• Anne Sexton escribió poesía confesional, pero también le interesaron temas relacionados con la sexualidad femenina y cuestiones sociales. EFE/ Ian Anne Sexton escribió poesía confesional, pero también le interesaron temas relacionados con la sexualidad femenina y cuestiones sociales. EFE/ Ian Cook
  • Sylvia Plath, la brillante estudiante y escritora que conoció a Anne Sexton en 1959
Anne Sexton escribió poesía confesional, pero también le interesaron temas relacionados con la sexualidad femenina y cuestiones sociales. EFE/ Ian Sylvia Plath, la brillante estudiante y escritora que conoció a Anne Sexton en 1959
Entre martinis y compras compulsivas

Poesía, “glamour” y muerte

Sylvia Plath y Anne Sexton eran dos bellas amigas nacidas para la poesía, pero no las sació ni la fama ni el reconocimiento, solo una muerte precoz que puso fin a su desdicha

Madrid,  (EFE).- La hostilidad de la vida cebó sus brillantes poesías y las convirtió en rebeldes suicidas al borde de un abismo autoinducido. La muerte fue el único aliciente de una existencia extrema e insoportable, cuya naturaleza vacua inspiró a esas dos geniales amigas llamadas Sylvia Plath y Anne Sexton.

Sylvia Plath escribió en su diario: "No ser perfecta me hiere". EFE/ Nórdica Libros

Sylvia Plath escribió en su diario: “No ser perfecta me hiere”. EFE/ Nórdica Libros

Se conocieron en 1959, durante la celebración de unos talleres literarios impartidos por Robert Lowell. Plath se prendó enseguida de la elegancia de Sexton, aquella mujer de infinitas piernas, ojos azules, resonantes pulseras y perfume francés que azotaba sus traumas con versos que renegaban de ese ideal del sueño americano convertido para ella en pesadilla, en frustración vital.

La literatura era una terapia para Anne Sexton, “con ella intentaba combatir la depresión”, explica José Luis Reina Palazón

La familia burguesa de Sexton ejercía sobre ella una presión “que le ahogaba” y le llevaba a refugiarse en la literatura, ha explicado a Efe Estilo el traductor de “Poesía Completa” (Linteo), José Luis Reina Palazón: “Escribir fue para Anne una forma de terapia frente a sus depresiones”, que degeneraron en varios intentos de suicidio.

La precipitación de la muerte como único descanso posible centró las conversaciones de Plath y Sexton en el hotel Ritz de Boston, donde acudían para emborracharse y filosofar acerca de política, sexualidad femenina e injusticias sociales. Sin embargo, la mayor parte de su poesía, referente en el siglo XX, es un exabrupto de sus volubles estados de ánimo y de sus demonios más arraigados.

La vida, una herida

Sexton era la más hermosa, la que enmudecía las salas de las grandes fiestas, la que aseguraba parecer muy serena en los cócteles mientras su cabeza experimentaba “una operación a corazón abierto“.

Anne Sexton, con sus largas piernas y su perfume francés, enmudecía las salas de fiesta. EFE/ Vitruvio Ediciones

Anne Sexton, con sus largas piernas y su perfume francés, enmudecía las salas de fiesta. EFE/ Vitruvio Ediciones

Plath encarnaba la perfección, el autocontrol patológico de una mujer que luchaba por destacar en un mundo de hombres. Sobresalía por su intelecto pero también por la incoherencia de algunos de sus actos, como aquella vez que, después de comprar vestidos compulsivamente en Nueva York, en un arrebato, lanzó toda la ropa por la venta.

La niña que jugaba con muñecas de papel, la brillante estudiante con habilidad para la música y la atractiva adolescente que seducía a todos los escolares se convirtió en una cínica intérprete según la ocasión.

A veces, era la típica ama de casa de los años cincuenta y, otras, “el ejemplo” de mujer liberada sexualmente de los sesenta sesenta, afirma el profesor Tomás Motos Teruel.

La imperfección, un mal mortal

Motos es un apasionado de la biografía de Plath y autor de “Sylvia, leona de Dios” (Naque Editora), así que conoce bien la trayectoria desigual de esta mujer “aspirante a ser Dios” y herida “por no ser perfecta“, según escribía en un diario de 1957.

“Morir es un arte y yo lo hago excepcionalmente bien, tanto que podría hablarse de vocación”, escribió Plath

Plath sufría por su imperfección humana y Sexton se deprimía por todo, hasta por el nacimiento de una hija, pero ese estado de ahogo permanente desataba una sana locura creativa, latente en frases premonitorias de finales trágicos, de callejones sin salida.

Ilustración de Fernando Vicente inspirada en Sylvia Plath. EFE/ Nórdica

Ilustración de Fernando Vicente inspirada en Sylvia Plath. EFE/ Nórdica

El suicidio fue “un salto al conocimiento para ellas”, afirma Reina Palazón, una necesidad absoluta de reposo frente a una voz interior poco benevolente que las impedía ser felices. Y el final llegó, “el resto es silencio“, escribió Shakespeare en “Hamlet”.

Primero fue Plath: “Morir es un arte y yo lo hago excepcionalmente bien, podría hablarse de vocación”, dijo como el avance fatal de esa madrugada de 1963 en la que, después de llevar el desayuno a sus hijos, metió la cabeza en el horno de la cocina.

Once años más tarde, aquella amiga con la que hablaba de ropa, de poesía, de hombres y de muerte entre cigarrillos y martinis en el hotel Ritz tomó el mismo destino que habían anhelado juntas, y ni en el acto más íntimo de su vida perdió el “glamour” Anne Sexton.

Se vistió con el abrigo de piel heredado de su madre y apuró un último vodka antes de subirse a su coche, encender la radio y quitarse la vida. La ganadora de un Pulitzer por “Vive o muere” (Vitruvio) elegía la muerte, y se iba para siempre dejando una estela que, al igual que la de Plath, aún brilla intacta en su magnífica poesía. EFE.

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