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La emigración, en fotos

Superhéroes anónimos

Con emigrantes enfundados en ceñidos trajes de superhéroes, o con grandes casas vacías que se construyen para la vuelta del expatriado, que no regresa, las fotógrafas Andrea Aragón y Dulce Pinzón representan la diáspora hacia Estados Unidos en la exposición colectiva “Trama centroamericana”, en PhotoEspaña

Madrid, jun (EFE).- La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, acoge hasta el 22 de julio la exposición “Trama centroamericana, una mirada colectiva a la migración”, donde varios fotógrafos latinoamericanos interconectan sus historias para trazar con estéticas fotografías un panorama completo de la emigración en el nuevo continente y de los -a veces, invisibles- emigrados.

Supermán, en bicicleta

La fotógrafa mexicana Dulce Pinzón los expone, literalmente, como superhéroes: Hulk acarrea bolsas, Spiderman limpia ventanas y Superman se desplaza en bicicleta en una serie de fotografías que reconoce la labor de unos indocumentados anónimos, que trabajan, día a día, para mandar remesas de dinero a su familia.

Un superhéroe anónimo. Cedida por Dulce Pinzón

Un superhéroe anónimo. Cedida por Dulce Pinzón

Pinzón vivía en Nueva York cuando empezó el proyecto: “trabajaba directamente con la comunidad latinoamericana y estaba implicada políticamente en el tema”, cuando se dio “cuenta del valor del valor de las remesas” y empezó a “querer formar un proyecto fotográfico específico sobre eso”, explica a Efe Estilo.

“El atentado de las Torres Gemelas fue la excusa perfecta para crear un proyecto que englobase estas ideas y poder crear una estética específica, el ver el resurgimiento la temática de los superhéroes en la sociedad y en los medios de comunicación”, cuenta Pinzón.

Entonces, comenzó su búsqueda de aliados dentro de la comunidad para que los emigrantes colaborasen con un proyecto fotográfico que, debido a escasos los recursos económicos con los que contaba, se extendió durante varios años.

Catwoman es niñera

“Algunos trajes los compraba, otros los mandaba hacer a una señora de México, que me los enviaba por correo, porque las características físicas de algunos de los fotografiados no encajaban con los trajes que se compran, por ejemplo, en Amazon”, cuenta la autora de la serie, que también explica que lo más difícil era sacar las fotos en el contexto real de trabajo de los emigrados, “sin que el jefe se enojase”.

Con los trajes de látex, las capas y las alas, Pinzón quiso aportar valor a unos “superhéroes transparentes para la administración y que viven en el anonimato”, pero que “tienen una gran repercusión, con envíos de dinero, en sus comunidades de origen”.

El "Chapulín Colorado", en la obra. Cedida por Dulce Pinzón

El “Chapulín Colorado”, en la obra. Cedida por Dulce Pinzón

Para Pinzón no existe un eje común que vertebre la fotografía americana, pero “aunque hay tantas visiones como ojos de fotógrafos, hay temáticas recurrentes, por los problemas contemporáneos comunes que vive el continente”.

Casas “yankis”

La misma opinión comparte la fotógrafa de guatemalteca Andrea Aragón que, con su serie de fotografías “Home”, es la encargada de mostrar en la exposición los cambios sociales de la emigración, que afectan también a los que se quedan.

“Mis fotografías provienen de un trabajo de documentación que se hizo en el año 2010 en San Mateo Ixtatán, un ‘pueblito’ a 14 horas por tierra de la ciudad de Guatemala, cerca de la frontera con México”, explica Aragón.

San Mateo Ixtatán es una localidad, como otros muchas, que ha quedado semivacía por la emigración a Estados Unidos, aunque un fenómeno lo diferencia: mientras el pueblo se va quedando vacío, grandes construcciones surgen en el horizonte, modificando la arquitectura tradicional de pequeñas casas de adobe con tejados de paja.

Ladrillo a ladrillo

“La emigración en otros países se manifiesta de otra forma, pero en Guatemala se nota visualmente con la construcción de enormes casas con el dinero de las remesas”, explica Aragón.

“Viviendas de cuatro o cinco pisos” se alzan en un pueblo, cada vez más vacío, cuenta la fotógrafa, señalando que están “repletas con un montón de símbolos ajenos a la cultura tradicional de Guatemala, como la figura de la bandera americana”, omnipresente en el pueblo, plasmada o colgada en los muros de las nuevas construcciones.

El interior de una de las casas. Cedida por Andrea Aragón

El interior de una de las casas. Cedida por Andrea Aragón

“También hay gente que pinta otros símbolos, como el de Nike”, ejemplifica la fotógrafa, que se encargó de documentar los interiores de las viviendas mientras que Andrés Asturias, también presente en la exposición de PhotoEspaña, “estuvo fotografiando los exteriores y la arquitectura”

Para nadie

En sus fotos, los símbolos americanos comparten protagonismo con la gente que se queda: los hijos, los padres, los hermanos o las mujeres: “La mayoría de las personas que se van a Estados Unidos son hombres, que trabajan en la agricultura o albañilería”, explica Aragón.

Cuando el hombre está establecido, sus familiares construyen las casas con el dinero que envían, porque los emigrados no pueden, “ya que tendrían que pasar todo de nuevo todo el tormento para lograr entrar en Estados Unidos”, cuenta la fotógrafa, que añade que “es una casa que nunca han visto, aunque les mandan fotos, o vídeos”.

La bandera americana está presente en todo el pueblo. Cedida por Andrea Aragón

La bandera americana está presente en todo el pueblo. Cedida por Andrea Aragón

Aragón explica que, probablemente, los emigrados nunca verán su gran construcción, que se “queda muy vacía por dentro, porque la familia sigue viviendo en una casa chiquita o en la planta baja” a la espera de que el emigrado vuelva y ocupe su nueva vivienda, “aunque la mayoría de los casos nunca la hace”.

El encanto de lo feo

Para la fotógrafa, el paisaje que plasma en sus imágenes plantea una dicotomía: Por un lado, las construcciones destrozan la arquitectura de los pueblos tradicionales “de un modo que no se permitiría en otros países”, pero por otro, los grandes bloques de ladrillo y hormigón también guardan belleza.

“Hay encanto hasta en el lado más feo del país porque hay un heroísmo y un agradecimiento a la gente que envía dinero”, opina Aragón. Las monumentales viviendas, casi vacías, no son más que un gran tributo y un recordatorio de la gente que se fue.EFE

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