Casarse con dos mujeres

Hace unos días dos ministros marroquíes, un hombre y una mujer, dimitieron tras haber expresado su intención de practicar la poligamia

Rabat (EFE).- La poligamia no goza de buena prensa ni en los países donde es legal: se autoriza en casi todo el mundo musulmán porque el Corán así lo establece, pero los gobiernos introducen condiciones que hacen su práctica difícil, como por ejemplo una autorización expresa de la primera mujer para que el marido pueda volver a casarse.

En Marruecos el fenómeno es una rareza, hasta tal punto que en 2013 solo se celebraron en el país 787 bodas de polígamos, un 0,26 % del total de matrimonios. Podría pensarse que es un fenómeno en vías de desaparición, pero en las últimas semanas el asunto ha sido noticia y provocado la sorprendente dimisión de dos ministros, un hombre y una mujer, que habían expresado su intención de practicar la poligamia.

¿A qué viene tanto ruido?

Resulta que el ministro Lahbib Choubani, que estaba entre los “guapos” del gobierno marroquí, islamista para más señas (y no es casual), se había enamorado de una colega suya de gabinete, también islamista, y había ido a pedir su mano. Atención al detalle: para dejar las cosas claras, acudió a la pedida de mano acompañado de su primera mujer, dejando claro que así cumplía con la ley.

No era su intención que aquello se supiera, pero un periódico lo contó y comenzaron a llover todo tipo de críticas sobre el ministro. Por ejemplo, se cuestionaba que mientras que la sociedad está arrinconando la poligamia como una antigualla, vengan ahora personas con tanta relevancia pública como un ministro para “resucitarla” y normalizarla. Y se ha reprochado al ministro que, aunque cumpla la ley, haya humillado a su primera mujer poniéndola en esa situación. Se cuestiona, en suma, el machismo imperante en la ley, primero, y en los hombres que la aplican, segundo.

En busca de una mujer para mi marido

En los años noventa, hubo una película muy exitosa llamada “En busca de una mujer para mi marido” que relataba en clave de humor la poligamia y la convivencia entre dos esposas de un mismo hombre, una vieja y otra joven, como suele ser en casi todos los casos. La realidad, sin embargo, dista mucho de ser así: la poligamia es vivida como una afrenta por la primera mujer (que tiene que aceptarla por la enorme desigualdad ante su marido), y sobre todo por los hijos, cuando los hay, de la primera mujer. Por no hablar de las interminables disputas por la herencia que la poligamia suscita.

El paquistaní Azhar Haidri posa con sus dos novias, (2-izda) Humaira Qasim (izda) y Rumana Aslam (2-dcha), y junto a su padre (dcha), durante su boda en Multan (Pakistán), el miércoles 20 de octubre de 2010. Haidri ha logrado atraer la atención de sus compatriotas al casarse con dos mujeres en tan sólo unas horas: una de ellas responde a un matrimonio concertado por su familia; la otra, es la mujer de la que está enamorado. La ley paquistaní acepta la poligamia basándose en el concepto de que el Islam, la principal religión del páis, permite tener hasta cuatro esposas. EFE/MK Chaudhry

EFE/MK Chaudhry

No es de extrañar que la poligamia se practique casi en voz baja, sin alardear, como un “derecho” al que se aferran algunos hombres, pues el Corán les permite cuatro mujeres, siempre que ellas reciban el mismo trato en todos los órdenes (dinero, espacio, tiempo dedicado por el marido, etc). Pero cuando un ministro da un paso adelante y asume su bigamia, y la ministra acepta ser segunda esposa, se ha traspasado el ámbito de la discreción y se roza el del escándalo.

Recientemente un político socialista pidió prohibir en Marruecos la poligamia y un predicador fanático pidió su condena a muerte. En el caso que nos ocupa, los ministros son de un partido islamista que de ningún modo va a prohibir un derecho coránico, sino que lo va a ejercer y lo ejerce. No era casualidad que en el gobierno de Abdelilah Benkirán se sentaran ya dos ministros bígamos.

Pero el mismo Benkirán, monógamo él, no ha visto con buenos ojos toda la polémica y los líos de faldas dentro de su gobierno. Así que les ha dicho a los dos enamorados que calmen sus ardores y esperen a estar fuera del gobierno para pasar por el altar, es decir, por la mezquita.EFE

 

 

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