¿Eres una novia “prêt-à-porter” o alta costura?

Tener un vestido de novia a medida no es tan caro, ni tan difícil, como piensas, defienden Antonio Burillo y Juan Carlos Fernández, de la firma The 2nd skin co, que explican el proceso de creación de un traje único, sus precios y condiciones, para que la palabra “atelier” no cause más temblores de cartera

Han vestido a Jennifer López o a Isabel Preysler, y sus diseños de fiesta se dejan ver de forma habitual en alfombra rojas y en la pasarela Mercedes Benz Fashion Week, pero su faceta de diseñadores de novia es más “desconocida” para el gran público, reconocen en la inauguración del ciclo Bodas de Alta Costura, celebrado en el Hotel Intercontinental de Madrid.

Desde su atelier de la madrileña calle Hortaleza, diseñan trajes de novia de costura o prêt-à-porter, pero siempre adaptados a las medidas y gustos de la novia, explica Juan Carlos Fernández, la mitad del tándem de diseñadores.

La gente tiene la concepción de que los vestidos de novia hechos a medida son carísimos“, cuenta Fernández, que reconoce que las tiendas a pie de calle “lo tienen mucho más fácil, por la exposición visual” y porque la palabra atelier “suena a caro”: “Da una imagen de tener precios imposibles, y la necesidad de pedir cita por teléfono asusta a mucha gente“, explica.

De cita en cita

Aunque los precios permitan llegar “hasta donde quiera la novia”, los diseñadores tratan de desterrar el mito de que un vestido de novia tiene que ser carísimo, y explican, paso a paso, el proceso de trabajo en su taller.

Los diseñadores de The 2nd skin co explican los pasos que siguen en su atelier

Los diseñadores de The 2nd skin co explican los pasos que siguen en su atelier

En el primer encuentro, previa cita, los diseñadores se reúnen con la novia para hablar de sus gustos, del estilo de boda -civil o religiosa, urbana o en finca-, probar siluetas y establecer cuánto dinero se quiere gastar.

El presupuesto se tiene que hablar en la primera cita para dejar las cosas claras y dirigirla a un traje de prêt-à-porter, adaptado, o uno de alta costura”, explica Fernández.

Ambos son a medida, pero la diferencia reside en que los vestidos de prêt-à-porter ya tienen elaborado su patrón, al que se le pueden añadir infinitas modificaciones para hacerlo único, cambiando cuello, mangas o cola, mientras que los de alta costura, “nacen de la nada”.

Cuestión de bolsillo

Además del presupuesto – a partir de 3.000 euros para prêt-à-porter y de 4.000 los diseños especiales- entra en juego la imaginación de la novia: “Algunas tienen demasiada, y piden cosas imposibles que hay que adaptar, otras tienen muy poca, no pueden imaginarse el boceto y le recomendamos que partan de un patrón ya hecho, para que tengan una idea física de lo que va a ser su vestido”, cuenta Burillo.

MODELO DE THE 2ND SKIN CO

EFE/ZIPI

“No copiamos vestidos de otras marcas ni replicamos otros vestidos nuestros”, matizan los diseñadores, que explican que muchas clientas les piden un vestido como el que han visto otra boda.

Una diferencia es el número de medidas a tomar, mucho mayor en los trajes de costura: “En prêt-à-porter igual basta con cintura, cadera y pecho, en costura las medidas son infinitas, se miden hasta el contorno del cuello o la separación de los pechos”, señalan.

Las cosas claras

En la segunda cita, se muestran los bocetos elaborados y se muestran las opciones de tejido y color.

“No por ser de la línea prêt-à-porter la calidad de las telas es peor”, señalan desde The 2nd skin co., intentando desterrar también los prejuicio en las telas: “La seda está sobrevalorada, muchas mujeres al tocar las muestras eligen un cuerpo sintéticos con más consistencia”.

Alguna novia llega ya con una tela debajo del brazo, aunque no es lo habitual: “Hemos hecho un vestido con una novia que se había comprado el tejido en el viaje de su vida, pero depende de cómo sea, tenemos que ceñirnos a nuestro estilo y defender nuestra imagen”, explican.

Tras la segunda cita se envía la información al cliente, con el presupuesto cerrado, para que decida “sin presiones” si se quiere seguir adelante.

Si la novia está conforme, se demanda un depósito del 30%, no reembolsable, para empezar con los trabajos de patronaje y las telas.

De prueba en prueba

“Sólo nos ha pasado una vez, pero una novia pagó el depósito y no se casó”, cuenta el tándem creativo, que explica que no fue por disconformidad con el diseño, sino porque la novia había pedido la cita con mucha antelación, la boda se había cancelado, y el depósito no fue devuelto.

Después de la decisión, vienen las pruebas en “toile”, las correcciones y las pruebas en tela, “las que hagan falta”.

Nuestro récord de pruebas está en seis, porque era un vestido muy complicado, pero normalmente se resuelve en tres o cuatro, tenemos muy buenos patronistas”, señalan.

Un vestido tarda en torno a tres meses en hacerse, aunque han hecho alguno en dos semanas porque una novia había pagado el depósito en otro taller y no le gustaba el resultado: “Ante la desesperación de la novia, lo hicimos a contrarreloj”, explican.

Recomiendan, sin embargo, pedir cita con antelación porque en algunas épocas “los picos de trabajo son muy altos” y es muy difícil cuadrar el calendario: “Septiembre sigue siendo el mes preferido, todavía son pocas las novias que se animan con las bodas de invierno”.EFE

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