• El verdejo tiene un aroma más frutal, mientras que el tinto huele El verdejo tiene un aroma más frutal, mientras que el tinto huele "a frutas rojas". EFE/ Matarromera
  • La experta recomienda mirar el vino, olerlo y degustarlo. EFE/ Matarromera
  • El precio depende del tipo de barrica, de la etiqueta y hasta del corcho con el que se tape la botella. EFE/ Matarromera
El verdejo tiene un aroma más frutal, mientras que el tinto huele La experta recomienda mirar el vino, olerlo y degustarlo. EFE/ MatarromeraEl precio depende del tipo de barrica, de la etiqueta y hasta del corcho con el que se tape la botella. EFE/ Matarromera
Beber bien

Un brindis por el buen vino

El grupo Matarromera produce, desde 1988, cuarenta variedades de vino como el verdejo, el tempranillo, el viura, el “chardonnay” o el “gewürztraminer”

Madrid, (EFE).- Una copa se agarra por el talle “como a una mujer”, para que el vino no se caliente, y se pone a contraluz para apreciar posibles impurezas y determinar si se trata de un vino joven (color violeta) o de un vino añejo (teja). Después, se huele, se aprecia y, por fin, se brinda en buena compañía.

Son consejos de María Argüelles, responsable de comunicación del veterano grupo Matarromera, que cultiva, desde 1988, 500 hectáreas propias de vid repartidas por varias regiones de la rica Ribera del Duero, como Cigales y Rueda, en Valladolid, o Toro, en Zamora.

Una de las bodegas de Matarromera. EFE/ Grupo Matarromera

Una de las bodegas de Matarromera. EFE/ Grupo Matarromera

Los aromas del vino recrean en la boca momentos pasados que nos permiten apreciar el presente y descubren olores de otras tierras y culturas sin salir de la mesa.

Los vinos blancos refrescan el paladar con sus puntos frutales a piña o plátano y son los mejores acompañantes de pescados, arroces, quesos o carnes blancas, mientras que los tintos, con su gusto a fruta roja y el aroma a cuero, café, canela o pimienta que les da la crianza en madera, son ideales “para platos fuertes”, como guisos, carnes rojas o embutidos, explica María Argüelles a Efe Estilo.

En la variedad está el gusto

“Poner música a las viñas” forma parte del cuidado y del mimo que han convertido al grupo en un exportador de fama internacional

Hay un vino para cada ocasión, y Matarromera contempla todas ellas con 40 referencias de vino verdejo, tempranillo, viura, “chardonnay” o “gewürztraminer” y una oferta enoturística que va desde viajes en globo hasta catas a ciegas en las que “el aroma” es el único guía para distinguir un blanco de un rosado o de un tinto.

“Los blancos son más florales, y los tintos huelen a frutos rojos”, explica Argüelles, quien confiesa “poner música” a las viñas como parte de ese cuidado y de ese mimo que han convertido al grupo en uno de los principales exportadores españoles, con presencia en países como México, Australia, Rusia, Ucrania, Japón o Reino Unido, entre otros, y con dos sedes propias en Nueva York y Shangai.

Los buenos vinos no son siempre los más caros, aunque hay factores que encarecen “bastante” el precio final, como la crianza en una barrica de roble francés (ronda los 700 euros), más cara que la barrica de roble americano (400 euros), el tipo de vidrio, el papel de la etiqueta o “el corcho utilizado”, remarca Argüelles.

El niño mimado de la casa, el Matarromera crianza, es el tipo de vino “con el que nunca fallas si tienes un compromiso” y también el más premiado a nivel internacional, aunque a un padre le duela que le pregunten “a qué hijo quiere más”, bromea María Argüelles.

Un trabajo que da sus frutos

La vendimia del campo, en septiembre, da paso a la selección de las uvas: solo las mejores llegan al depósito, donde la uva termina de soltar el mosto y se fermenta hasta convertirse en vino.

Hay un vino para cada ocasión . Cada región da su propia variedad de vino. EFE/ Matarromera

Hay un vino para cada ocasión . Cada región da su propia variedad de vino. EFE/ Matarromera

Si el vino es de crianza, pasa varios meses en barrica y el mismo periodo en botella, para recuperar sus aromas y sus sabores y que no sepa tanto a madera. Luego, se convierte en el rey de la mesa, a no ser que se trate de la del monarca don Juan Carlos, cliente habitual de Matarromera que dejó su firma en una de las barricas de la bodega.

Ainhoa Arteta, Francis Montesinos, Miguel Indurain, Pedro Delgado, Carmen Posadas, Juan Manuel de Prada y embajadores y cónsules de todo el mundo completan la clientela más conocida de la empresa vallisoletana, ahora en plena expansión por Asia.

El vino es el néctar de los dioses que puede disfrutarse en el paraíso terrenal, el refugio del desdichado y el elixir con el que brinda el bien avenido. Tan filantrópico es su carácter que motivó frases entre los grandes filósofos y también entre hombres más mundanos, como Pío Baroja, que dejó aquella frase célebre de “¡Viva el buen vino, que es el gran camarada para el camino!”. EFE

ip/ram

 

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