• Brigitte Bardot con el escote retocado. Los censores han añadido una tela morada sobre su canalillo original. EFE/ NotoriousBrigitte Bardot con el escote retocado. Los censores han añadido una tela morada sobre su canalillo original. EFE/ Notorious
  • En esta ocasión, a la actriz Rita Hayworth le han cubierto parte del tronco. EFE/ Notorious
  • Lo mismo que a Sofía Loren le pasó a Marylin, más recatada en la versión franquista. EFE/ Notorius
  • A Raquel Welch le colocaron un vestido (aunque también muy sexy), como opción a ese atrevido biquini de dos piezas
Brigitte Bardot con el escote retocado. Los censores han añadido una tela morada sobre su canalillo original. EFE/ NotoriousEn esta ocasión, a la actriz Rita Hayworth le han cubierto parte del tronco. EFE/ NotoriousLo mismo que a Sofía Loren le pasó a Marylin, más recatada en la versión franquista. EFE/ NotoriusA Raquel Welch le colocaron un vestido (aunque también muy sexy), como opción a ese atrevido biquini de dos piezas
"Tijeretazos y brochazos" en la Dictadura

Los censores que jugaban a ser diseñadores

El libro “La censura franquista en el cartel de cine” descubre cómo la Junta Censora vetaba escotes y minifaldas en los programas de mano de las películas

Madrid, dic (EFE).- Los escotes se cubrían con telas, las piernas desnudas se tapaban con faldas y las espaldas descubiertas se retocaban con bonitos chales, todo con tal de preservar la moral de los ciudadanos. Así obraban los censores franquistas encargados de convertir el séptimo arte en un entretenimiento digno.

El escote de Sofía Loren no convenció demasiado a los censores, así que le pusieron un poco más de tela. EFE/ Notorius

El escote de Sofía Loren no convenció demasiado a los censores, así que le pusieron un poco más de tela. EFE/ Notorious

La Junta Censora cercenó, durante 40 años, la creatividad de dibujantes y artistas, obligados a rehacer ilustraciones, tebeos, catálogos, fotogramas, postales o noticias de prensa que mostraran demasiada carne, escenas de desatada pasión o roles sociales que cuestionaran los irrebatibles cánones impuestos por Franco.

Censura y cine

La censura franquista en el cartel de cine” (Notorious ediciones) recopila material de propaganda impreso durante las cuatro décadas en las que estuvo vigente la censura y refleja una época “de tijeretazos y brochazos” a la cultura, a los anuncios publicitarios, al cine y, en general, a cualquier manifestación artística que se apartase de la norma.

El autor, Bienvenido Llopis, repasa algunos programas de mano de cine que dan fe de este sesgo a la libertad de pensamiento, el cual también se materializó en una prohibición absoluta de determinadas modas o estilismos que podían “tentar” a la ingenua juventud, mancillar sanas conciencias o dinamitar los sagrados pilares religiosos.

Canalillos, escotes, sugerentes posturas o títulos de películas que incluyesen verbos como “penetrar” pasaban por la tijera

El estereotipo de mujer cuyo destino existencial no podía ir más allá de ser madre y esposa se mantuvo en el ideario franquista, y ese retrato machista se transmitía en las películas. Sin embargo, la producción extranjera no se atenía a este impuesto cliché, así que ante la presencia de canalillos, posturas insinuantes y biquinis de dos piezas los censores ponían en marcha su faceta de modistos.

Las bonitas piernas de la exuberante Ivonne De Carlo en el programa de mano de “Chacales del Mar” (1952) aparecen tapadas con una amplia falda con volantes en la versión española, para restar impudicia a la escena; parecido retoque sufrió Lana Turner en “El hijo pródigo” (1955), donde los censores manipularon la publicidad de la película cambiando la sensual pose de la actriz americana.

Así de recatado quedó el escote de Sara Montiel en el Festival de Venecia por obra de la censura. EFE/ Notorious

Así de recatado quedó el escote de Sara Montiel en el Festival de Venecia por obra de la censura. EFE/ Notorious

Son algunos ejemplos que recoge el libro de Llopis, una obra que no se olvida de aspectos que también sufrieron modificaciones por su falta de adecuación a la moralidad de la época, “como los títulos de las películas o algunas palabras que, como ‘penetrar‘, estaban totalmente vetadas”, explica el autor en la presentación.

Vestir la belleza

Temas como la prostitución o el divorcio eran acallados en todas las cintas, y el erotismo debía de ser sutil. Tanto que los españoles tuvieron que echarle imaginación para completar aquellas partes de Marylin Monroe, Raquel Welch, Brigitte Bardot, Ava Gardner o Rita Hayworth que los censores tapaban con metros y metros de tela.

En el programa de mano de “Dos pasiones y un amor” suben el escote a Sara Montiel, cubren los hombres de Joan Fontaine y les cambian el tono de los vestidos

En ocasiones, hasta se ponían creativos y experimentaban con el color o con la confección de las prendas “para adecuarlos a los gustos de la sociedad española”, según se justificaban.

Esta vocación encubierta de los censores por la costura se aprecia, por ejemplo, en el programa de mano de “Dos pasiones y un amor” (1956), en la que a Sara Montiel le suben el escote, cubren los hombros de Joan Fontaine y ya de paso les cambian los tonos de sus vestidos sin aparente motivo.

