La reina del “tuppersex” chino

Chris Wu y su compañía thetois.com rompen moldes en China desde hace 4 años con la venta online de juguetes eróticos y la pionera celebración de “tuppersex”, un éxito entre una clientela que la asiática presume consolidar con una doble fórmula: romper el tabú del placer y anteponer la calidad a la cantidad

Pekín (EFE).- “Algunos clientes tienen su primer orgasmo gracias a nosotros. Y eso me hace realmente feliz”, dice a Efe Estilo Wu en la oficina que regenta cerca de la zona olímpica de Pekín, desde donde gestiona las peticiones, envía los paquetes e investiga el creciente mercado.

Ella y su socia, Maggie Liu, hablan de sexo sin ambages. En su treintena, son un “rara avis” en un país en el que hizo mella la consideración de Mao Zedong de que cualquier manifestación al respecto, desde el porno a la educación sexual, es pura concupiscencia.

Nicho de mercado

Pero influida por su formación en publicidad y, sobre todo, gracias al gran impacto de internet en China, Wu aseguró a su colega Liu ver un suculento nicho de mercado, así como la acuciante necesidad de informar más sobre un tema que aún ruboriza a buena parte de la sociedad.

“Cuando preguntas a la gente, sobre todo a las chicas, apenas saben nada acerca de su sexualidad. Mi generación (1980) fue educada en que no debe masturbarse”

“Cuando preguntas a la gente, sobre todo a las chicas, apenas saben nada acerca de su sexualidad. Mi generación (1980) fue educada en que no debe masturbarse”, comenta Liu, y añade que, además, los jóvenes “están tan ocupados estudiando en un sistema extremadamente competitivo, que no tienen tiempo de nada”.

Prohibido porno

No obstante, el país asiático ha evolucionado en este sentido, y, aunque el porno aún está prohibido, la educación sexual ya existe en muchas escuelas, el Gobierno patrocina y regula “sex shops” en los que se ofrece, sobre todo, información, y la gente accede a todo tipo de filmografía erótica gracias a internet y a los VPN (servicios de conexión al exterior que sortean la censura).

Interior de sexshop EFE Francisco Montero

Interior de un sexshop/ EFE Francisco Montero

Conscientes de ello, la empresa combina la venta online con la celebración de “tuppersex”, sesiones celebradas al estilo occidental en las que muestran en privado a una decena de clientes sus productos de forma didáctica:

“No hago nada relacionado con el porno”, dice Wu, y aclara que, “aunque (el porno) me parece bien, no siento que lo haga. Sólo intento fomentar relaciones más fuertes”.

Las parejas, el cliente por excelencia

De hecho, asegura que la mayoría de su clientela son parejas que buscan mejorar su vida sexual, y que está integrada tanto por hombres como mujeres con distinto nivel de formación, poder adquisitivo o rango de edades. “Hasta vienen algunas amigas de mi madre”, dice, aunque los más interesados pertenecen a su generación.

Normalmente en reservados de restaurantes o en las casas de los clientes, dividen los “tuppersex” por género, para que sobre todo ellas no se cohíban y pregunten, ya que aún no está bien visto en China que las mujeres hablen de sexo.

Tuppersex + sexóloga

Si no están capacitadas para resolver sus dudas, Wu cuenta con una sexóloga en Shanghái que ofrece asesoramiento. “Así el cliente quede siempre satisfecho”, remarca, aunque casi nunca parece necesario: “en las más de 100 fiestas que ya hemos celebrado, las reacciones suelen ser asombrosamente positivas”.

Parte de la clave del éxito del “tuppersex”, exclusivo hasta ahora de la compañía de Wu en China, donde ya cuenta con alrededor de 10.000 clientes, es que apuestan por ofrecer juguetes, dice la empresaria, “de calidad”.

La dueña de la compañía, la publicista Chris Wu

La dueña de la compañía, la publicista Chris Wu

Señala también que, al no haber una ley de control nacional de esa industria, tiene que realizar un intensivo escrutinio para encontrar juguetes que respondan a sus estándares, y que se suministra de varias compañías, tanto locales como extranjeras.

“Sólo elegimos los juguetes en los que confiamos”, enfatiza, y se muestra orgullosa al reconocer que, si bien algunos amigos le recomendaron al principio que se abasteciera de productos baratos, no siguió el consejo.

“Cuatro años después, aquí sigo, con una clientela que crece poco a poco, pero de forma sólida”.

Calidad frente a copia

En ese sentido, además de romper con el tabú del sexo en China, Wu también desea combatir un modelo de negocio en el que el gigante asiático tiende a subordinar la innovación a la copia, y más aún en una industria en la que el 80 por ciento de los juguetes son fabricados en el país asiático.

“Los clientes -continúa- no suelen saber mucho de su cuerpo, y si prueban un juguete de mala calidad, éste puede llegar a dañar su salud. Yo quiero que tengan una buena experiencia, y, si tengo que elegir entre calidad y cantidad, escojo lo primero”.

Objetivo: manufactura

Para ello, la publicista tiene el objetivo de que, en el largo plazo, sea la compañía la que manufacture sus productos, de forma que ya sondean el mercado y ha recibido alguna oferta de inversores.

Determinada en que su empresa tenga un impacto positivo en una sociedad a la que se imponían “looks” andróginos para cercenar la libido masculina hasta la década de 1970, Wu se considera una “Key Opening Leader” (Líder Clave en la Apertura), un concepto muy extendido entre la clase emprendedora de la segunda economía mundial.

Al fin y al cabo, dice, “no sólo estamos vendiendo juguetes: vendemos un estilo de vida”. EFE

 

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