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Nuestra bloguera, María Zuil, lo vivió en carne propia

¿Qué había detrás de las cámaras de La Berlinale?

Detrás del glamour de cada estreno están los empujones o las prisas que te obligan a perderte el final de cada película

Berlín (EFE).- Cuando uno piensa en un festival de cine, lo primero que le viene a la cabeza es la clásica alfombra roja, el desfile de flashes en cada estreno y las ruedas de prensa con periodistas ávidos de las mejores declaraciones de actores y directores sobre las películas que marcan la pauta del mundo del celuloide.

Sin embargo, en el Festival de Cine de Berlín o Berlinale, detrás de lo que las cámaras captan hay todo un universo paralelo: una ciudad entera que se transforma durante diez días, jóvenes talentos que acuden con su primer film debajo del brazo o colas kilométricas de espectadores dispuestos a comprar cualquier entrada de cualquier pase que se exhiba en el festival.

Sin final…

En la experiencia personal de una periodista novata como la que escribe, detrás del glamour de los vestidos de cada estreno están los empujones de los cámaras por el mejor sitio, o las prisas que te obligan a perderte el final de cada película para conseguir un sitio en la rueda de prensa del Hotel Hyatt, adyacente al Berlinale Palast, el backstage oficial del festival.

Ruedas de prensa en ocasiones surrealistas, con periodistas que se transforman en auténticos fans cuando George Clooney les dirige la palabra: “¿Qué se siente al ser un icono sexual de las mujeres de todo el mundo?”, le preguntó una periodista mexicana en el estreno de “Monuments Men”, a lo que un raudo y siempre ocurrente Bill Murray interrumpió con un: “Un momento, ¿pero para quién es la pregunta?”.

EPA EFE JENS KALAENE

EPA EFE JENS KALAENE

O la cara de póquer que se te queda cuando un actor abandona la sala en la primera pregunta, como Shia LaBeouf en la presentación de “Nymphomaniac” de Lars Von Trier, y comprueba después cómo, no contento con ello, a las horas aparece en la alfombra roja con una bolsa de papel en la cabeza y el lema “I am not famous anymore” (Ya no soy famoso).

Están también los horas enteras de trabajo e insomnio a cambio de cinco minutos de reloj en un plato de televisión instalado en una suite del Hotel Adlon para entrevistar a actores de la talla de Ralph Fiennes o Willem Dafoe, que presentaban la última película de Wes Anderson, “The Grand Budapest Hotel”, que se llevó un Oso de Plata y el Premio Especial del Jurado.

Experiencia insuperable

Pero lejos del lujo de una habitación cinco estrellas, también están las entrevistas en la puerta del cine a directores noveles que vienen de todo el mundo, solos o con sus representantes -a veces sus propios familiares-, y que aprovechan el viaje para conocer la capital alemana, alquilando un piso entre todo el equipo para economizar gastos.

Cortos, óperas primas, cintas experimentales, intimistas, de bajo presupuesto o documentales… todo cabe en las diez secciones que tiene el festival distribuidas en cerca de treinta salas alrededor de la Potsdamer Platz y el resto de la capital, y que hacen que ir a todo lo que tienes/quieres ver requiera una tarea de organización titánica, a menudo imposible, pero cuya experiencia es del todo insuperable. EFE

 

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