusividad, siempre Dior

Dior ha evolucionado desde aquella estética de postguerra que huía despavorida de los informes y descuidados vestidos a los que obligó el conflicto bélico, pero siempre ha mantenido su imperturbable aroma a exclusividad y lujo. En definitiva, ha hecho suya la máxima de “cambiar para seguir siempre igual”.

Las fotografías en blanco y negro muestran a la musa Kouka Denis en 1959, con la catedral de San Basilio como telón de fondo

54 años más tarde, durante la segunda ocasión en la que Dior dejó su huella en Moscú, se apreció parte de ese cambio a través de una propuesta juguetona rendida a la modernidad poliédrica que valida casi cualquier combinación de formas y tejidos.

El ayer y el hoy de esa Plaza Roja es bien distinto, puesto que no solo han cambiado las modas, las tendencias y el contexto social, sino que las propias “top model” han evolucionado visiblemente de aquellas mujeres de belleza recogida, como Kouka, hasta impresionantes supermodelos de imposibles alturas.

Prueba de ello es el contraste entre algunas de las fotografías que muestran a la grácil Kouka danzando con la catedral de San Basilio como telón de fondo o posando con las “matrioskas“, las típicas muñecas rusas, y las instantáneas de las actuales top model que, en 2013, colmaron la Plaza Roja de un aspecto distinto.

La joven top model rusa Natalia Vodianova. EFE/Dior

La joven top model rusa Natalia Vodianova. EFE/Dior

La nostalgia que transmiten las instantáneas en blanco y negro de 1959 se aleja en el tiempo y en el imaginario colectivo del “glamour” que destilan hoy los tacones y la pose más profesional de las jovencísimas modelos que, como Natalia Vodianova, representan la nueva generación de chicas Dior.

La Rusia de los años 60 padecía la pandemia de una guerra interminable que se cobró la vida de millones de personas y supuso la derrota del nazismo, pero esas circunstancias no impidieron que las mujeres se rindieran al encanto del gran Dior.

Surrealismo y moda

En 2013, la realidad política del país es bien distinta y, aunque en muchas regiones la pobreza lastra las calles y frena el desarrollo social, el mercado ruso se ha convertido en el punto de mira de las grandes marcas, y también fue el objetivo de Dior al regresar a la emblemática plaza comunista, ambientada esta vez con una escenografía inspirada en el onirismo surrealista de Dalí.

Desfile de Dior a finales de los años 60. EFE/Dior

Desfile de Dior a finales de los años 60. EFE/Dior

Aquel que consideraba “una reina” a la argentina Eva Perón vendió bocetos a distintos periódicos en París, antes de convertirse en el maestro entre maestros: Dior supo crear alta costura en un “atelier” que guardaba los maniquíes hechos a medida de sus mejores clientas y engatusar por igual a mujeres de New York, París, Tokio y Milán.

Los colores negros, azules y blancos que reinaron aquella primera vez en la Plaza Roja se ampliaron casi medio siglo después a una paleta más atrevida, donde estas tonalidades clásicas convivieron con chillones amarillo, verde y rojo, en un colorista diálogo con los minaretes de la catedral de San Basilio, testigo de vivencias y modas pasajeras y perennes. EFE.

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