Fachada principal del Hotel Ritz. EFEFachada principal del Hotel Ritz. EFE

El Ritz, ¿mantendrá su etiqueta hotelera?

La etiqueta del Ritz forma parte de sus curiosidades más comentadas, un hotel de lujo que se forjó en el siglo pasado, vinculado a la realeza, al que no se podía acceder de cualquier manera por más famoso que se fuera

Madrid, mar (EFE).- El hotel Ritz de Madrid es uno de los espacios emblemáticos asociados al lujo, al más puro glamur, desde que abriera sus puertas, hace más de cien años, con el impulso del Rey Alfonso XIII, con una etiqueta hotelera que ha llevado a gala hasta sus últimos días y que volverá renovada, como el propio edificio.

Desde 1910, el Ritz ha acogido a personajes ilustres del mundo de la política y de la alta sociedad, un lugar donde no siempre actores y músicos fueron bienvenidos.

Ritz etiqueta hotelera

CréditoMG/EFE/lafototeca.com Madrid.- Imagen cedida por el Hotel Ritz de uno de sus salones, EFE/MG/nr SeleccionarNombre del fichero

¿Mantendrá el Ritz su etiqueta?

Su marcada etiqueta hizo que más de uno tuviera que elegir otro hotel para alojarse, en muchos casos, con tan solo cruzar la vía, camino al Hotel Palace, curiosamente, en sus inicios, de los mismos propietarios, eso sí, con criterios de protocolo diferentes, más laxos para el Palace.

Sus salones, sus lámparas de cristal, sus mullidas alfombras esconden secretos dignos de formar parte de WikiLeaks. Diseñado por el arquitecto francés Charles Mewes, el hotel es ahora propiedad a partes iguales de Mandarín Oriental y del Grupo Olayan, que durante dos años han decidido cerrarlo para acondicionar sus instalaciones: 162 habitaciones, de las que 42 son suites, su elegante terraza y sus magníficos salones.

Entre el eco metálico de andamios, aún resuenan las risas de la fiesta del pasado Fin de Año, la sonrisa y el aspecto algo destartalado de Brad Pitt durante su primera visita a España en 1997, la informalidad en el vestuario de Jennifer López al bajar a desayunar por aquel 2003 o la cortesía y la puntualidad de Tom Cruise, uno de sus habituales clientes cada vez que visita Madrid.

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Hotel Ritz inaugurado en 1910. Instalaciones, decoración. En la foto, una de las suites de lujo. EFE/MG/nr SeleccionarNombre del fichero

Lujo en maderas nobles, que conserva el ambiente elegante de sus orígenes en su fachada principal, realizada por César Ritz, que daba acceso a una magnífica recepción con ocho columnas dóricas con capiteles ornamentados en pan de oro, y en un lado una pintura de Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia, firmando en el libro de oro el día de la inauguración, el 2 de octubre de 1910.

El lujo hecho hotel

El director de RedScreen y experto en Protocolo, Miguel del Amo, recuerda que las alfombras del hotel llegaron directamente de la Real Fábrica de Tapices de España, aunque las más recientes pertenecen a la fábrica La Alpujarreña. Fantástica la porcelana era de Limoges (Francia), mientras la cubertería inglesa, compuesta por piezas de plata y oro, pertenecía a la firma The Goldmiths.

“Detalles que hacían de la mesas unas de las más elegantes y protocolarias en sus primeros años”, apunta. Las mantelerías, confeccionadas en Irlanda, las lámparas de araña y los elegantes salones de té eran “imagen de una gloriosa época que ha perdurado en el tiempo”.

Ritz etiqueta hotelera

Hotel Ritz inaugurado en 1910. Instalaciones, decoración. En la foto, una de las suites de lujo. EFE/MG/nr SeleccionarNombre del fichero

Señales que advertían de que no bastaba tener dinero para poder alojarse, había que aceptar las reglas de etiqueta para poder acceder más allá de la recepción.

El director de orquesta Herbert von Karajan “no las admitió, se negó a lucir corbata y no fue aceptado”, recuerda Del Amo, una obligación que tenían que respetar los caballeros, de la misma manera que las damas no pudieron vestir pantalones por sus estancias hasta 1975.

No era fácil alojarse siendo actor o músico

El productor, representante y periodista, Enrique Herreros, cuenta en su libro “Hay bombones y caramelos”, que en los años 60, estaba implantada lo que él califica como “una ley seca contra los del cine”, que el director Otto Preminger logró saltarse, “no sé cómo”, en un hotel que hasta entonces solo había permitido alojarse a dos mujeres, que si bien “actrices, también eran princesas”, Rita Hayworth y Grace Kelly.

