Mimo en la Plaza Navona/ EFEMimo en la Plaza Navona/ EFE
Nuestra bloguera Carmen Postigo, testigo directo

Piazza Navona, el circo que sobrevivió a la caída del Imperio

Que nadie intente imaginar lo que fue el Coliseo o el Circo Massimo, porque el único Circo superviviente del Imperio Romano está en Piazza Navona

Roma (EFE).- Que nadie intente imaginar lo que fue el Coliseo o el Circo Massimo, porque el único Circo superviviente del Imperio Romano está en Piazza Navona.

La bloguera de Efe Estilo en Roma, Carmen Postigo

La bloguera de Efe Estilo en Roma, Carmen Postigo

La delegación de la Agencia Efe en Roma tiene la fortuna de asomarse al que fuera el estadio de Diocleciano, recibir un fulgor de belleza excelsa y observar los cambios de luz del día que se filtran por los campanarios de la Iglesia de Santa Agnese, además de sentir el brotar del agua en la serena contemplación de las tres fuentes.

Sin embargo, y aún en verano, las ventanas de la delegación permanecen cerradas a cal y canto porque un grupo de música de rumanos se ha apropiado de un banco de piedra, desgraciadamente ubicado bajo nuestra balconada, para interpretar bellas canciones para los turistas.

Todo empezó…

Al principio…”mmmmmm…¡”My way”! ¡Oh! ¡Qué gusto, por favor!”.

Pero al mes una ya se sabe las letras, los acordes de la guitarra, cuando entran los violines, la canción que viene después, y el vuelta a empezar con la cantinela un sí y el otro también, siempre con el mismo frenesí musical y en medio de la tensión de la información.

Desde aquí confieso que estoy determinada a hacer prácticas de tiro al blanco para acabar con cada uno de los rumanos porque me lo pide el martillo, el yunque y las trompas de Eustaquio, es decir, mi oído y también mi oreja que sangra como si de un estigma se tratase.

Una de las orquestas habituales de la plaza romana/ EFE

Una de las orquestas habituales de la plaza romana/ EFE

Prefiero no desvelar el desdichado fin del trompetista al que le dio por apostarse en una esquina cercana a nuestro balcón a eso de las siete de la tarde.

La plaza es elíptica, por lo tanto, resulta ideal para los paseíllos más variopintos, lo mismo un día desfila la Banda del Quirinale uniformada interpretando himnos patrióticos, la de la policía municipal algo menos lustrosa, una procesión del Padre Pío, los cánticos en corro de los Kikos o los tambores y las oraciones nasales de los Hari Khrisna que, pienso para mis adentros, hace falta cuajo para presentarse en Roma con esa facha.

También hay tragafuegos, estatuas de la libertad impertérritas, viejos romanos que interpretan divinamente “O Sole Mio!”, hasta que una se da cuenta de que tienen escondido un destartalado tocadiscos con Pavarotti a todo trapo amplificado y ellos gesticulan las letras micrófono en mano.

Sobrevivir, que no es poco

Producen ternura, como las carreras de negros, que venden todo tipo de bolsos de firmas falsificados, y en cuanto huelen a carabinero corren y saltan como si fueran vallas olímpicas a decenas de retratistas y sus caballetes, a espantosos mimos y a turistas que se fotografían ante la imponente Fuente de los Cuatro Ríos de Bernini.

Ambiente en la Plaza Navona/ EFE

Ambiente en la Plaza Navona/ EFE

Si las fieras se comían a los cristianos, los romanos se comen a los incautos que acuden en masa a visitar la Ciudad Eterna y se sientan en terrazas para comer, en algunos casos, platos de pasta pasados por el microondas porque muchos de los restaurantes de esta piazza carecen hasta de cocina.

Todo un microcosmos que, en el período navideño, el caos convierte ya en absolutamente impracticable, con sus puestos de venta de figuritas de pesebre en manos de fieles musulmanes, que conocen las triquiñuelas del mercado desde tiempos de Mahoma.

¡Pasen y vean!

 

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