Portada del libro escrito por Bienvenido Llopis y editado por Notorious. EFE/ Notorious

Portada del libro escrito por Bienvenido Llopis y editado por Notorious. EFE/ Notorious

La escena del apuñalamiento de “Psicosis” (1960) en la bañera, protagonizada por una desnuda Janet Leight, se censuró en España, y algunas películas, como “Con faldas y a lo loco” (1959) o “Desayuno con diamantes” (1961), se prohibieron durante años.

La “amnistía” artística llegaría con Adolfo Suárez, quien decretó una ley en 1977 que abolía la censura, a pesar de que Bienvenido Llopis cree que ésta permaneció “muchos años más”.

Los artistas por fin respiraban y, en la época del destape que aconteció con la Transición, se vengarían secretamente de esos largos años de silencio, de persecución y de capas de tela de más, con desnudos integrales, pezones al aire y mucho humor. EFE

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Madrid, dic (EFE).- Los escotes se cubrían con telas, las piernas desnudas se tapaban con faldas y las espaldas descubiertas se retocaban con bonitos chales, todo con tal de preservar la moral de los ciudadanos. Así obraban los censores franquistas encargados de convertir el séptimo arte en un entretenimiento digno.

El escote de Sofía Loren no convenció demasiado a los censores, así que le pusieron un poco más de tela. EFE/ Notorius

El escote de Sofía Loren no convenció demasiado a los censores, así que le pusieron un poco más de tela. EFE/ Notorious

La Junta Censora cercenó, durante 40 años, la creatividad de dibujantes y artistas, obligados a rehacer ilustraciones, tebeos, catálogos, fotogramas, postales o noticias de prensa que mostraran demasiada carne, escenas de desatada pasión o roles sociales que cuestionaran los irrebatibles cánones impuestos por Franco.

Censura y cine

La censura franquista en el cartel de cine” (Notorious ediciones) recopila material de propaganda impreso durante las cuatro décadas en las que estuvo vigente la censura y refleja una época “de tijeretazos y brochazos” a la cultura, a los anuncios publicitarios, al cine y, en general, a cualquier manifestación artística que se apartase de la norma.

El autor, Bienvenido Llopis, repasa algunos programas de mano de cine que dan fe de este sesgo a la libertad de pensamiento, el cual también se materializó en una prohibición absoluta de determinadas modas o estilismos que podían “tentar” a la ingenua juventud, mancillar sanas conciencias o dinamitar los sagrados pilares religiosos.

Canalillos, escotes, sugerentes posturas o títulos de películas que incluyesen verbos como “penetrar” pasaban por la tijera

El estereotipo de mujer cuyo destino existencial no podía ir más allá de ser madre y esposa se mantuvo en el ideario franquista, y ese retrato machista se transmitía en las películas. Sin embargo, la producción extranjera no se atenía a este impuesto cliché, así que ante la presencia de canalillos, posturas insinuantes y biquinis de dos piezas los censores ponían en marcha su faceta de modistos.

Las bonitas piernas de la exuberante Ivonne De Carlo en el programa de mano de “Chacales del Mar” (1952) aparecen tapadas con una amplia falda con volantes en la versión española, para restar impudicia a la escena; parecido retoque sufrió Lana Turner en “El hijo pródigo” (1955), donde los censores manipularon la publicidad de la película cambiando la sensual pose de la actriz americana.

Así de recatado quedó el escote de Sara Montiel en el Festival de Venecia por obra de la censura. EFE/ Notorious

Así de recatado quedó el escote de Sara Montiel en el Festival de Venecia por obra de la censura. EFE/ Notorious

Son algunos ejemplos que recoge el libro de Llopis, una obra que no se olvida de aspectos que también sufrieron modificaciones por su falta de adecuación a la moralidad de la época, “como los títulos de las películas o algunas palabras que, como ‘penetrar‘, estaban totalmente vetadas”, explica el autor en la presentación.

Vestir la belleza

Temas como la prostitución o el divorcio eran acallados en todas las cintas, y el erotismo debía de ser sutil. Tanto que los españoles tuvieron que echarle imaginación para completar aquellas partes de Marylin Monroe, Raquel Welch, Brigitte Bardot, Ava Gardner o Rita Hayworth que los censores tapaban con metros y metros de tela.

En el programa de mano de “Dos pasiones y un amor” suben el escote a Sara Montiel, cubren los hombres de Joan Fontaine y les cambian el tono de los vestidos

En ocasiones, hasta se ponían creativos y experimentaban con el color o con la confección de las prendas “para adecuarlos a los gustos de la sociedad española”, según se justificaban.

Esta vocación encubierta de los censores por la costura se aprecia, por ejemplo, en el programa de mano de “Dos pasiones y un amor” (1956), en la que a Sara Montiel le suben el escote, cubren los hombros de Joan Fontaine y ya de paso les cambian los tonos de sus vestidos sin aparente motivo.

Portada del libro escrito por Bienvenido Llopis y editado por Notorious. EFE/ Notorious

Portada del libro escrito por Bienvenido Llopis y editado por Notorious. EFE/ Notorious

La escena del apuñalamiento de “Psicosis” (1960) en la bañera, protagonizada por una desnuda Janet Leight, se censuró en España, y algunas películas, como “Con faldas y a lo loco” (1959) o “Desayuno con diamantes” (1961), se prohibieron durante años.

La “amnistía” artística llegaría con Adolfo Suárez, quien decretó una ley en 1977 que abolía la censura, a pesar de que Bienvenido Llopis cree que ésta permaneció “muchos años más”.

Los artistas por fin respiraban y, en la época del destape que aconteció con la Transición, se vengarían secretamente de esos largos años de silencio, de persecución y de capas de tela de más, con desnudos integrales, pezones al aire y mucho humor. EFE

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