Una época en la que Madrid se convirtióo en una sucursal de Hollywood, donde estudios como la Metro Goldwyn Mayer o la Paramount trasladaban a estrellas como Ava Gardner, Sofía Loren, o Chalton Heston para protagonizar grandes superproducciones.

El protagonista de “La ventana indiscreta” y “¡Qué bello es vivir!”, James Stewart, fue uno de los componentes de esa lista de estrellas, y uno a los que el recepcionista del hotel negó su entrada, argumentando que no tenía ninguna reserva a su nombre.

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Entrada al Jardin del Ritz. EFE

Sin embargo, el actor norteamericano hizo gala de la picardía y aduciendo urgencias gastrointestinales, accedió al lavabo de caballeros, donde se vistió con uniforme militar, el lo era al haber participado en la Segunda Guerra Mundial, y se personó de nuevo en la recepción: “Soy el general James Maitlend Stewart, del Ejército del Aire de los Estados Unidos.

El protagonista de “La ventana indiscreta”, James Stewart, fue uno de los componentes de esa lista de estrellas que consiguió habitación

Espero que me hayan reservado una buena habitación, ¿verdad?”. Nada hubo que objetar ante el sorprendente cambio de registro y ya siempre que estuvo en Madrid se alojó en el hotel, eso sí, bajo la presión de sus condecoraciones militares.

Pero las normas de protocolo, educación social y etiqueta de un hotel de estas características son muy importantes, señala Miguel del Amo.

Los maleteros y los botones deben de estar perfectamente uniformados”, apunta, así como la persona perfectamente uniformada con sombrero y levita que abre la puerta de acceso a la recepción.

Tratamiento

“El tratamiento, está muy claro, siempre utilizaremos el de usted para dirigirnos a los empleados. El mayordomo del hotel nos indicará en todo momento nuestro camino a la habitación y nunca permitirá que le cedamos el paso”, explica Del Amo, quien advierte de que la propina “será la cantidad justa, nunca una cantidad poco apropiada”.

El experto RedScreen señala que es “inadecuado llevar solo la chaqueta sin corbata. Jamás “pantalones cortos, tejanos o deportivas” y añade que las señoras “cuidarán el largo de los vestidos dependiendo de la hora y evitarán los excesos de lentejuelas y plumas, más propios de vestidos de noche y de fiesta”.

Lo que parece evidente a veces no lo es por eso nunca está demás recordar que “no se debe levantar la voz en pasillos ni habitaciones; la televisión la mantendremos con un volumen apropiado, sin excesos, “aunque sea de día”.

“Los portazos, el ruido de maletas y pisadas fuertes no son nada recomendables”, comenta Del Amo, que recomienda mantener la habitación colocada “el servicio de habitaciones es para limpiar, nunca nos van a ordenar nuestros enseres”.

Los pasillos por los que han caminado Carolina de Mónaco, Diana de Gales y el príncipe Carlos o Fidel Castro llevan a salones magníficamente decorados que ayudaron a introducir el té de las cinco de la tarde en la sociedad madrileña, algo que hasta entonces se consideraba propio de “snobs”.

Relación con la corona hasta hoy

El hotel, catalogado como uno de los mejores de Europa, incorpora la Corona Real en sus colchas, bajo las que se esconden sábanas del mejor lino irlandés con el anagrama bordado en seda.

La Suite Real es más grandes que algunas viviendas habituales. Cuenta con un recibidor, dos majestuosos salones, dos dormitorios espaciosos – uno de ellos con una cama ‘king size’ y el otro con “twin-bed”- y tres cuartos de baño. Su suelo lo adornaba una de las más grandes y bellas alfombras confeccionadas a mano.  Y sus paredes están cubiertas con telas de seda de damasco y sus techos tienen las cornisas decoradas con pan de oro.

El Rey Juan Carlos ha sido uno de sus asiduos no solo para acudir a banquetes y encuentros oficiales, sino para “cortarse el pelo”

Un hotel ligado a la realeza, en sus comienzos y durante toda su actividad, pues el Rey Juan Carlos ha sido uno de sus asiduos no solo para acudir a banquetes y encuentros oficiales, sino para “cortarse el pelo”, con uno de sus barberos de sus discretos barberos de confianza, según cuenta la biografía escrita del edificio.

En la actualidad, durante las fiestas del Día de la Hispanidad, celebradas en el próximo Paseo del Prado, el Ritz continúa preparando un pequeño salón para el Rey en caso de que desee disponer de él, desvelan desde el hotel.

Todo parece indicar que dentro de dos años, cuando el Hotel Ritz, seguramente rebautizado con el apellido de sus nuevos dueños, abrirá sus puertas bajo una exquisita etiqueta porque es así como se marca la diferencia.EFE

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