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Ambiente en las afueras del Lincoln Center.EFE/Mateo SanchoImagen de archivo de la modelo somalí, Waris Dirie.EFE/Kiko Huesca.
El cronista de EFE Estilo, Mateo Sancho, nos acerca a una realidad de cuento

Cuentos de hadas “a la moda”

Hay modelos a menudo más llamativos de los que se ven en las pasarelas. Son bellos y profesionales, pero no tienen trabajo y lo buscan desesperadamente

Nueva York (EFE). En las afueras del Lincoln Center, sede desde hace dos años de la Semana de la Moda de Nueva York, algo se mueve. Hay corrillos de fotógrafos, hay modelos a menudo más llamativos de los que se ven en las pasarelas. Son modelos, pero no tienen trabajo y lo buscan desesperadamente.

Toman la misma plaza que servía de escenario para una de las escenas más legendarias de “Hechizo de Luna” como pasarela. Ellas hacen las veces de estilistas y peluqueras, aunque llevan a su agente que, si un fotógrafo se acerca a tomarles una instantánea, les dan su tarjeta para que sepan a quién han fotografiado.

El cuento más sonado

A veces sucede el cuento de hadas de la moda, aunque no suele producirse en Nueva York. El más sonado fue el de Natalia Vodianova. Ayudaba a su madre en un mercado de fruta de Gorki, en Rusia. Años más tarde, con 17, se convertía en una de las modelos más cotizadas del mundo, imagen de marcas como Calvin Klein, Givenchy o Yves Saint Laurent.

También conmocionó al mundo de la moda el caso de la somalí Waris Dirie, que alcanzó las pasarelas como culinación a una vida llena de desgracias. Nacia en una familia nómada musulmana, fue mutilada genitalmente con tres años y luego fue casada por conveniencia con tan solo trece.

Cuando escapó y se trasladó a Londres fue descubierta por una agenda de modelos y se acabó convirtiendo en una de las tops de los años ochenta y noventa. Entre 1997 y 2003 fue embajadora especial de la ONU contra la ablación y hasta se realizó una película sobre su vida, “Desert Flower”.

Los cuerpos, perfectos. Las caras, sorpresivas

Obviamente, ninguna de las modelos que merodean estos días las pasarelas de la Fashion Week acarrean historias de superación tan impresionantes. Pero aunque sea quieren ser captadas por el famoso fotógrafo de moda del New York Times Bill Cunningham, que pulula por las calles de Nueva York para inmortalizar la moda “amateur”.

Lo cierto es que el triunfo como modelo cada vez es más inasible. El mismo New York Times apuntaba poco antes de empezar la Semana de la Moda cómo lo que buscan los diseñadores es cada vez más imprevisible. Los cuerpos han de ser perfectos… pero las caras buscan la sorpresa.

Rossy de Palma durante un desfile en Madrid.EFE/Javier Lizón

Rossy de Palma durante un desfile en Madrid.EFE/Javier Lizón

Desde que se inventó aquello de la “belleza picassiana” para Rossy De Palma o Barbra Streisand redefinió las dimensiones de una nariz, la belleza impactante se sabe igual de efectiva que la canónica. Y cada vez cualidades como la androginia, la desproporción de rasgos o el exotismo que va mucho más allá del color de la piel acaban siendo los factores determinantes para recibir el beneplácito de las directoras de casting de estos eventos.

Mientras los hombres sí que se mantienen en un perfil más atribuible al “macizo” de toda la vida, lo heterodoxo domina la categoría de las féminas. Solo Lacoste ha tirado de lo que siempre se entendió por “chicas monas” para su desfile. Los diseñadores más punteros, como Jason Wu, Marc Jacobs o el dúo de Proenza Schouler, han dejado claro que la modelo no tiene por qué ser guapa, sino que tiene que expresar, que despertar a la audiencia de su abulia y potenciar las cualidades de la colección.

Para las que vean el vaso mediovacío, en un capricho del destino todos pueden ser modelo y vivir un cuento de hadas coronado en las pasarelas. En el de los que vean medio vacío, como en tantos otros campos, todo dependerá de que llegue alguien y te señale con el dedo. Y colorín colorado, la Semana de la Moda ya casi se ha acabado.EFE

 

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