• Una modelo con peinado afro en la semana de la alta costura de París (Francia) el 26 de enero de 2015. EFE/Etienne LaurentUna modelo con peinado afro en la semana de la alta costura de París (Francia) el 26 de enero de 2015. EFE/Etienne Laurent
  • Una modelo con peinado afroUna modelo con peinado afro luce una creación del diseñador italiano Marco Zanini en la semana de la alta costura de París. EPA/ETIENNE LAURENT
  • La cantante Beyonce Knowles en un concierto en Berlín . EFE/BRUNO BEBERT La cantante Beyonce Knowles en un concierto en Berlín . EFE/BRUNO BEBERT
Una modelo con peinado afro en la semana de la alta costura de París (Francia) el 26 de enero de 2015. EFE/Etienne LaurentUna modelo con peinado afro luce una creación del diseñador italiano Marco Zanini en la semana de la alta costura de París. EPA/ETIENNE LAURENT La cantante  Beyonce Knowles en un concierto en Berlín . EFE/BRUNO BEBERT

El estilo “afro” se sube a la cabeza y da algún que otro dolor de cabeza

El volumen del peinado afro vuelve a conquistar las cabezas de las famosas, que dejan de lado sesiones de alisado interminable, las pelucas y extensiones para conquistar las alfombras rojas con sus rizos naturales, marcando una moda que también tiene detrás un fondo de reivindicación social

Con rizos más definidos o más cardados, el peinado afro vuelve a renacer en las cabezas de algunas celebridades de raza negra, que redescubren la belleza natural de sus rizos para dejar obsoleto el calificativo de “descuidado” que todavía acompaña al peinado.

Berta Vázquez luce pelo afro en una entrega de premios

Berta Vázquez con su particular peinado, durante la gala de entrega de los Premios 40 Principales. EFE/Juanjo Martín

La cantante Solange Knowles, hermana de Beyoncé, es una de las famosas que ha reivindicado, con sus actos, la belleza de su pelo natural, lleno de rizos y volumen, normalizando el estilo al llevarlo incluso el día de su boda.

En España, la actriz Berta Vázquez hace gala habitualmente de sus rizos afro, luciéndolos, con orgullo, indistintamente en la calle, en la alfombra roja o en las sesiones de fotos.

Rizos de pasarela

La tendencia también pasea en los desfiles. El diseñador Guido Maria Kretschmer subió el pasado miércoles a modelos de todos los colores a la pasarela de la Semana de la Moda de Berlín, con peinados “afro” de tonalidad rojiza sobre sus cabezas.

Solange Knowles pasea su peinado afro por los Grammy

Solange Knowles pasea su peinado afro por los Grammy. EFE/EPA/MIKE NELSON

Sin embargo, cuando se repasa la lista de celebridades de raza negra, las melenas lisas se llevan la palma: Celebridades como Tyra Banks, Naomi Campbell, Nicki Minaj, Zoe Saldana o figuras de la política como Michelle Obama o Condoleezza Rice no se recuerdan con nada más allá de una leve ondulación del cabello.

Algunas, como Beyoncé o Rihanna, juegan con pelucas y extensiones y, de vez en cuando, sacan sus rizos a relucir en alguna alfombra roja o en alguna fotografía de Instagram.

Un modelo con pelo afro con la colección primavera/verano 2016 de Jil Sander en la Milan Fashion Week

Un modelo con pelo afro con la colección primavera/verano 2016 de Jil Sander en la Milan Fashion Week. EFE/EPA/MATTEO BAZZI

Un afro en el trabajo

Lo cierto es que, fuera del mundo de la farándula, apostar por el estilismo afro es una preocupación para muchas mujeres negras que se enfrentan al mundo laboral.

La bloguera Caribe Breese reflexionaba el pasado mes de diciembre en el diario The Voice sobre la adopción por parte de la “alta moda” del estilo afro, a menudo considerado “inapropiado” o “no profesional” en el mundo laboral.

“Como una mujer joven acabando su Máster y preparándome para conseguir un empleo, no sólo me pregunto si conseguiré un trabajo pronto, sino también ‘¿Alguien me contratará con un afro?“, una retórica que toda mujer negra considera antes de dejar su pelo al natural”, consideraba Breese, que luce el peinado de la polémica.

Un peinado con raíces

El afro surgió con fuerza en la década de los 70 como una expresión de identidad racial.

Tras la abolición de la esclavitud, los productos alisadores y las planchas de pelo se popularizaron, como una manera más de asimilarse a una sociedad donde las cabelleras lisas eran la norma, hasta que, en los años 70, el movimiento de los Derechos Civiles supuso una exaltación de la identidad afroamericana.

Eisa Davis, sobrina de la activista política y profesora Angela Davis, ante un poster que evoca el conocido peinado afro de la activista,

Eisa Davis, sobrina de la activista política y profesora Angela Davis, ante un poster que evoca el conocido peinado afro de la activista, EFE/WARREN TODA

Entonces, el afro se convirtió en un símbolo que lucieron -y lucen- con orgullo activistas como Angela Davis, cuya melena icónica se convirtió en un símbolo de libertad en la famosa obra firmada por Shepard Fairey.

Pelo “malo”

Los prejuicios que arrastra el peinado, sin embargo, no se han diluido con el tiempo. La hija de Beyoncé, Blue Ivy, que luce sus rizos naturales, ha recibido muchas críticas por su peinado “desordenado”, e incluso existe una petición “online”, con casi 6.000 firmantes, que se “indignan” porque una madre “con tantos millones” y que “gasta miles de dólares semanalmente en su pelo” no trate el cabello de su hija y la deje “lucir como una oveja”.

Un productor de la cadena de televisión BET, enfocada a una audiencia afroamericana, fue suspendido en 2014 por hacer chistes con la cabellera de la pequeña.

Otra niña, la hija del humorista Chris Rock, desencadenó el rodaje del documental “Good Hair” (2009), cuando pregunto a su padre, con tres años, por qué ella tenía “mal pelo” y no una cabellera lisa como casi todas las mujeres negras que salían por televisión.

Una hipoteca, por un pelo liso

Ante la cámara del humorista, desfilan famosas afroamericanas que que reconocen que su cabeza está permanentemente llena de “clips” para sujetar pelucas y extensiones, y que su pelo real nunca ha visto los flashes, en parte por las exigencias de la industria y las recomendaciones de sus representantes.

Rock también visita peluquerías de barrio, donde cientos de mujeres usan hidróxido de sodio (conocido popularmente como relaxer) para deshacer sus rizos, una práctica peligrosa que se inicia a una temprana edad -mientras aplica el químico sobre la cabeza de una clienta de seis años, una peluquera reconoce ha llegado a alisar químicamente el cabello de una niña de tres-.

El director del documental también habla con mujeres trabajadoras que pagan hasta 1000 euros por pelucas de pelo venido de la India, unos postizos que las peluquerías llegan a financiar a plazos, ante la gran demanda de métodos que intentan luchar contra el “tabú” del pelo afro que, ahora, amenaza con derrumbarse, al menos sobre la alfombra roja.EFE

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