• Peluqueros que esculpieron ídolos
Peluqueros que esculpieron ídolos

Peluqueros que esculpieron ídolos

El libro “Tan famosos como sus clientas” recoge los vínculos de artistas como Elisabeth Taylor y Marilyn Monroe con sus peluqueros

Madrid,  (EFE).- Cuando comentó a su madre que quería dedicarse a la peluquería y ésta le respondió, implacable, que “los chicos normales no hacen eso”, no se imaginaba Mr.Kenneth que acabaría peinando dos de las cabezas más importantes de la historia, las de Jackie Kennedy y Marilyn Monroe.

Kennedy aún no se había convertido en primera dama cuando frecuentaba a Mr.Kennet, quien le aplicaba unos rulos de metacrilato enormes diseñados especialmente para ella, mientras quien entonó el famoso “Happy Birthay Mister President” a JFK en 1962, Marilyn Monroe, conoció al peluquero a través de su sastre y, desde entonces, se convirtió en su fiel clienta.

Famosos como sus clientas

La historia del famoso estilista es una más de las que recoge el libro “Tan famosos como sus clientas”, basado en los vínculos que guardaron grandes actrices y modelos con sus peluqueros de confianza, a cuyas tijeras se rindieron.

Desde el gran precursor de la peluquería como arte, Champagne, quien era tan bueno en su oficio que, incluso “maltratando a sus clientas”, ejercía sobre ellas una especie de atracción fatal, hasta el peinador de Naomi Campbell, Scarlett Johansson y Jennifer López, Oribe, esta obra es “un paseo por la historia”, explican desde Oenobiol, la marca de cosméticos que se ha encargado de la edición.

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Algunas de las fotografías que incluye el libro, “Tan famosos como sus clientas”. EFE/Isabel Peláez

Las ilustraciones demuestran que, detrás del glamur que destilaban famosas como Mia Farrow y Lucille Ball sobre los escenarios, se escondían profesionales que, armados de secadores, peines y tenacillas, definieron los estilos de varias épocas y se convirtieron en los padres del buen gusto.

 

Peinados que perduran

El vigente corte de pelo “a lo garçon”, asociado en el imaginario colectivo a la Belle Époque, fue ideado por otro “orfebre” de los cabellos, Antoine, por cuyas manos pasaron las cabezas más aplaudidas del mundo de la moda, el cine y el baile, como Coco Chanel, Eve Lavallière y Josephine Baker.

Antoine popularizó el estilo “a la garçons”, que llevaron las mujeres más independientes y liberales de la época

Este estilo, apodado en 1910 como “el bob”, supuso el nacimiento de una mujer nueva, independiente y reivindicativa, que se liberó del tradicional corsé para lanzarse a la moda de los pantalones, prenda que también popularizó Chanel en el vestuario femenino.

“Se trataba de convertir a las mujeres en chicos“, que no hubiese diferencia entre ambos sexos, explican desde Oenobiol.

La autora del libro, Carmen Olalla, no se ha olvidado de uno de los peluqueros más aclamados de todos los tiempos, Alexandre, quien saltaría a la fama por contar con una excelente clienta, Wallis Simpson.

El estilista de las grandes del cine

“Esculpieron ídolos, compartieron sus secretos, crearon estilo e hicieron historia”, dice la autora

La duquesa de Windsor se convirtió en su mejor madrina y el boca a boca hizo el resto, así que los cortes de pelo de Alexandre se extendieron como la pólvora entre las testas más famosas de los años cincuenta y sesenta.

Lauren Bacall y Audrey Hepburn frecuentaban a menudo sus bigudíes y el peinado que lució Elisabeth Taylor en “Cleopatra” salió directamente de su ingenio…y de su peine.

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El peluquero Alexandre peinó a Wallis Simpson. EFE/Isabel Peláez

Pero no basta con tener duende para peinar a las grandes, sino que tanto o más importante para el encumbramiento de un peluquero en el Olimpo de las divas es su propia imagen.

Esto debió de pensar Raymond, “el peluquero de la televisión”, como aparece en el libro, así que se creó un personaje que no se distinguía de la persona, hablaba con fingido acento francés, se fingía homosexual, su pose siempre era afeminada y su salón se convirtió en una extensión de ese recargado barroco que le envolvía y en toda una experiencia sensorial para sus clientas.

Esta parafernalia, y su “indudable” maestría, dice la autora, le convirtieron casi en un ídolo para artistas como Diana Doors, quien le pagó 2.500 libras (una fortuna en la época) para que volara a Estados Unidos y le peinara con motivo de una ocasión especial.

“Esculpieron ídolos, compartieron sus secretos, crearon estilo e hicieron historia”, dice la primera página de “Tan famosos como sus clientas”: más aún, fueron hombres originales y excéntricos que trajeron de cabeza a toda una generación de mujeres. EFE.

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