Sangre joven para refrescar la pasarela

Sangre joven para refrescar la pasarela

Diseñadores jóvenes y campañas acordes con los tiempos son la fórmula para resucitar firmas de toda la vida como YSL y Valentino

Si Yves Saint Laurent confía su diseño al inclasificable Hedi Slimane y su imagen al músico indie Beck, es que algo ha cambiado en el mundo de la moda: diseñadores jóvenes y campañas acordes con los tiempos son la fórmula perfecta para insuflar aire fresco y resucitar a firmas de toda la vida.

Estos aires renovadores comenzaron a gestarse hace una década, cuando grandes maestros como Yves Saint LaurentEmanuel Ungaro o Valentino se marcharon de sus respectivas firmas (2002, 2004 y 2008) por motivos de índole económica, dejando a la deriva y sin patrón a buques insignia del mundo de la moda del siglo XX.

Los jóvenes toman la pasarela

La fórmula del éxito y el ejemplo a seguir no estaba tan lejos. A finales de los noventa Nicolás Guesquère se hacía cargo con éxito de una adormecida Balenciaga con tan solo 27 años, y el excéntrico Marc Jacobs era capaz de renovar la burguesa Louis Vuitton sin arrasar con sus señas de identidad. Una bocanada de aire fresco no viene mal a nadie.

Habitualmente estas jóvenes y mediáticas incorporaciones no son tan rupturistas como podrían parecer a primera vista, los nuevos y jóvenes diseñadores suelen mantener un velado tira y afloja por combinar el lenguaje de sus sucesores con el suyo propio.

Así fue en el caso del tándem Maria Grazia Chiuri y Pierpaolo Piccioli, al frente de Valentino desde 2008. Se negaron a utilizar el rojo -el insigne de la firma- en su primera colección, pero poco a poco han fusionado su lenguaje de tinte oscuro con el clasicismo de “Il maestro”, consiguiendo una versión más actual (y comercial) de la firma.

Otro caso español -aunque por circunstancia sobrevenida-, fue el fichaje de Josep Font para suceder a Jesús Del Pozo tras su muerte. El “enfant terrible” de la moda española, alejado del mundillo por cuestiones judiciales, era una gran baza para DelPozo, que se encontró de la noche a la mañana sin diseñador.

El caso YSL

La llegada de Hedi Slimane al frente de YSL hace tan solo diez meses es un caso más: el diseñador francés, con varias y destacadas incursiones en el mundo de la fotografía, concilió en su primer colección de mujer su particular visión de la moda con el sello del maestro francés.

Los cambios tampoco se han hecho esperar: trasladó el taller a Los Ángeles (EEUU) y rebautizó las colecciones de “prêt-à-porter” por el de “Saint-Laurent Paris”, toda una ofensa en un ecosistema -el de la moda-, donde el nombre lo es todo.

La última novedad ha sido la elección del cantante indie Beck como la imagen de esta temporada, una decisión fuera de lo común para la tradicional firma francesa, que afronta esta temporada con con unas fotografías en blanco y negro de corte austero, con sello Slimane.

Pero no todos los cambios han llegado a buen puerto en un mundo acostumbrado a encumbrar y devorar nombres con suma facilidad: crítica y adictos a la moda se sorprendieron y espantaron a partes iguales con el fichaje de la actriz Lindsay Lohan en 2009 como consejera artística de Ungaro.

Un sonado traspiés que duró pocos meses, y que ha pasado a los anales de la historia como una excentricidad más, en la larga lista de diseñadores -casi una decena- contratados para insuflar aire nuevo a la firma, que no termina de levantar cabeza. Y es que en moda, no todo vale.

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