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Felicidades mamá

¿Dónde está el manual para ser mamá?

Luz y sombra, el ying y el yang, el doctor Jekyll y mister Hyde, Blancanieves y la madrastra, todos ellos en una misma persona: mamá

Madrid, (EFE).- Cueste lo que cueste, la perseverancia se exige en grado máximo unida a una dosis extra de paciencia y buen humor, además de manos tersas y suaves y una mirada que acaricie, capaz de mitigar cualquier dolor.

"Pero, ¿dónde está el manual para ser madre?" efe

“Pero, ¿dónde está el manual para ser madre?” efe

No es el anuncio de la búsqueda de empleo, ni se trata de una adivinanza ni es la clave de una cita a ciegas. Es difícil no saber de quién hablamos, pero seguimos.

Se requieren dotes de psicóloga que para sí quisieran algunos doctorados en la materia. A ellas se acudirá cuando se perciba una erre más rasgada que otra, un agudo que delata una vibración próxima al llanto o un malhumor que nadie capta excepto ella.

Casi sin mirarte, podrá preguntar: “¿Qué te ha pasado?”. ¿Clarividencia?, ¿estamos ante un médium o un experto en quiromancia?.

Después de dormir muy pocas horas, tras darlo todo en el trabajo, de aguantar al jefe y a los compañeros, llega a casa y recuerda que la liberación de la mujer fue un mito que no sabe quién inventó.

Después de tender la lavadora, poner otra, descubrir lo que le queda por planchar, hacer la cena y acostar a los niños, sigue manteniendo una agradable curvatura en la comisura de los labios.

Sin embargo, son muchos los que cuentan que le han visto una mueca desfigurada en su rostro, los ojos a punto de saltar de las órbitas, una voz transformada casi en la de Shrek, incluida la piel verde de éste.

Luz y sombra, el ying y el yang, el doctor Jekyll y mister Hyde, Blancanieves y la madrastra, todos ellos en una misma persona.

Sin embargo, pese a la tensión, las horas sin dormir, el cansancio, el vivir siempre a la carrera, pegada al móvil y al “ventolín”, madre, lo que se dice madre, no hay más que una.

Es con ellas con las que empieza esa historia de amor única en la vida, una relación insustituible, esa en la que nunca hay vuelta atrás. La historia de amor que sí es para siempre, la de “toda una vida”, que decía la canción.

Ellas, de pronto, se descubren pensando: “Pero, ¿dónde está el manual para ser madre?”. Y resulta que no hay, que eso que parece tan fácil como criar a un niño, no incluye libro de instrucciones.

Hillary Clinton y su hija se abrazan durante un mitin. EFE

Hillary Clinton y su hija se abrazan durante un mitin. EFE

Y recuerdan su propia historia y llegan a la conclusión de que no quieren ser madres estrictas, pero tampoco permisivas; que no quieren ser mamás robot, pero no tienen más remedio que estar en casa pegadas al móvil; que quieren mantener un tono de voz uniforme y una sonrisa de la mañana a la noche, pero que no todos los días les sale.

Por eso, un día como hoy solo se puede decir: ¡¡felicidades mamá!!

Madre no hay más que una

Músicos, poetas, novelistas y pintores, nadie ha dejado a su madre solo en el recuerdo personal. Perfiles que su creatividad ha trasladado al ámbito del arte más variado.

Imágenes que parten de la sensibilidad de Toulouse-Lautrec, mientras retrataba a su madre con la mirada baja, leyendo.

O la envergadura con la que Picasso retrató a su madre en sus lienzos, en los que mostraba su aplomo y firmeza.

O Henryk Rodakowski, que pintó el dulce rostro de su madre, una obra que obtuvo la distinción en el Salón de 1853 y que Delacroix calificó de obra maestra.

O una desgarrada Frida Khalo, dibujando su árbol genealógico en el que su madre le da a luz.

Imágenes muy alejadas del retrato cubista de Juan Gris que recoge el libro “40 grandes artistas retratan a su madres” de Juliet Heslewood (Blume).

A todas ellas: ¡Felicidades! EFE

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